CUESTA ABAJO

Por Leonardo Juárez

                                                             “Si arrastré por este mundo la vergüenza

                                                                 de haber sido y el dolor de ya no ser”

Alfredo Le Pera

 Nuestra Patria, país difícil para “pasarlo en limpio” con simplificaciones, transita un momento particularmente confuso. Cuesta orientarse en los acontecimientos. La verdad no espera en la superficie de las cosas. Hay que desocultar la verdad, para transformar la realidad con nuestra acción consciente.

Los monopolios trasnacionales y el estado burgués a su servicio hacen lo imposible para obstruir el acceso de los trabajadores y el pueblo al conocimiento de la estructura económico-social y de la superestructura política ideológica de nuestra sociedad. Resulta indispensable impulsar la labor que nos aproxima a ese conocimiento, mediante la investigación, la reflexión, el debate, la creación , el aporte plural, y el permanente reciclaje entre la teoría y la práctica, fuente de saber político que nos habilite para la previsión, la iniciativa y la acción concreta y eficaz. Los militantes revolucionarios nos encontramos ante la exigencia de dar respuesta a múltiples problemas que vive nuestro pueblo desde una correlación  de fuerzas sumamente desfavorable que promueve la desmoralización. Lo hacemos también en condiciones en las que resulta compleja nuestra propia supervivencia cotidiana como consecuencia del impacto de la crisis económica y social. Pregonamos la solidaridad en un mundo en que se ha impuesto la idea del individualismo y el sálvese quien pueda. Promovemos la organización en una sociedad que se disgrega. Proponemos la revolución en un momento de ofensiva conservadora y aún contrarrevolucionaria. Pero, para eso nos hemos hecho comunistas, para crear conciencia sobre la necesidad y la posibilidad del cambio revolucionario.

 Antecedentes y significación del 16º Congreso del Partido Comunista de Argentina

El año 1983 accedió al gobierno el radicalismo, pero el desplazamiento de las FF.AA. del gobierno no fue precedido de grandes luchas populares como sucediera en la década anterior.  Fue la derrota político militar en la guerra de Malvinas el punto de inflexión que marcó la pérdida de su iniciativa política. Luego de años de cruenta represión y de autoritarismo militar, de una guerra que humilló el orgullo nacional, las demandas populares pusieron en primer plano las exigencias democráticas generales. Solo Alfonsín y la dirección de la UCR respondieron con claridad a estas aspiraciones populares y en forma demagógica la contrapusieron a las aspiraciones socio- económicas, las que fueron subordinadas a la conquista y el mantenimiento del orden constitucional. El tercer movimiento histórico de Alfonsín, pretendía una mayoría estable para garantizarse la gobernabilidad e instaló la idea de la democracia como único horizonte aspiracional, y con esa operación actuaron fuertemente en el desmonte de las ideas y de las prácticas revolucionarias, la misma operación política cultural que en estos tiempos desarrollaron los mentores del cambio de época. En ese contexto más el apoyo a la formula Luder- Bittel, este posicionamiento no tuvo en cuenta que las bases económicas, sociales, políticas e ideológicas del peronismo clásico sufrieron una fuerte erosión después de la muerte de Perón y de la derrota del 76. También se produjo la dispersión teórica, política y organizativa de sus sectores revolucionarios, la carencia de una base de masas y la falta de peso político de la izquierda, sumo una carga adicional para los sectores de izquierda que actuaban  en el seno del movimiento peronista, con escaso margen de maniobras tanto en el terreno político como ideológico organizativo y si  bien la mayoría de los trabajadores y sectores populares aun adherían al peronismo, la vitalidad de este movimiento político popular estaba seriamente comprometida.

Estas defecciones, sumieron al Partido Comunista en una profunda crisis, y ponía a la orden del día el interrogante de ¿Con qué política salir de la misma?, y la respuesta fue, con una política de unidad de la izquierda (Frente del Pueblo), recuperando la voluntad de poder (acto del CHE en Rosario), impulso del internacionalismo revolucionario (creación del movimiento de Brigadistas General San Martín). Como todo proceso de cambio produjo fuertes turbulencias internas. El intento de recuperar nuestros orígenes revolucionarios debió realizarse a “saltos”, ya que los atrasos políticos y teóricos habían sido acumulados durante décadas.  Se delinearon las grandes líneas, pero quedaron enormes vacíos por llenar, que se pusieron en evidencia en los momentos de gran tensión y que son la base de errores de magnitud que luego se cometieron. Indudablemente el 16 congreso es hijo de la crisis, de la crítica y la autocrítica, pero principalmente de un enfoque de ofensiva política impulsado por el núcleo del viraje, este puso a la orden del día la agenda de temas, a saber:

  1. Rescató y restauró la revolución y el socialismo como la razón de ser del Partido. En un clima signado por el posibilismo, afirmó la vocación de lucha por el poder político para los trabajadores y el pueblo.
  2. Se acabó con el mito de la “revolución democrático burguesa “como etapa obligada de la lucha por la revolución socialista. La revolución se concibió como un proceso único, en donde las tareas democráticas generales, antiimperialistas se entrelazaban con la construcción del socialismo que son encaradas por un nuevo tipo de estado, por el poder político de los trabajadores y el pueblo.
  3. De un instrumento político que amalgamaba fracciones de la burguesía y por lo tanto de sus instancias políticas partidarias y del propio Estado y las FF.AA. el llamado Frente Democrático Nacional ( le otorgaba un rol decisivo de la burguesía llamada “nacional” en el proceso revolucionario”), pasamos a una política de Frente de Liberación Nacional y Social, expresión e instrumento político de los trabajadores.
  4. Sentó las bases para una política internacional independiente, con una nueva visión del internacionalismo basado en la solidaridad con todos los destacamentos revolucionarios.
  5. Renunció a autotiltularse “vanguardia” y comprometió sus fuerzas para que en la materialización del FLNS, de la unidad de la izquierda y de los revolucionarios, encarar un proceso real de construcción de un partido único de la revolución.
  6. También se analizaron los cambios en el sistema de dominación, anticipando una visión de las democracias restringidas como nuevas formas de ejercer la dominación clasista. Esto permitió una correcta caracterización del gobierno alfonsinista, menemista, aliancista y del kirchnerismo  hasta su etapa de superávit gemelos.[1]

Claramente  el 16, 17, 19 y el 21 congreso partidario, estaban unidos por el hilo rojo en torno a  estos temas de línea:

“ a) el enfoque sobre el socialismo. El desarrollo de la opción socialista, en las condiciones concretas planteadas por la contrarrevolución mundial, b) el enfoque sobre el poder. El desarrollo de la concepción del poder popular, c) el enfoque sobre el sujeto de la revolución, y la construcción del Frente de Liberación Nacional y Social, de acuerdo con los cambios producidos en el movimiento popular, por el impacto de la transformación capitalista, de las políticas neoliberales y del proceso de reformulación del movimiento popular, d) el enfoque sobre el tema de la construcción de la vanguardia, que implica cambios en la concepción de la unidad de los revolucionarios”[2]

A diferencia de los anteriores, 24 Congreso significó una degradación de los debates y los niveles de reflexión colectivos, donde esa suerte de oxímoron que fue el “CON, SIN, CONTRA”, “legalizó”, por un lado, las posiciones de fuerza ortopédica de la gobernabilidad burguesa (con), por otro la de oposición sistemática (contra) y se debe agregar los que se refugiaron en los movimientos sociales, las  luchas identitarias y los organismos de Derechos Humanos (sin). En una fuerza como la nuestra, con un tamaño de hormiga y la movilidad de un paquidermo, era la negación de la dialéctica. La desaparición física de Patricio (Echegaray) aceleró la caída y agrandó el abismo, esto permitió el ascenso a los ámbitos de dirección de  la fracción más atrasada y posibilista y consecuentemente  lo condenó a una larga y dolorosa agonía. Las desviaciones reformistas de derecha alcanzaron su cénit, y nos sumergimos en la crisis más profunda de nuestra historia. Esta crisis, de no ser abordada desde un enfoque revolucionario en el seno del partido, será la crónica de una muerte anunciada.

Crisis del 2001 y la vigencia del viraje

El intento de construir una hegemonía estable sobre la base del predominio de los dos grandes partidos en la vida política de la nación y sus contrapartes limitadas e incorporadas al sistema institucional (una derecha no golpista y una izquierda domesticada) se inscribe en un proceso de transnacionalización de la economía. Históricamente, la existencia de dos partidos de masas en la sociedad argentina entraña la separación y la división entre los trabajadores y los sectores medios que constituyen la base social del peronismo y el radicalismo. Desde el punto de vista ideológico implica una falsa contraposición entre las libertades democráticas y los intereses de los trabajadores. Su persistencia como organizaciones a la vez enfrentadas como alternantes, eternizan e impiden la confluencia de los sectores sociales de cuya unidad programática y política depende la constitución de un bloque social y político de la revolución, ambas cosas sucedieron en el 2001.

El reemplazo de un proyecto orgánico, su pérdida de consenso (2001) (crisis del bipartidismo) es interceptado desde el peronismo como principal partido de la gobernabilidad burguesa, con la aparición del homo cualunque y por la emergencia de personalidades carismáticas (Macri y Cristina) implican una situación en donde se requiere y se delega en un árbitro la solución de los desequilibrios sociales y políticos.[3] Es la expresión de dos tendencias que se ponen en evidencia en la actualidad, las exigencias de un viraje a la derecha del conjunto de la superestructuras de las clases dominantes, y centralmente del Estado, para prepararlo para un conflicto de clases abierto por un lado (Macri), y la exigencia de las masas populares a que sus intereses concretos económicos sociales sean contemplados por el otro.(Cristina).

Sería un gran error creer que los grupos monopólicos ataran su futuro a una sola opción política. Tiene preferencia pero el gran capital carece de partido, a la vez que apuesta a varios. Cuando hablan de salvar la economía del país, quieren decir las ganancias del capital.

El poder popular como táctica y estrategia

Tanto la realidad actual como la historia reciente evidencian un grado de extensión de las luchas reivindicativas  de los asalariados fabriles, empleados de servicios y finanzas estatales y privadas, maestras y profesionales, de los habitantes de las barriadas populares, de los movimientos sociales, enorme y con tendencia al aumento. La red que concentran y expresan estos reclamos es inmensa ¿cuáles factores son los que impiden la confluencia de estos reclamos parciales y sus síntesis en un programa alternativo a la política económica y social de las clases poseedoras y dominantes?

El decisivo es el predominio de los sectores burocráticos y conciliadores enquistados en la dirección del movimiento obrero. Al impedir y boicotear la solidaridad de clase, disgregan la lucha de los trabajadores en conflictos sectoriales, trabando la constitución de un frente único de los trabajadores en defensa de sus intereses.

Todo paso en esta dirección se convertirá en un avance importante para centralizar políticamente la lucha de los asalariados y los pobres de la ciudad y el campo. Se trata de constituir espacios alternativos de dirección en todos los niveles del movimiento de masas. Su confluencia tiene un contenido político antiburocrático y de construcción de un programa nacional alternativo. Aquí lo principal es la amplitud y el nudo central es el programa.

Articular el bloque alternativo, es ir construyendo los soporte de masas de un gobierno popular, el esqueleto y el contenido social de un nuevo Estado.

Pero en una estrategia integral esto no sería suficiente, hay que delinear una política de “largo asedio” a las ciudadelas políticas y económicas del gran capital. Una política de construcción de poder popular, de un doble poder móvil sin fronteras geográficas fijas, que funda en una sola línea política: la lucha con la propuesta, la lucha por las reformas sociales y la democratización de la vida política con la lucha de un poder de nuevo tipo que exprese los intereses de los trabajadores y el pueblo. En una sociedad como la Argentina y teniendo en cuenta los elementos aquí abordados, sólo la existencia de este verdadero poder paralelo puede garantizar el desenlace favorable de un enfrentamiento de clases abiertas.[4]

Ante la agudización de la crisis es indispensable avanzar con una línea clara de acumulación política – ideológica  que prepare las condiciones que nos permita avanzar, y en caso de derrota, una reconstrucción relativamente rápida del campo popular.

Los trabajadores deben dotarse de un objetivo político, una meta que los impulse a la lucha por el poder. Sin una nueva cultura política que funda las aspiraciones democráticas a la justicia social, el orgullo nacional con las tradiciones de la lucha anti oligárquica, antiimperialista y anticapitalista, las masas obreras y populares seguirán presas de la “ideología burguesa” y podrán ser capturadas y recapturadas las veces que sea necesario para garantizar la gobernabilidad del sistema.

Una acción enérgica cuyo objetivo apunte a la ruptura de las masas con las dirigencias políticas y sindicales tradicionales, no solo debe ser política sino política ideológica, y es una tarea que solo puede llevar adelante una fuerza revolucionaria, que desarrolle  una nueva cultura de masas de izquierda; solo la presencia de una izquierda fuerte y con influencia masiva puede desatar este nudo gordiano de la política argentina.

Se podrá argüir que estamos en presencia de una izquierda anoréxica, pero este dato de la realidad, no le quita peso analítico a la idea  de que la política de los trabajadores no puede ser sino de izquierda, no para aislarse del resto de los sectores sociales, no para ubicarse como clase enfrentada a todas las demás, sino para construir su  hegemonía  que solo se verifica cuando se disgrega el bloque burgués y constituye el propio. En esta perspectiva nuestra política frentista debe ser desarrollar la unidad de la izquierda, que es por donde pasa en el terreno ideológico político parte inseparable de la lucha por el poder.

Una apuesta  implica necesariamente el riesgo, el peligro del fracaso y la    esperanza del éxito. El riesgo significa que nada está garantizado de antemano, el peligro del fracaso no puede eliminarse porque la derrota nos amenaza permanentemente, pero la esperanza del éxito persiste”[5] y aquí está la clave de un proyecto revolucionario y de cualquier lucha que se emprenda. Lo otro es la resignación, y como sabemos, la resignación es una forma de muerte cotidiana y nosotros los comunistas, somos combatientes de la vida.


Bibliografía sugerida:

Frente y Acción de Masas por la Patria Liberada y el Socialismo; informe del Comité Central del Partido Comunista al XVI Congreso rendido por el camarada Athos Fava, Bs As, 4 de noviembre de 1986, Ed Anteo, 2ª edición.

Las tres tesis propuestas al 17 Congreso del Partido Comunista, noviembre de 1990.

19º Congreso del Partido Comunista Argentino, 3-4 y 5 de noviembre de 1995

21º Congreso del Partido Comunista, 3-4 y 5 de noviembre de 2000

24º Congreso Partido Comunista de la Argentina, diciembre de 2008

Ideología y Política, Revista de Análisis y debate del Partido Comunista

Cuadernos Marxistas, Revista del Partido Comunista de Análisis, Debates y Documentos, 2ª Etapa.

 

Notas

[1] Kirchner y la macroeconomía de la desigualdad : La Contracara de la Argentina Opulenta, Bs As Setiembre de 2006, material en proceso de elaboración , para uso exclusivo de los miembros del Comité Central.

[2] A diez años del 16º Congreso de nuestro partido, Claudia Korol, Cuadernos Marxistas, pág. 49, nov de 1996.

[3] Scioli y el Cualunquismo de Izquierda, Leonardo Juárez, en REVISTACENTENARIO.COM

[4] Para un mayor desarrollo sobre el tema ver: El Poder Popular, notas para un debate necesario, por Julián Katari, en REVISTACENTENARIO.COM

[5]  Melancolía de Izquierda, Marxismo, historia y memoria, pag 109 ,Enzo Traverso. Ed Fondo de Cultura Económica, Caba 2018.

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