EDITORIAL DE CENTENARIO Nº 6

Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta.”

Así iniciaban Marx y Engels el Manifiesto Comunista, aquel llamado político programático y filosófico a tomar partido a favor de los pobres, en enfrentamiento abierto a los capitalistas, y que, en las circunstancias actuales, asume plena significación.

La historia de la humanidad está llena de momentos de luchas, de revueltas contra los opresores y de intentos de construir sociedades más justas, aplastadas por los defensores del orden establecido, en nombre de la prosperidad colectiva, de las jerarquías, o de Dios. Pero no sólo los cultores del orden asumen estas posiciones contrarrevolucionarias, desde el campo de los oprimidos muchas veces se ha soslayado la convocatoria del manifiesto, en nombre del pragmatismo, del realismo político, y los “buenos modales democráticos”.

Si repasamos los momentos cruciales de la historia del siglo pasado y el actual veremos como la artrosis del posibilismo ha funcionado para astillar y desmembrar cualquier intento revolucionario, y al mismo tiempo como una fuerza ortopédica para garantizar la gobernabilidad burguesa.

El teatro político mundial nos pone ante el espectáculo cruel de la confluencia por un lado de una fenomenal crisis del capitalismo y por el otro de una crisis de alternativa revolucionaria de similar envergadura, estamos por lo tanto obligados a mirar la realidad como viene, con los ojos bien abiertos, sin autoengaños, va siendo hora que empecemos a preferir la verdad desnuda al disfraz de lujo de los “correctos” embaucadores de turno.

Revolución y contrarrevolución

La revolución bolchevique vino a demostrar que no era necesario aguardar la crisis del capitalismo para que se produjera el advenimiento del socialismo, sino que este podía adelantarse por la vía de la revolución, esto tuvo un fuerte impacto en la combatividad del movimiento obrero europeo entre 1918 y 1921, hasta el punto que parecía viable la revolución en los países más desarrollados como el caso de Alemania donde el movimiento de los consejos y el programa de los espartaquistas aspiraba a replicar la experiencia bolchevique. Sin menoscabar diferentes situaciones que no permitieron que esto se produjera es interesante remarcar que tal vez el rasgo más notable de la contrarrevolución que impidió la expansión del comunismo por Europa fuese el protagonismo que adquirieron en este proceso los partidos socialdemócratas, teóricamente revolucionarios, que predicaban a los trabajadores la buena nueva de la revolución que se alcanzaría con su actuación dentro de los estados burgueses, mientras bajo mano colaboraban con las fuerzas reaccionarias, en el caso de Alemania con el propio ejército prusiano, para combatir a sangre y fuego a los comunistas”.i

Inmediatamente posterior a esto en la década del treinta, el nazismo, el fascismo y el falangismo también han sido respuesta del capitalismo imperialista, al cuco del peligro rojo y su expansión, claramente alimentada por países como Inglaterra , EEUU y Francia, aunque estos necesitados de la URSS y el ejército rojo hasta el fin de la segunda guerra mundial.

Plan Marshall, socialdemocracia, euro comunismo.

Durante el periodo que abarca el fin de la segunda guerra mundial y la crisis de los petrodólares en la década de los setenta, la dialéctica revolución y contrarrevolución adquirió una tónica no exenta de guerras, pero privilegiando otro tipo de acciones: el capitalismo había creado en consonancia con esto nuevas formas de control social, que conseguía desmovilizar a la clase obrera, estimulando su afán de consumo y facilitando que se integrara plenamente. Las capas medias de la población y los niveles superiores de los trabajadores se adaptaron a un sistema que les ofrecía la posibilidad de poseer bienes y servicios que antes estaban reservados a los ricos. El precio que el movimiento obrero hubo de pagar para acceder a estos beneficios fue el de renunciar a sus aspiraciones a tener una voz propia en la política, lo que dejaba en manos de la “elite financiera y empresarial” la capacidad de fijar las reglas del juego y de modificarlas en el futuro cuando les conviniera, todo hecho en nombre del “libre mercado”ii

El plan Marshall surgió para evitar que producto de la crisis económica de Europa occidental, los partidos comunistas ganasen elecciones libres en Bélgica, Francia o Italia, no hay duda que consiguieron dos objetivos políticos de suma importancia, lograr la expulsión de los ministros comunistas de los gobiernos de coalición de Francia, Bélgica, Italia Y Luxemburgo (condición sine qua non para recibir ayuda económica) e impulsar la Unión Europea.

A mediados de la década de los setenta se desarrollaba Europa un proceso estanflacionario (estancamiento productivo con inflación) y traía a los capitalistas marcada a fuego, la constatación que estaba llegando a su fin la euforia desarrollista de las tres décadas gloriosas que, a partir de 1945, permitió una rápida etapa de crecimiento económico creando en los países avanzados la ilusión de que habían encontrado la fórmula de un crecimiento sin interrupciones, y a los subdesarrollados la falacia de que podrían alcanzar otro tanto imitando sus métodos y endeudándose a largo plazo. Es precisamente como resultado de esta crisis económica y el de las tensiones de la guerra fría que emergen entre los años 1981 a 1996 en diversos países europeos gobiernos encabezados por partidos “socialistas”, esto no implicó, sin embargo, que adoptasen medidas de transformación social propias de la tradición de izquierda, sino que en todos los casos se produjo una deriva a posiciones “centristas”, que se justificaban por la necesidad de hacer frente a la desfavorable evolución de la coyuntura económica y al endeudamiento que había implicado el desarrollo del estado de bienestar. Esta evolución hacia la derecha de los partidos socialistas vino acompañada del declive de los comunistas, tras el fugaz intento de los partidos de Italia y España por crear, una tercera vía próxima a la socialdemocracia, la del llamado “eurocomunismo”, que se distanciaba de la obediencia a la URSS.

La guerra fría termino en 1989. El capitalismo liberal había ganado el conflicto y proclamaba su derecho a extenderse a escala mundial. Si Francis Fukuyama proclamaba en 1992 El Fin de la Historia y el Último Hombre, donde anunciaba que, con el triunfo mundial del nuevo orden, había finalizado la era de las guerras y las revoluciones, Samuel Huntington criticaba a Fukuyama y exponía su paradigma del mundo pos guerra fría, donde exponía que los enfrentamientos no se producirían por motivos ideológicos, sino por el choque entre civilizaciones; ambos, Fukuyama y Huntington, compartían, como se ve, la convicción de que había concluido para siempre la “lucha de clases”.

Lo fundamental en el capitalismo argentino

La república sudamericana de la soja, con capital en Rosario, todavía se siente golpeada sin entender que su sueño de independencia es eso: un sueño. Los capitales chinos manejan Nidera y Noble; los alemanes Monsanto y Bayer; y los americanos continúan con sus tradicionales Cargill y Continental.

Los setenta mil productores de soja argentinos, jamás pensaron que bajo el gobierno de Macri también tendrían problemas. Cristina les había ayudado a mejicanear las royalties, el conocimiento del modelo genético que permitió el salto productivo de los años noventa. Macri los vuelve a ayudar y les dice que no les obligará a pagar los treinta y cinco dólares por hectárea que exigen los dueños de las semillas transgénicas (¡Estos liberales no respetan ni la propiedad privada!). Las contingencias climáticas de la pradera pampeana no son una novedad. No son responsabilidad del cambio climático como lo quiere adjudicar el bruto de Etchevere y sus ya pasados de moda asesores de Clarín Rural. Cuando algo sale mal, la culpa la tiene el calentamiento global.

El modelo tiembla porque no puede sostenerse en un país de cuarenta y cinco millones de habitantes, y sí, parece ser exitoso en el Paraguay, que a todos los campesinos que sobran los exporta a Florencio Varela, y tiene – ese país – una tasa de crecimiento poblacional neto cercana a uno. Para el nuevo modelo sojero, hay que copiar al Paraguay. Etchevere y sus asesores, ¿dónde estarán pensando depositar a los argentinos que sobran? ¿Será en la Antártida? Los últimos cuatro o cinco años, pensaron que el crecimiento era indefinido. La paliza de la sequía de este año les presentó una nueva realidad. No es tan exitoso el modelo, y los únicos que salen ganando siempre son el sistema financiero y la comercialización – exportación. Pero vender solo commodities, obliga a comprar productos elaborados. Y para ello, con una soja de U$S 350 la tonelada, un dólar barato, caída del déficit comercial y del producto bruto, conforman un panorama que es el que vino a buscar este gobierno: expatriación de capitales, fuga de divisas.

Para el Noroeste argentino, el modelo se complica muchísimo más. Toda la región de grano grueso, lleva varias campañas de fracasos por el agotamiento del modelo desmonte, agricultura sin rotación, y política extractivista. Las consecuencias fueron cosechas cada vez más pobres, fletes e insumos cada vez más caros, con un resultado económico desfavorable que el sistema bancario mira cada vez con mayor aprensión.

Vamos a encontrarnos con el mismo panorama de los años de la pesificación asimétrica, solo que nadie nos garantiza soja de más de U$S500 como precio sostenido en un futuro cercano. Con su modelo de respuestas simplistas los productores exigieron la vuelta a la producción de biocombustibles (estos caraduras adujeron salvar así a la humanidad del calentamiento global). En realidad, solo buscan el ya antiguo “precio sostén” de los granos que en vez de ser utilizados como alimentos se los quema como combustibles. La incapacidad de la burguesía argentina que sueña con alimentar a cuatrocientos millones de personas y no puede darle de comer al pueblo argentino en su conjunto, es notoria. Delira con ser la góndola del mundo y no puede alimentar a quince millones de menesterosos.

Ni el peronismo ni el Pro-peronismo, son capaces de reestructurar la Junta Nacional de Granos que controle la comercialización y producción de los alimentos. Poner al frente a funcionarios payasescos como Moreno y otros, para controlar a esta burguesía despiadada, trajo los resultados que vemos. Todo proyecto de control para la mesa de los argentinos que no contemple la estatización del comercio exterior de granos, es inviable para resolver el problema de la comida de los pobres. No son las retenciones las que han logrado impedir que una docena de huevos en Argentina cueste más que en Estados Unidos. O que un kilo que queso sea más caro en Salta que en Londres. Todos los porcentajes del sube y baja de pobres son una falta de respeto a los argentinos que comen cada vez menos y con peor calidad.

El control sobre la producción de granos, tiene en la Argentina mayor importancia aún que el problema energético. Ambos modelos, después de los noventa, eligieron el camino del neoliberalismo y los resultados están a la vista. Se importan manzanas y combustibles. Esos mismos combustibles que se utilizan al producir commodities cada vez menos rentables en un modelo de perversión que no parece terminar de retroalimentarse. Mientras tanto las universidades argentinas y los institutos de investigación buscan energías alternativas comandadas por el inefable rabino Bergman. Algo parecido a un sabio como Einstein que la colectividad judía tenía guardado para nosotros y no nos dábamos cuenta. Rabino Bergman mandó parar desmontes. Rabino Bergman y su gobierno ponen presa a Milagro Sala y llena de ineficientes paneles solares la provincia de Jujuy para convertirla en una provincia de energía verde. Mientras tanto sus paisanos no compran los biocombustibles argentinos en Estados Unidos.

Las tareas de la hora

Si durante el transcurso del siglo xx la izquierda y la socialdemocracia discutían en torno a las etapas, vías, programas etc., en el siglo xxi, los contornos se han hecho más difusos, por ejemplo los cultores del cambio de época se eximen de estas minucias y afirman que se puede avanzar al socialismo en el mejor de los casos, aplicando políticas de matriz neoliberales, hoy han vuelto a aparecer sin autocrítica y ubicados a la vanguardia en la exigencia del respeto a las libertades democráticas, el eco feminismo, o cualquier otro tema, que no signifique enfrentar al capitalismo en su estructura que como sabemos es determinante y condicionante de su superestructura.

En estas circunstancias el encuentro del pan-peronismo en San Luis, no es más que el ofrecimiento para los militantes revolucionarios, de los términos de una rendición de sus ideas programáticas, es la consumación de una desviación oportunista de derecha. Los posibilistas (producto de la traición o de la derrota de los ideales revolucionarios), en situaciones como estas, soslayan las consideraciones ideológicas porque en su justificación se convencen y aspiran a convencer a los demás que estas no cumplen ningún papel en la política, y operan con la idea de “políticas de estados” como si alguna vez hubiesen dirigido alguno.

Ante este panorama la tarea de la hora requiere de recuperar los atributos revolucionarios en las organizaciones políticas, desarrollar una importante capacidad combativa y tratar de poner en coincidencia propuesta política y programática, para romper con las concepciones corporativas con que se desenvuelve la política argentina y avanzar en un proceso de acumulación revolucionaria que mejores las perspectivas de un relevo histórico de la lumpen burguesía en nuestra patria.

En la dialéctica de las victorias y las derrotas, (hay que decir una tautología, las derrotas han surcado en mayor medida todo el accionar de los revolucionarios), las victorias fueron posible cuando se logró un alto nivel de organización (un partido revolucionario) con una polarización sociopolítica (clase obrera y aliados) que posibilitó el triunfo revolucionario, (la toma del poder) y la posibilidad de transitar el largo y sinuoso camino del socialismo.


iEl Siglo de la Revolución Josep Fontana, pag 82
ii“sobre cuya naturaleza dijo Thomas Friedman: “La mano oculta del mercado no puede funcionar sin un puño oculto. McDonald’s no puede prosperar sin McDonnell Douglas, el diseñador del F15. Y el puño oculto que mantiene el mundo a salvo para que las tecnologías de Silicon Valley puedan florecer se llama ejército, la fuerza aérea, la marina, y el cuerpo de infantería de marina de Estados Unidos.

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  1. Excelente caracterización de la lucha a través de la historia y el estado actual de la misma, unida a una única salida: un partido revolucionario que lleve adelante el proceso de cambio de sistema. Muuuyyyyyy buenoooo ¿Leonardo Juárez? (((seré chicato o no veo por ningún lado la firma del autor?)))

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Argentina, Editorial