Por Miguelangel Hernández ——

Tengo contra los tiranos

Cheques de persecuciones

No les cobro el odio, madre,

Eso lo harán los demás.

Lego a la justicia en marcha

Mi apellido.

Y para la revolución

Que dio música a mis gustos

Endoso mis “stock” de acciones.

Pío Tamayo, 19321

El chavismo, entendido no solo como la adhesión a un determinado partido político y sus respectivos líderes, sino como aquella identidad política que emerge del fenómeno Chávez conformando un nuevo sujeto político, ambiguo y policlasista, pero capaz de movilizar enormes contingentes de personas, suele ser visto desde el exterior como esta suerte de novísimo movimiento de izquierda que de forma casi espontánea surgiría entre las cenizas del socialismo real para impulsar la gran revolución proletaria internacional.

Sin embargo, un breve recorrido por sus condiciones de posibilidad hace evidentes las limitaciones estructurales que por un lado imposibilitan que al girar sobre su propio eje tome de forma natural el curso hacia el comunismo, mientras, a su vez, señalan la necesidad de una firme vanguardia revolucionaria capaz de hegemonizar dicho espacio y darle una verdadera direccionalidad socialista y de clase.

Si bien es evidente que existe un potencial revolucionario inherente al fenoméno en si mismo, en tanto moviliza a los sectores populares y es capaz de sacar a la calle incluso a los grupos poblacionales más marginados, gran parte del imaginario chavista sólo rearticula elementos que se encontraban gravitando en el tablero político venezolano, algunos de ellos, formando parte del bagaje discursivo del Partido Comunista de Venezuela (PCV) y demás organizaciones de izquierda, así como, de partidos como Acción Democrática (AD), cuyos orígenes socialdemócratas no evitarían que en los años 80 comenzara un largo viraje hacia el neoliberalismo..

Desde principios del siglo XX y a raíz de una disputa por los abundantes recursos naturales que caracterizan al país, comenzó a tomar fuerza el discurso antimperialista llegando a su climax con la toma de posesión de Romulo Betancourt (1908-1981), disidente de las filas de la Juventud Comunista de Venezuela (JCV) y fundador de AD, un partido en sus orígenes de inclinación nacional desarrollista en concordancia con el resto de los populismo latinoamericanos que surgieron desde finales de los 50.

No obstante, ya desde entonces comenzaría a atenuar su discurso en orden de distanciarse de su pasado comunista que generaba suspicacia al gobierno norteamericano imbuido plenamente en la lógica mcartista para la fecha, hasta el punto de insistir en no permitir bajo ningún termino que el PCV formara parte del pacto de gobierno postdictadura aunque fueran los principales organizadores de la coalición que derrotaría definitivamente a la misma con el nombre de Junta Patriótica, esto último, generando bastante descontento entro los militantes más jóvenes del partido que representada quienes consideraban a los comunistas compañeros de lucha.

Otro componente que ha estado gravitando en la política venezolana desde hace mucho tiempo es el bolivarianismo. En principio, Simón Bolívar, al representar un estandarte del pensamiento político radical del siglo XIX, tiene la capacidad de ser resignificado de diversas formas, y consecuencia de ello, ha sido el significante vacío predilecto de la mayoría de los partidos de masas venezolanos.

Ya el PCV reivindicaba la figura del libertador desde una óptica emancipadora desde su fundación, rescatando la imagen de Bolívar como representante de la lucha por un país más igualitario, y sobre todo, de la reticencia frente a cualquier tipo de dominación extranjera, representada en el siglo XX por el imperialismo Norteamericano.

Ahora bien, las anteriores líneas no buscan desestimar al chavismo como el fenómeno político más relevante que ha atravesado el país desde hace más de 20 años, ni las conquistas sociales conseguidas como resultado, donde resaltan La Ley Orgánica del trabajo, los trabajadores y las trabajadoras, las diversas Misiones Sociales, entre otras. Lo que se trata es de demostrar que han ocurrido eventos similares en la historia política venezolana, los cuales culminaron con su normalización por el sistema capitalista, asfixiados en la lógica petrolero rentista.

Quizás el logro más importante fue conseguir la manera de unificar a toda la izquierda en una gran coalición, aunque su fragilidad se haga evidente frente a la crisis económica actual y el comportamiento de determinados actores quienes parecen estar más preocupados por mantener los beneficios que la función burocrática provee que por derribar el sistema capitalista o aunque sea trasformar el modelo rentista culpable en gran medida de la crisis actual. Además, es relevante señalar que de por sí la cultura política venezolana ha sido siempre reacia al neoliberalismo, hasta el punto en que, Carlos Andrés Pérez (1922-2010), el único presidente que se empeñó en aplicar un ajuste radical para avanzar en ese dirección, terminó tras las rejas teniendo que interrumpir su mandato2.

Dicho hecho no es casual, sino que emerge del carácter petrolero del modelo de acumulación venezolano, tan determinante que puede afirmarse como la historia de los partidos políticos venezolanos ha sido la historia de una disputa sobre la distribución del excedente petrolero3. Todo ello permite entrever la existencia enorme potencial revolucionario en dicha cosmovisión del mundo, el cual, puede esfumarse fácilmente sin una vanguardia de clase que empuje el proceso de trasformación hacia el socialismo, rescatándolo de aquella ambigüedad habitual producto por su naturaleza populista4.

Si bien el ciclo progresista latinoamericano contribuyó a mejorar la calidad de vida de las clases populares, no deben olvidarse las palabras de Lenin sobre el Estado burgués:

Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el parlamento: he aquí la verdadera esencia del parlamentarismo burgués, no sólo en las monarquías constitucionales parlamentarias sino en las repúblicas más democráticas.5

Frente a una nueva ofensiva del imperialismo y las derechas del mundo, solo el socialismo permitirá consolidar lo logrado y avanzar hacia una vida más digna, la Argentina es el ejemplo de lo que espera caso contrario, y la vacilación solo alarga la agonía, firmeza no es sacar los tanques a la calle sino socializar los medios de producción, el futuro del subcontinente está en juego.

1Poeta y precursor del marxismo en Venezuela nacido en 1989. Contribuyo a fundar el Partido Comunista de Cuba.

2Para un desarrollo más profunda de dicho acontecimiento, consúltese: Rey, J. C. (2009). Crisis de la responsabilidad política en Venezuela. La remoción de Carlos Andrés Pérez de la presidencia. Caracas: Fundación Manuel García –Pelayo.

3Dicha disertación se extrae de: Coronil, F. (2013). El estado Mágico. Naturaleza, dinero y modernidad en Venezuela. Caracas: Editorial Alfa.

4Se utiliza el concepto de populismo desarrollado por: Laclau, E. (2005). La razón populista. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

5Lenin, V. I. (1975). El Estado y la revolución. Buenos Aires: Anteo.

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Latinoamerica, Miguelangel Hernández, Número 4, Política