Por Pablo Stasiuk—-

Lima Quintana supo estar a la altura del condicionamiento de su nombre. Fue poeta, fue bohemio, fue soñador, fue duende, fue noctámbulo, comunista, mago, seductor, amigo, quijote. Fue un Hamlet hecho y derecho. O izquierdo, para ser justos”.

Así lo describe Juan Carlos Muñiz en la presentación del libro Crónica de un Semejante, de Enrique Llopis, sobre la vida del poeta.

Hamlet Lima Quintana fue, y es, a mi entender (junto al Barba Castilla) uno de los poetas más musicales de nuestra cultura popular. No solo por la cantidad de poemas que fueron convertidos en canciones, sino por la musicalidad de su texto. Cuando uno lee a Hamlet hay una música rondando en el aire, una música que genera su poesía. En cada uno generará distintas melodías, pero es indiscutible que Hamlet la Poesía y la Música van atados por un hilo invisible, ese hilo que genera el poeta verso a verso y que lo ha convertido en uno de los referentes cuando uno busca y escarba en los cimientos de nuestra cultura popular.

Éste hombre-poeta fue a nacer en Morón, allá por septiembre de 1923, pero siempre que pudo dijo que a pesar de haber nacido allì, él se consideraba oriundo de Saladillo, Provincia de Buenos Aires, ya que gran parte de su infancia y adolescencia habían pasado en esa ciudad bonaerense.

Hay gente que con solo decir una palabra
Enciende la ilusión  y los rosales;
Que con solo sonreír entre  los ojos
Nos  invita a viajar por otras zonas,
Nos hace recorrer toda la magia.

Hay gente que con solo dar la mano
Rompe la soledad, pone la mesa,
Sirve el puchero, coloca las guirnaldas,
Que con solo empuñar una guitarra
Hace una sinfonía de entrecasa.

Hay gente que con solo abrir la boca
Llega a todos los límites del alma,
Alimenta una flor, inventa sueños,
Hace cantar el vino en las tinajas
Y se queda después,  como si nada.

Y uno se va de novio con la vida
Desterrando una muerte solitaria
Pues sabe que a la vuelta de la esquina
Hay gente que es así, tan necesaria.

Así como Tejada Gómez era descendiente de Huarpes, Hamlet era descendencia de la Tribu de Coliqueo por parte de madre. Viéndolo a la distancia, quizá fue esa ascendencia india la que les transmitió a éstos poetas su original mirada sobre las cosas simples, la tierra, la gente de trabajo, la música, el interés de apegarse a los más pobres y desprotegidos.

Los movimientos culturales responden siempre a los ciclos sociales de una sociedad, no crecen porque sí como una flor en el desierto. Estos movimientos de creación son siempre producto de lo que una sociedad está determinando y ordenando, lo que pasa es que a veces el creador se hace el distraído y mira para otro lado. Nosotros, en cambio, fuimos una generación que hizo de la canción social un objeto hasta de ternura dentro del combate” sentenciaba el poeta.

Y no le erraba Hamlet en su sentencia. Esa generación de poetas y músicos que se iniciaron allá por la década del ’60, representaron un movimiento que llenó de contenido la poesía y la música…en tal magnitud, que aún hoy son referente firme para las nuevas generaciones de cantautores interesados en transmitir, a través de su obra, el sentimiento de su pueblo. No necesariamente con poesía panfletaria. La poesía puede ser revolucionaria desde su sencillez, y éstos monstruos sagrados lo demostraron literalmente con su obra. En una de sus más hermosas poesías cuenta, con la sencillez y la maestría de su alma en la palabra, sobre su padre y la melancolía:

A veces me gustaba sentarme con mi padre
ante una breve mesa dispuesta entre las plantas.
Con toda lentitud, mientras hablaba,
él cortaba el pan en pequeñas porciones
con sus manos acostumbradas a acariciar la vida,
después vertía el vino blanco en vasos verdes
y entre tranquilos sorbos
decía que hermoso el mediodía.
No sé por qué en una mañana de esas
se fue a cortar el pan a la melancolía
y a beberse el vino entre el rocío.
A veces, todavía, me gusta sentarme con mi padre
para contarle como va la vida.

Hamlet se integró al Movimiento del Nuevo Cancionero junto a Armando Tejada Gómez, Oscar Matus, Tito Francia y Mercedes Sosa. Hay casi 400 canciones compuestas en base a sus poesías y es uno de los autores más prolíficos de nuestro cancionero, sobre todo, teniendo en cuenta la calidad de toda su obra. No concebía a la poesía separada de la música. Siempre decía que hasta que lo impreso pudo estar al alcance del pueblo, eran los antiguos juglares los encargados de transmitir la obra de los poetas a la gente común, al pueblo, y que esa relación música/poesía se había hecho demasiado fuerte como para separarlas por gusto.

El poeta también consideró que la poesía y la música iban de la mano con la militancia, y allí se destacó como artista militante. Fue integrante del Comité Central del Partido Comunista y militante hasta el día de su muerte. Fue así que su última aparición pública fue en el Luna Park en un acto de cierre de una campaña para una consulta popular organizada por el FRENAPO (Frente Nacional contra la Pobreza).

En una carta de despedida después de su muerte, el poeta y cuentista catamarqueño Carlos “tata” Herrera, cuenta que buscando entre sus libros encontró una dedicatoria de Hamlet que decía:  “Tata: Me dicen que ya no estás en la ginebra. La ginebra no sabe lo que se pierde: Una ternura irrepetible. Un abrazo, Hamlet. Agosto/95”. La poesía al servicio de lo más simple, de lo elemental…la amistad, el amor, el trabajo, la gente.

Desde Centenario creemos fundamental la tarea de rescatar a nuestros artistas militantes, comunistas…no para ponerlos en un grupo selecto, todo lo contrario…para demostrar que la política se construye desde lo simple, como un poema o una canción. Hombres como Armando, Hamet o Tuñon tiran abajo esas teorías ridículas sobre la politización del arte. Somos sujetos políticos, nuestra vida está construída por hechos políticos y los artistas no pueden permanecer ajenos a esos hechos y tampoco pueden prescindir de intentar cambiar la realidad a través de su obra. Ese es su trabajo militante, y en ese sentido, Hamlet, fue uno de los más destacados.

 “Alguna vez tuvimos un país./ Cuando recuerdo, entre brumas,/ me parece mentira./ Pero tuvimos un país, /una limpia manera de respirar el aire,/ el viento solidario y las mañanas/ con luminosas ganas de vivirlas./ Cuando recuerdo, entre la noche, / me parece mentira,/ tal vez un cuento que me contó mi padre/ o el País de Alicia entre las Maravillas. / Un país que se parecía mucho a la alegría, / como un viejo contento./ Pero, para qué recordarlo/ si con lo que tenemos/ ya es suficiente para el sufrimiento.”

Hamlet nos dejó (en cuerpo) el 21 de febrero de 2002. En sus últimos años, ya padeciendo un largo derrotero con su enfermedad, escribía sobre la muerte:

“Hay una gran luminosidad

en el fondo del horizonte

y con todo el miedo ancestral

por lo desconocido

pero con toda parsimonia,

mientras viajo por las rutas,

he tomado conciencia

que hacia ella me encamino.”

Cuando alguien, como yo en éste caso, intenta buscar información sobre éstos artistas, se da cuenta del ninguneo al que han sido sometidos por el aparato comunicacional del sistema. Si uno busca en las redes diez sitios distintos, todos dicen las mismas 5 frases sacadas de una nota de Telam sobre su muerte. No hay historias, no hay anécdotas, no hay lugares donde éstos artistas hayan expresado sus vivencias más allá de lo que escribieron, y no porque ellos no hayan querido hacerlo, sino porque lo que decían molestaba. Podemos encontrar anécdotas de ignotos jugadores de fútbol o de mediocres actores, pero nada que nos cuente la vida de Hamlet, de Armando, del Barba Castila, del Cuchi Leguizamón, de Atahualpa y de tantos grandes que cimentaron nuestra cultura y la fortalecieron a través de su obra.

Desde Centenario, número a número, intentaremos aportar nuestro grano de arena para rescatar a los artistas que hicieron honor a la palabra, a través de la poesía o del canto, pero con el firme compromiso de que el artista debe ser la voz de su pueblo…si el artista no cuenta lo que le pasa a su gente, se convierte en un monigote que trabaja para el sistema. En el pueblo, como en el arte, como en la política, hay dos alternativas posibles: se está con el pueblo o se está del lado de los poderosos. Los que hayan leído a Hamlet Lima Quintana sabrán que siempre estuvo a la altura de su nombre y de su pueblo.

Romperá la tarde mi voz, 
hasta el eco de ayer,
 
Voy quedándome sólo al final,
 
muerto de sed, harto de andar
 
pero sigo creciendo en el sol, vivo.
 
Era el tiempo viejo la flor,
 
la madera frutal,
 
luego el hacha se puso a golpear,
 
verse caer, sólo rodar,
 
pero el árbol reverdecerá, nuevo,
 
Al quemarse en el cielo la luz del día, me voy,
 
con el cuero asombrado me iré,
 
ronco al gritar que volveré,
 
repartido en el aire al cantar, siempre.

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Cultura, Número 2, Pablo Stasiuk