Por Eduardo Ibarra

(Primera parte)

El siglo 20, a decir de Eric Hobsbawn, un siglo corto, fue un período de revoluciones y construcciones de alternativas superadoras al sistema capitalista dominante donde, por primera vez, las clases desposeídas pudieron construir un Estado propio, más allá de los límites, falencias y recorridos temporarios.

Ese momento histórico convulsionado tuvo una aparente resolución y término con la caída del bloque soviético y el auge del imperialismo en su fase financiera global, el cual, con el advenimiento del siglo 21, entró prontamente en crisis propia de sus contradicciones.

Si bien el siglo pasado fue una etapa de experiencias inconclusas, también fue un momento de debates dentro del marxismo y de las izquierdas en general a la sombra de la URSS, que, como primer Estado proletario de la historia de la humanidad, marcó un direccionamiento en las políticas de los distintos movimientos revolucionarios y en la propia producción teórica política. El resultado de esto fue la imposición de un marxismo cientificista, que a partir de las condiciones materiales creadas por los Estados del bloque socialista, pretendieron determinar la conciencia del sujeto social e imponer una concepción de la realidad de cada país no socialista de acuerdo a las etapas históricas fijadas en función del modelo europeo. Etapas que fueron impuestas a los distintos países sin tomar en cuenta la realidad de cada pueblo en su proceso histórico e identitario.

Cada Partido Comunista (alineado a la línea soviética) acondicionó sus análisis y sus políticas a un esquema conocido como “etapismo”, en el cual, la historia de la humanidad habría comenzado con el advenimiento de un sistema comunista primitivo, para pasar a un sistema esclavista y posteriormente a sistema feudal como preludio al sistema capitalista, última etapa necesaria hacia el socialismo. Esto llevó a que todo país con un capitalismo atrasado y dependiente fuese visto como feudal y las políticas a seguir de los Pc fuesen las de luchar, junto a la proto burguesía nacional, por el desarrollo de la etapa democrático-burguesa para pasar sucesivamente a una verdadera etapa socialista.

El correlato político fue la que todo Partido revolucionario sólo podía acelerar o influir en los procesos de acuerdo con el grado de madures de las etapas en el devenir de las leyes inmutables de la historia.

A grandes rasgos este marxismo cientificista y dogmático tuvo tres pilares fundamentales en los cuales basó su construcción teórica política:

  1. El carácter economicista donde la producción es la que determina todas las instancias de la vida social.
  2. El sujeto social subsumido a las leyes inmutables de la historia más allá de su voluntad.
  3. El desarrollo histórico entendido como etapas fijas e inviolables.

Si bien este marxismo dogmático tuvo su auge durante el estalinismo hasta el final de la 2° guerra mundial y el posterior período de descolonización de los países llamados del Tercer Mundo, entró en crisis con el triunfo de las revoluciones en China, Cuba, Vietnam y los movimientos de liberación anticoloniales y antiimperialistas. Dentro del plano teórico, esta crisis tuvo su correlato en los incipientes escritos del comunista italiano Antonio Gramsci y en nuestra América en la concepción de Carlos Mariátegui, Antonio Mella y Héctor Agosti, entre otros.

Las luchas de liberación de los pueblos de Asia, África y América Latina contra el rezago del imperialismo europeo y el surgimiento del nuevo imperialismo yanqui, llevo a replantear un nuevo marxismo desarrollado en función de un mundo con una estructura productiva dispar y con relaciones sociales disímiles a las potencias capitalistas occidentales.

La Revolución cubana y el triunfo del pueblo de Vietnam, marcaron la crisis de un marxismo estatalista y fosilizado frente a un marxismo enriquecido por la propia experiencia de las clases explotadas.

A pesar de que fueron los revolucionarios de mediados del siglo 20 los que demostraron lo erróneo del marxismo académico preponderantemente encabezado por el francés espinoziano Luis Althusser y del materialismo dialéctico de Bujarín y los Diamat, cabe preguntarse cual de esos marxismos fueron los que preponderaron en pensamiento de Karl Marx y hasta que punto este “nuevo” marxismo estuvo implícito en su propio nacimiento teórico.

Un marxismo a la carta

Antes de poder hacer un mínimo análisis de la matriz del pensamiento de Marx, hay que destacar que, todo pensador se encuentra enmarcado dentro de su tiempo histórico en su modo de comprender esa realidad.

Cuando Marx escribió sus obras, las burguesías europeas se encontraban todavía en una lucha encarnizada contra los resabios de viejo sistema y la consolidación de la conciencia socialista de la clase obrera. En este contexto la lucha de la burguesía estuvo enfocada a la consolidación de las instituciones, políticas, religiosas, culturales, etc, para posibilitar la acumulación y reproducción del capital, frente a una sociedad civil en disputa, o sea no hegemonizada a decir de Gramsci.

Dentro de este proceso histórico la necesidad imperiosa de que la super estructura fuese un mero reflejo de la estructura, fue primordial en la consolidación del capitalismo, pero también fue y es una pretensión constante de la propia la burguesía frente a la lucha de las clases subalternas y al acondicionamiento mutuo de cada ámbito de las relaciones sociales.

Teniendo en cuenta el momento histórico donde la ideología de la burguesía fue la expresión revolucionaria adoptada por las clases proletarias y campesinas, que lucharon contra los estamentos monárquicos en beneficio de la nueva clase propietaria, para después ser reprimidos y sometidos a una nueva forma de explotación, se comprende como Marx tomó a la ideología y a la política (y en sus primeros escritos) como mero engaños de la clase burguesa hacia las clases desposeídas.

Marx fue uno de los autores más citado, interpretado y criticado, desde la izquierda como desde la derecha, generando la imagen tanto de un científico descubridor de las leyes sociales regidoras de la humanidad, como la de ser un mero promotor del desarrollo y el progreso.

Esta lógica partió de una lectura en clave economicista del Capital como obra cumbre y acabada, dividiendo el desarrollo teórico de Marx entre escritos de juventud (dialéctica hegeliana) y los escritos de su madurez (teoría económica).Esto se debió a la no comprensión de la totalidad de corpus teórico de sus obras, siendo las conclusiones y caracterizaciones del marxismo un compendio de frases a gusto y necesidad quienes las han de utilizar, desconociendo el núcleo, matriz y esquemas de sus análisis.

La teoría de la realidad

Tomando al proceso productivo como central en el análisis de Marx, tanto en el Capital, como en los Grundrisse, los manuscritos de la década del 60 o la contribución a la crítica de la economía política, podemos comprobar como el movimiento dialéctico se desenvuelve hacia la propia teoría del valor y no como una etapa que se desprende del corpus teórico de la década de los 40s. Tal es así que su producción teórica fue mucho más amplia y pretenciosa que las obras que puedo escribir y editar.

Como Hegeliano de izquierda comenzó a aplicar la lectura de los economistas de su época para definir la crítica hacia la filosofía del derecho de Hegel y al mismo tiempo como crítica a la economía política burguesa, ya presentes en los Manuscrito de Kreuznach (1843). Aun sin romper con este grupo y dentro de un contexto donde se conjugaron el socialismo utópico y los movimientos obreros, se planteó la validez de la dialéctica de Hegel como lenguaje común tomado, en su época, sin ningún examen crítico. Las nuevas tesis de Feuerbach (manuscritos de 1844) le sirvieron para su crítica a Hegel, que, sin dejar de asumir la concepción de la filosofía de la historia, comprendió que había quedado prisionera de su propia estructura alienada que pretendía haber superado. Otro aspecto importante fue la de entender a la crítica en un sentido no dogmático sino como forma de develar la realidad, para despejar todo resabio de misticismo, tanto en lo religioso como en lo político.

Esta crítica se dio dentro de un contexto donde la lucha contra la monarquía dio paso a la violencia jacobina, sin lograr consolidar un aparato burocrático a fin a la burguesía, por lo cual la propia lógica de Hegel resultó en un misticismo del Estado como síntesis entre lo absoluto que niega lo particular y lo particular no puede elevarse a lo absoluto, tomando al Estado burgués como un universal superador de la separación entre el Estado Absolutista y la sociedad civil.

La crítica de Marx no fue una simple crítica a la conciencia en sí misma, en la que Feuerbach centralizó su ataque a la religión para plantear la alienación del hombre como forma de la conciencia alienada, sino como cuestión superadora partiendo de lo que produce la conciencia y no desde el hombre abstracto. Por tanto, a partir de tomar al hombre concreto para la realización práctica de la filosofía y no del entendimiento de la conciencia diseccionada de la realidad material, que en Hegel se resuelve en una conciencia que se reconcilia consigo misma no desde la realidad sino en su pensamiento como conciencia auto alienada, pudo plantear las bases de su corpus teórico. Dicho de otra manera, pudo entender que la desalienación desde el interior de la alienación del pensamiento fue una mera forma abstracta.

Para poder desarrollar la crítica a la conciencia alienada, Marx necesitó concebir el carácter antropológico del hombre como Ser cuya existencia fuese determinada en sus propias necesidades y en su relación con una objetividad exterior, que al negarse como ser natural se objetivó en tanto sujeto en acción sobre la naturaleza. Al negarse como animal y afirmándose como sujeto, pero no sujeto separado en su interior consciente, pudo realizarse como ser realizado en su subjetividad a partir del mundo sensible (se objetiviza como ser genérico). En este sentido la historia se transformó en un proceso generado por la propia producción del hombre como movimiento dialéctico entre su Ser separado de la naturaleza, pero que al mismo tiempo se transforma como Ser por medio de su acción sobre la naturaleza. El hombre al producir conscientemente para sus necesidades y deseos es sujeto objetivado (alienación positiva). El hombre al ser producto de su trabajo es, por lo tanto, el creador de su naturaleza social como ser genérico.

Al tomar las lecturas de Hess como mediadora a las de Feuerbach y trasponer el esquema de la alienación al terreno de las relaciones sociales, la clase poseedora devino en el Dios de la riqueza realizada frente a las clases que fueron empobrecidas y deshumanizadas.

Desde una lectura de Hess frente al materialismo de Feuerbach, la teología y la filosofía aparecieron bajo el mismo concepto de alienación, por lo que la alienación dejó de ser religiosa para formar parte de una existencia particular en la esfera de la humanidad alienada.

Humanidad y sociedad fueron identificadas por Marx como parte del Ser social desde su ontología, al contrario del pensamiento de Hegel donde pensamiento era el Ser.

A pesar de la crítica a Hegel encontró en él lo que no pudo hallar en Feuerbach: la conceptualización del trabajo. Donde Feuerbach comprendió a la alienación como una realidad abstracta del hombre frente al objeto, Marx pudo entender a la relación entre sujeto y objeto como un movimiento dialéctico del trabajo (a pesar de que Hegel concibe al trabajo desde un aspecto positivo y no alienante).  Esto no implicó el rechazo de toda la concepción antropológica feuerbachiana, ya que tomó la afirmación de la acción del hombre como ser de necesidades ante la naturaleza que se trata de humanizar, que al reafirmar su humanidad en su exterioridad genera su contrario como trabajo alienante, así como la de crear a Dios frente a un mundo de miserias.

Para poder entender como la alienación deshumanizó al hombre en la vida concreta y despojar todo resabio tanto de la idealización como de materialismo abstracto, Marx utilizó los escritos de Fichte a fin de introducir a la antropológica del sujeto en el carácter ontológico.

En contra de la visión metafísica de un Ser determinado desde su origen (metafísico o religioso), Marx comprendió que el hombre nació como Ser social desde su propia acción; parafraseando a E. P. Thompson, el hombre genérico estuvo presente en su propio nacimiento, que al transformar la naturaleza se transformó a sí mismo.

Esa acción del hombre como creadora fue la esencia de su Ser construido y modificado dentro del movimiento dialecto del sujeto consciente y de la naturaleza a humanizar, por lo tanto, no fue la posesión del objeto su finalidad sino la libertad de su capacidad como expresión vital de su ser. Esta libertad de acción como inicio y fin no tuvo una finalidad, sino un constante movimiento. Esta libertad de acción frente al mundo sensible implicó una nueva naturaleza que nació con el propio hombre, y que, en su naturaleza social, su fuerza transformadora y consciente ejercida sobre el objeto se encontró enmarcada en el desarrollo, en tanto conocimiento, técnica etc, de su momento histórico.

En conclusión

Esta lucha por humanizar al mundo sensible es la lucha por dominar las fuerzas de la naturaleza, ósea una lucha constante contra la alienación, que al mismo tiempo genera nuevos tipos de alienación dentro de su propia cultura, lo cual implica nuevas modificaciones a fin de lograr liberar las potencialidades del sujeto social.

Al tener la libertad de humanizar la naturaleza y constituirse en su exterioridad como expresión de su ser, su lucha no es por la posesión de los objetos como propiedad privada, sino de la exteriorización de sus fuerzas conscientes. Por lo tanto, la apropiación de los objetos, por parte de una clase en desmedro de otra genera la limitación y negación de su ontología. Cuanto más se posee menos se es, cuanta más posibilidad de ejercer la acción creadora ontológica más humano es el hombre y su medio.

Esto le posibilitó entender a Marx cómo el capitalismo impuso la propiedad privada a las clases desposeídas, alienándolas frente a una máquina como objeto ajeno a su naturaleza, al tiempo que pudo develar las fuerzas sociales que fueron dando nacimiento a los sistemas y que al analizar al capitalismo y los resabios los procesos productivos anteriores, pudo encontrar las contradicciones entre el desarrollo tecnológico/científico, que posibilitaba un salto en el dominio de la naturaleza, pero produciendo una nueva forma de relación social que alienaba y empobrecía a amplias masas de la población.

Marx logró llegar a la síntesis de la verdadera antropología del hombre como sujeto de necesidades ante la naturaleza a transformar. Por lo cual en la acción (trabajo) su conciencia es producto de la relación entre sujeto y objeto, entre el medio material que al modificarlo genera nuevas necesidades y una nueva conciencia de la realidad modificada. Para que exista el Ser es necesario que el sujeto se objetivice a través del trabajo sobre el mundo sensible que trata de humanizar, subjetivizar.

Por lo tanto, al ser movimiento frente a la materia en movimiento, este se encuentra constituido en la acción consciente por medio de esa acción, siendo contantemente modificada dentro de un movimiento dialéctico entre la reafirmación subjetiva y la negación objetiva, cuya síntesis será una nueva realidad de un nuevo sujeto consciente enfrentado a nuevas necesidades, sean biológica y/o culturales.

Marx logra resolver así las ideas mistificadoras y falsas del hombre como ser creado por Dios o del individuo aislado en su naturaleza liberal de posesión y egoísmo. También da por concluida la discusión entre la consciencia y la materia, ya que, al ser, el hombre, movimiento en la acción forman parte de un todo dialéctico necesario para lograr una síntesis. Sin mundo no hay hombre y sin el hombre no habría realidad más allá del hombre.

Entonces, si el hombre en acción consciente frente al mundo sensible que pretende aprehender y humanizar a su imagen y necesidad, ¿por qué el hombre es un ser social frente a la naturaleza de la cual se ha diferenciado? ¿cómo adquiere consciencia de sus necesidades y crea su cultura? ¿Cuál es la “naturaleza” del hombre en una sociedad dividida en clases? Y ¿Cuál es el modelo ontológico que pretende la burguesía como clase dominante en el sistema capitalista?

Esto será tarea para el próximo de Centenario.

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Categoría

Argentina, Internacional, Política