Por Leonardo Juárezi

El calendario Ruso (llamado de estilo viejo) de aquél entonces se diferenciaban en 13 días del calendario contemporáneo usado en todo el mundo. La revolución estalló el 25 de octubre de 1917 y de aquí su denominación: Revolución de Octubre. En el nuevo calendario (de estilo nuevo) esta fecha corresponde al 7 de noviembre. La fecha explica que la recordemos y recordarlas nos obliga a hacer algunas consideraciones:

La Revolución Rusa, fue la síntesis casi no previsible de todas las contradicciones del sistema capitalista, de un capitalismo desigual y combinado (Petrogrado era un espacio moderno, de un país atrasado).Se ha querido mostrar por muchos años la idea de una revolución lejana, hecha en el último rincón del mundo, de manera deliberada, para dar idea de marginalidad geográfica (espacial) y económica y por lo tanto de escasa significación política en el concierto de las naciones. Las repercusiones de la revolución rusa fueron de alcance universal. Rusia era Europa, pero era también ajena a Europa, e incluso opuesta a ella. Si hacia 1900 era el menos desarrollado de los grandes países europeos, era al propio tiempo, la parte más desarrollada, industrializada o modernizada del mundo no europeo( en vísperas de la primera guerra mundial estaba avanzando en la misma dirección que occidente, sus industrias se desarrollaban, sus ferrocarriles se extendían, sus exportaciones alcanzaban un valor casi igual a la mitad de las exportaciones de EEUU).La revolución podía ganar simpatía de la izquierda de Europa, porque reforzaba la vieja oposición socialista europea al capitalismo. Suscitaba el interés de pueblos sometidos de otros continentes, porque también denunciaba el imperialismo(es decir la posesión de colonias por los europeos), y al afirmar que el imperialismo es la fase superior del capitalismo, sostenía que había que derribarlos juntos.

Lo cierto es que la revolución Bolchevique ,se mundializó y se instaló en todos los despachos de las grandes corporaciones económicas y se convirtió en faro y en bandera de todos los luchadores y revolucionarios del mundo, que eran unánime a la hora de reivindicar su ejemplo, desde la revolución mexicana, a los obreros de la Patagonia rebelde y la semana trágica en la Argentina, pasando por los anarquistas Sacco y Vanzetti, por los obreros europeos y la de todos los continentes, que la tenían como inspiradora y guía ,porque había hecho realidad el poder obrero.

Junto a este reconocimiento, es bueno señalar que fue una revolución contra el dogmatismo, el mismísimo Gramsci se animó a calificarla como una revolución contra el Capital de Marx, porque no se sometió a los cánones teóricos de época que pontificaban que la revolución proletaria tendría lugar en países con mayor desarrollo de fuerzas productivas(Inglaterra o Alemania).El genio de Lenin ,del partido bolchevique, y los consejos de obreros, campesinos y soldados(soviets),volvieron a demostrar la importancia del valor de la acción consciente de los hombres, en la posibilidad real transformar las sociedades. El desarrollo del proceso revolucionario estuvo asentado sobre dos pilares fundamentales, el Partido Bolchevique y los Soviets, estos últimos no solo proponían sino que también decidían y por eso fueron las más modernas de todas las formas de gobierno, porque supieron expresar las mayorías, pero también sintetizaron el pensamiento de la vanguardia. Solo así se pudo lograr la epopeya de tomar el poder, sostener una guerra civil incentivada por todo occidente que le costó 14 millones de personas muertas.

La Rusia de Lenin es un símbolo, canaliza pasiones e ideas, Octubre cautiva la imaginación de los hombres de aquél tiempo, el siglo xx se inaugura bajo esta luz deslumbrante en la que muchos de estos ven una ruptura decisiva y beneficiosa con el capitalismo, Octubre de 1917 pone en el orden del día, la lucha de clases y la revolución. (Y es a Lenin a quien corresponde franquear el paso de la teoría a la práctica, y ese paso también significa, y no debe olvidarse, un progreso teórico, pues lleva de lo abstracto a lo concreto).

A partir de la Revolución Rusa las relaciones humanas jamás fueron iguales en el mundo, se puede considerar la revolución de la igualdad, la primera que otorgó el voto femenino integral, que legalizó el aborto, y que por lo tanto le permitió a más de la mitad de su población (las mujeres) alcanzar estas conquistas de carácter absolutamente de vanguardia.

En muchos análisis y recordatorios se afirma que la revolución bolchevique tiene una matriz política organizativa que hay que ubicarla en la revolución francesa. En contrario de esta opinión, me permito sostener que la rusa fue una revolución no Jacobina (el jacobinismo usó el terror contra la aristocracia para arrebatarle sus privilegios, y luego uso el terror contra los sansculotes, convirtiendo los privilegios aristocráticos en privilegios de la burguesía).La revolución burguesa se hizo inmediatamente conservadora porque quería mantener la propiedad privada. La revolución soviética fue a diferencia de la francesa, la primera revolución total de la humanidad, porque no cambió la Autocracia Zarista, por una constitución burguesa: cambió el capitalismo por un nuevo sistema. La confusión de la revolución bolchevique con el jacobinismo nos conduce al infantilismo de izquierda.

Lenin desarrolló y transformo en un elemento de primer orden del marxismo ciertas teorías del imperialismo y del desigual desarrollo del capitalismo, que habían sido propuestas solo en términos generales por Marx y Engels. En la interpretación marxista-leninista, el imperialismo era exclusivamente un producto del capitalismo monopolista, es decir en su etapa de grandes negocios, en su fase superior, que se desarrolla en diferentes modos y en diferentes momentos en cada país. El capitalismo monopolista tiene que exportar su capital excedente e invertirlos en áreas subdesarrolladas, en busca de mayores beneficios. El incesante afán de colonias y de mercados en un mundo ya casi completamente repartido conduce, de un modo inevitable, a guerras internacionales imperialistas para la redistribución de las colonias, así como a la intensificación de las luchas nacionales de las colonias por su independencia; unas y otras facilitan nuevas oportunidades revolucionarias al proletariado.

Cuando las personas moderadas, por lo general atentas sólo a sus propios asuntos, llegan a la conclusión de que la situación sólo puede resolverse por la fuerza, es cuando la revolución se convierte en una posibilidad política. Los Bolcheviques percibieron este cambio en la situación de las masas y adaptaron su programa a lo que parecían querer los elementos más levantiscos del pueblo revolucionario. Lenin se concentro en cuatro puntos: primero, la paz inmediata con las potencias centrales; segundo, redistribución de la tierra a los campesinos; tercero, entrega de las fabricas, de las minas y de otras instalaciones industriales de los capitalistas a los comités de obreros de cada entidad; y cuarto, reconocimiento de los soviets como poder supremo, en lugar del gobierno provisional. Lenin era un táctico flexible y audaz; y su programa de 1917 estaba dictado por la situación inmediata de Rusia, más que por consideraciones de marxismo teórico. Lo que se necesitaba era conquistar a los soldados, a los campesinos y a los obreros, prometiéndoles Paz, Tierra y Pan. Con este programa, los bolcheviques alcanzaron una mayoría en los soviets de Petrogrado y en los soviets de todo el país. Lenin lanzó inmediatamente la consigna ¡Todo el poder para los Soviets!, para aplastar a Kerensky y convocaron a un Congreso de los Soviets de toda Rusia.

El congreso de los soviets, declaró depuesto al gobierno provisional, y nombró en su lugar, un consejo de comisarios del pueblo, cuyo presidente fue Lenin, Trotsky fue nombrado comisario para asuntos exteriores, y Stalin, comisarios para las nacionalidades.

En el congreso de los soviets Lenin introdujo dos resoluciones. Una exhortaba a los gobiernos beligerantes a negociar una “paz democrática justa, sin anexiones ni indemnizaciones”; la segunda abolía inmediatamente y sin compensación “toda la propiedad de la tierra”, los millones de acres pertenecientes a las grandes haciendas que ahora se expropiaban venía a proporcionar una base de apoyo campesina al nuevo régimen, sin la que este difícilmente hubiera podido sobrevivir.

La mayoría de las revoluciones que han ocurrido y triunfado, empezaron con “acontecimientos” más que como producciones planeadas. A veces crecieron rápida e inesperadamente a partir de lo que parecían normales manifestaciones de masas; otras, a partir de la resistencia frente a las acciones de sus enemigos, y a veces de otras maneras, pero raramente- si es que alguna vez ha sucedido-adoptaron la forma esperada por los movimientos revolucionarios organizados aún cuando estos hubieran predicho el inminente estallido de la revolución. Esta es la razón por la que la prueba de la talla de los revolucionarios ha sido siempre su capacidad de descubrir las características nuevas e inesperadas de las situaciones revolucionarias y de adaptar sus tácticas a las mismas”.1

A partir de Octubre y los bolcheviques, la revolución adopta un papel inédito. Ya no enarbola el estandarte de la burguesía, sino el de la clase obrera. Al menos bajo esta proclama avanza, como realización de la demostración marxista de la caída de la burguesía y el capitalismo.

Pero el poder de Octubre sobre el imaginario colectivo, se debe en parte a la puesta nuevamente sobre la mesa, de la más poderoso representación política de la democracia moderna: la idea revolucionaria, ¿por qué es tan fascinante la revolución?, es la afirmación de la voluntad en la historia, la invención del hombre por sí mismo, figura por excelencia de la autonomía del individuo democrático.

Es cierto que Lenin hace la revolución de Octubre en nombre de Marx en el menos capitalista de los grandes países de Europa. Pero a la inversa, esta contradicción entre la fe en la omnipotencia de la acción y la idea de las leyes de la historia bien puede ser lo que le da a Octubre de 1917 parte de su influencia sobre los hombres, al culto de la voluntad, pasado por el filtro del populismo ruso, añade Lenin las certidumbres de la ciencia tomadas del capital.

La derrota transitoria de esta experiencia histórica ha sido acompañada de las necesarias autocríticas y también de negadores desgarramientos y flagelaciones, porque lo sabemos; cuando los procesos vienen adornados con el encanto irresistible de la victoria, suelen estar acompañados de anteojeras que no permiten ver y justifican errores, desviaciones y hasta claudicaciones; los reveses por su parte llegan en muchas ocasiones con su carga de frustración y negaciones absolutas. Luego de la muerte de Lenin y en el transcurso de la segunda guerra mundial (en donde murieron entre veinte y veinticuatro millones de personas, la flor y nata de la clase obrera rusa, y del partido bolchevique), la revolución fue tornándose cada vez más rusa y menos soviética y menos bolchevique y esto tal vez explique (entre otros muchos factores) su implosión en la última década del siglo veinte.

La Vigencia de la Revolución y la tarea de los revolucionarios

Estamos próximos a conmemorar los 100 años de la Revolución Rusa y el balance de los revolucionarios argentinos nos tiene que llevar a aquilatar nuestra actuación surcada por heroísmos y por limitaciones, en este sentido es pertinente marcar con respeto y con dolor que nuestra tragedia esta cimentada por ejemplo en enfoques ingenuos en torno al gobierno y en el enfoque liberal del poder. Hay que tener idea de una construcción de alternativa integral de poder.

Desde como mínimo la caída de la URSS, el campo de los revolucionarios se ha visto inficionado por enfoques que tendieron a desacreditar y dificultar la lucha por el poder revolucionario, podríamos señalar la tercera vía de Anthony Guidens y Tony Blair que en argentina expresaron políticamente el frente grande y el frepaso, y las ideas de John Holloway que centralizaba sus enfoques en la importancia de construir poder y espacios de contrahegemonia de espaldas al poder estatal.Todas las corrientes oportunistas tienen en común el hecho de que nunca consideran los acontecimientos desde el punto de vista del proletariado, y así desembocan en un “Realpolitik” ecléctica, a-histórica y no dialéctica, siempre sacrifica los verdaderos intereses del conjunto de la clase obrera (y califica como utópica a toda defensa consecuente de esos intereses)”. 2 

Interpelados a reflexionar en esta perspectiva hay que decir que el reformismo que encarnó el peronismo de época ( kirchnerismo), intentó cristalizar la reforma  del capitalismo dependiente, no para que pierda su carácter de dependiente sino para limar sus aristas más agresivas;  no se trató aquí de golpear las puertas de la historia con el puño rojo de la revolución socialista, sino mostrar un camino edulcorado, pasteurizado y homogenizado, que nos planteo de que es posible luchar sin que la muerte amenace a los antagonistas, sin que la victoria de las clases subalternas aterrorice a las clases dominantes; empoderarnos es el “grito de guerra” que asume la decisión política de no combatir.

Los Caminos de la Alternativa

Hay que crear contrahegemonia cultural, hay que crear autonomía de pensamiento y de reflexión para que los trabajadores y el pueblo, los afectados por el imperialismo y el capitalismo, no piensen con las ideas y la cultura de los imperialistas, pero mágicamente no se va a producir un derrumbe del poder estructurado del capitalismo en ningún lado del mundo. Para que esto suceda se debe emprender una dura lucha, y la construcción de contrahegemonía ideológica, política y cultural debe ser acompañada por la creación de la capacidad política organizativa, entendida como fuerza material organizada con capacidad de producir la ruptura revolucionaria, es decir tomar el gobierno y estar dispuestos a defenderlo de cualquier manera, tomar el gobierno y el poder en un solo movimiento como ha ocurrido en mucha revoluciones de la historia. Pero en realidad, este tema de gobierno y de poder nos lo han divorciado, nos han desjerarquizado la idea de ruptura revolucionaria y en ese callejón aparecen los que simulan construir alternativa y luego resulta que no es así y eso nos retrasa y nos obliga a empezar una y otra vez.

La otra cuestión es que no se puede hacer una fuerza política alternativa pensando en que esa fuerza se puede constituir en un solo aspecto de la lucha de clases. No podemos pensar en crear alternativa considerando solo la urgencia electoral. Poner por delante la urgencia electoral en la construcción de alternativa nos lleva a permanentes frustraciones, dado que el campo electoral es el campo donde el enemigo ejerce con mayor vigor el conjunto de su fuerza social, política económica, de violencia y también ideológica cultural, ha sido uno de los terrenos donde se han producido las desarticulaciones y deterioros de nuestras fuerzas (no solo en términos numéricos, sino fundamentalmente en la perdida de atributos). Aplicando esa experiencia, tenemos que pensar que la alternativa tiene que trabajar en el conjunto de la lucha de clases. Debe ser una fuerza que tiene que ser muy eficaz en el conflicto, eficaz en la reorganización/ recomposición del movimiento popular, que tiene que ser eficaz en lo electoral y que no puede ignorar la batalla ideológica cultural, es decir que la fuerza alternativa tiene que actuar con una visión de globalidad. Si nosotros pensamos construir una fuerza alternativa solamente en términos electorales, nos conduce a una aporía, porque en general lo electoral tiene una coyunturalidad que No impulsa el accionar solido, permanente y profundo.

Necesitamos que la alternativa que se construya sea una alternativa de carácter histórico y por lo tanto tenemos que pensar en términos de tiempo: no podemos pensar que este desafío es para las calendas griegas, hay que pensar que debíamos haber empezado ayer, y en rigor hemos empezado ayer, lo que pasa es que hemos tenido tropiezos, fracasos, frustraciones. Lo que debemos hacer es recomenzar, porque no hay otro camino.

Con Pasión de Octubre

Hemos mantenido en altos las banderas en tiempos de derrotas, sabemos de las dificultades de ser revolucionarios en tiempos de no revolución, pero ante el nuevo escenario mundial, recuperemos en nuestro arsenal ideológico el convencimiento de ser portadores de la razón histórica- el advenimiento de una sociedad de productores libres-y herederos de aquellos revolucionarios, que abrieron una nueva época en la historia de la humanidad y que inauguró la Revolución de Octubre. El futuro libre y comunista de la humanidad, que aspiramos construir tiene y tendrá una deuda imperecedera con la revolución y esto nos permite afirmar que sus lecciones la hacen hoy más viva que nunca.

1Revolucionarios, Eric Hobsbawm Pág. 131, ed. Crítica Barcelona

2Lenin, Georg Lukács, pág. 95, ed. La Rosa Blindada, 1968, Bs As.

iPublicada inicialmente en Cuadernos de Militancia

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Análisis y Debates, Leonardo Juárez, Número 5