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domingo, septiembre 20, 2020

A 48 AÑOS DE LA MASACRE DE TRELEW

Por Jacobo Mansilla

“…porque el que murió peleando
vive en cada compañero…”
Jose Guerra “Milonga del fusilado”

Ante un nuevo aniversario del hecho de Trelew, presentamos unas notas de explicación y análisis sobre el episodio y el proceso político el de los años 60 y 70, periodo signado por una resonancia política incesante, con claves para repensar una estrategia revolucionaria en la Argentina actual.

Ideando la fuga

El 15 de agosto de 1972, en el sur del continente, en la Patagonia Rebelde, se llevó a cabo una operación militar de fuga colectiva en el penal de máxima seguridad de Rawson. La cárcel de Rawson se encuentra ubicada en un lugar geográfico, caracterizado por el aislamiento y sin contacto cercano. Ubicada a 1.500 km de Bs. As., a 70 km de Puerto Madryn y hacia el sur a una distancia de Comodoro Rivadavia de 400 km. La base estaba rodeada por una dotación fuerzas represivas: la existencia aeronaval Almirante Zar, la presencia de fuerzas del ejército, la policía Federal, la Gendarmería, la prefectura, un destacamento naval en Puerto Madryn, además de la policía provincial en todas las ciudades. La cárcel tenía 8 pabellones. Dos de ellos estaban ocupados por 51 detenidos por causa de delitos comunes y los seis restantes, por de 275 presos políticos, pertenecientes a varias organizaciones revolucionarias, progresistas, dirigentes estudiantiles y sindicales combativos, entre ellos estaba el respetado dirigente sindical y vector de unidad de las fuerzas del bando del pueblo, el “Gringo” Agustín Tosco.
Una parte sustancial de los presos se auto consideraban “prisioneros de guerra” constituyendo un centro de actividades cotidianas, continuando su practica de “revolucionarios profesionales”, signados por la profundización del estudio político-ideológico, exigían mejores condiciones de vida en el penal y la organización por pabellón, donde el criterio no era el de la pertenencia organizativa. La cárcel era una verdadera “escuela de cuadros”.
La existencia del plan de fuga no era desconocida por los carceleros y los militares, pero sus servicios fueron superados por la capacidad e inventiva de los dirigentes, cuadros medios y militantes.
Hubo varios planes de fuga. El primero contemplaba la salida por tierra por los dirigentes, por la imposibilidad de salir masivamente, por lo desértico y el aislamiento de la zona. Otro fue el cavado de “tatuceras” (pozos en la tierra para esconderse), pero era un plan inviable, por la posibilidad logística de esconder mas de 100 personas. Se compró un avión a un mafioso, pero no se concretó por la facilidad de ser detectado y la posibilidad de un ataque seguro por la fuerza naval, también se comenzó a excavar un túnel al interior del penal, pero la tierra era muy tosca, se llenaba de agua y no había manera de sostenerlo. El túnel, recién sería descubierto en 1977 en una requisa del penal.
Todos los planes contemplados, presentaban desde los inicios, el problema logístico de la retirada. Se podría salir del penal, sí. Pero el problema una vez afuera, era como efectivamente escaparse, la situación no era nada fácil. Se decidió pasar al plan de la “economía de fuerzas” y a un escape colectivo. La clave de la fuga, fue un principio guerrillero, la sorpresa, la precisión logística y la rapidez, para generar un movimiento inesperado. Los militares pensaban que todos los planes de fuga viables, contemplaban la posibilidad real de un ataque desde el exterior, como venía sucediendo en otros rescates. Los profesionales de la guerra analizaban la situación, con lo que venía sucediendo en otros casos previos, no así las posibles novedades…
La fuga del penal, fue diseñada desde adentro y contaba con la colaboración y solidaridad desde el exterior, por parte de la militancia política y de la solidaridad activa de la población local, que organizó la comisión de solidaridad con los presos.
Al interior de la cárcel se organizaron en tres comandos organizativos, con un “comité central” . El primero estaba integrado por 6 miembros de las jefaturas de las organizaciones: el jefe, naturalmente fue Roberto Santucho, secundado por Gorriarán Merlo y Domingo Menna por parte del PRT-ERP, Marcos Osatinsky y Roberto Quieto por parte de los marxistas-peronistas de FAR y por los peronistas revolucionarios de Montoneros, Fernando Vaca Narvaja, que si bien no participaron activamente como organización, le dieron libertad de acción a sus cuadros y militantes. El segundo grupo, estaba compuesto por 19 personas, que salieron de la cárcel, pero se quedaron en el aeropuerto, al mando de Mariano Pujadas, Rubén Bonet y María Antonia Berger. El tercero era el más numeroso, con 115 combatientes, que no pudieron salir, quedándose dentro del penal, con la jefatura a cargo del Nono Ortolani. Se contaba con la colaboración, no solo por dinero, del guardia cárcel Carmelo Farzio, que facilitó la entrada de trajes militares y armas.
Durante la planificación, se fue construyendo un mapa de las instalaciones, el personal y los tiempos. Se estudió la rutina de los guardias, se confeccionaron varios planos, la medición de todos los espacios, se calculó la distancia en tiempo entre los pabellones, la fabricación de gorras similar a los del servicio penitenciario por las mujeres, como también confección de puntas, armas de jabón y maderas, etc.
Para que la fuga fuera posible, se debía reducir a la guardia interna de 25 hombres distribuidos por 4 pabellones, luego la externa de 30 y no alertar a los 80 que estaban en el exterior.
Desde el exterior tendrían un apoyo logístico, Jorge Marcos por el PRT-ERP, Cacho Lewinger y Florencio Tancoff por las FAR y Capuano Martinez por Montoneros. Este grupo exterior se subdivieron en tres grupos operativos. Por un lado, el grupo de traslado, encargados de entrar al Penal recoger a los presos y dirigirlos al Aeropuerto, Goldenberg, Lewinger y Gonzalo Tanganica. Por otro lado, estaba el grupo perteneciente al Aeropuerto, donde estaba Jorge Marcos y la Petisa Ana Wiesen y otro compañero de FAR y que se encontraba localizado a solo 300 metros de la base Amirante Zar y finalmente, el tercer grupo integrado por Fernández Palmeiro, Alejandro Ferre, que venían en el avión de la empresa comercial Austral, desde Comodoro Rivadavia y su objetivo era garantizar que el avión no se fuera. La cuestión de la coordinación era compleja y además no contaban con un aparato de comunicación fluida desde el interior con el exterior.

Operación Masacre

La operación de fuga fue casi perfecta, con una sincronización verdaderamente asombrosa, en menos de 14 minutos, lograron tomar la totalidad del penal. El primer grupo interno, el Comando Unificado, lograron reducir a los efectivos de la guardia, liberaron el pabellón de las mujeres y pudieron salir del penal. Cuando están afuera, toman nota que algo no salió bien porque no están todos los transportes previstos, se encontraba solamente el auto Ford, manejado por Carlos Goldenberg. Luego de una ronda alrededor del penal para ver si encontraban el resto de los transportes, se dirigen hacia el Aeropuerto, logran tomar el avión, dirigiéndose a Chile, donde gobernaba la Unión Popular, fueron recibidos por el gobierno de Salvador Allende y producto de la presión de las movilizaciones encabezadas por el MIR, les facilitan un salvoconducto y días después se trasladaron a Cuba que era el plan a, el b era Argelia. En la isla caribeña, fueron recibidos por el pueblo y su conductor, el comandante Fidel Castro.
El segundo grupo de 19 combatientes, una vez liberado, comienzan con el copamiento de la enfermería, la cocina, la capilla y continúa la reducción de los custodios, con una escaramuza, en donde cae muerto un guardiacárcel y otro herido en las torres de control. Cuando asoman al exterior del penal, se dan cuenta que no se encuentran los camiones de transportes, logran transportarse por una flota de tres taxis camino al aeropuerto y por minutos, no llegaron a realizar el abordaje del avión. El plan previo, contemplaba el abordaje de un segundo avión que arribaría a la pista, pero se tuvo un error de subestimación. Las fuerzas castrenses, al tomar nota de la operación, se comunican con el avión en vuelo, advirtiendo que no aterrice en la pista. Ante el cuadro de la situación, deciden tomar la base aérea y luego negociar una rendición (la foto histórica de Emilser Pereira, donde se observa a los combatientes mirando de frente) con el Capitán Luis Sosa y las autoridades, pidiendo la presencia de un juez, Alejandro Godoy, de periodistas locales y un medico para garantizar la integridad física de todos, con el acuerdo de llevarlos al Penal. Llevan a cabo una conferencia de prensa, que se convierte en un acto político y de denuncia al régimen militar, como lo retrata Raymundo Gleyzer en el documental sobre el episodio “Ni olvido, ni perdón. La masacre de Trelew”.
La disciplina, tranquilidad y la moralidad en una situación candente, era el temple de hombres y mujeres, forjados al calor de la lucha de clases, como cuadros políticos del bando popular. Mariano Pujadas (Montoneros), durante la conferencia de prensa organizada en la base, remarca el proceso de unidad de las fuerzas revolucionarias, Pedro Bonet (PRT-ERP), retoma la línea de unidad y denuncia el uso de la tortura abierta contra la militancia. Los puntos del acuerdo sobre la rendición no fueron respetados y fueron trasladados a la base naval Almirante Zar.
Mientras sucedían estos hechos, el tercer grupo que se quedó al interior del penal, deciden tomarlo durante horas tensas, para darle tiempo de fuga al resto, organizando barricadas y pidiendo también la presencia de la prensa, juez y médicos, con el mismo objetivo de salvaguardar sus vidas, a cambio de entregar las instalaciones del penal de máxima seguridad.
Los presos trasladados en la Base Naval, estuvieron incomunicados de los familiares y de los abogados, Mario Amaya e Hipólito Solari Yrigoyen, que estando en el lugar no se podían acercar a la base. El resto de los abogados, Ortega Peña, Eduardo Luis Duhalde, Carlos González, Rodolfo Matarollo y Pedro Galán, ni siquiera pudieron acercarse a la ciudad, declarada como estado de emergencia, completamente tomada por las fuerzas del aparato represivo del Estado.
¿Cuáles fueron los errores centrales de la operación?. Se balanceo posteriormente por los protagonistas que pudieron sobrevivir, que el grupo exterior no estaba convencido plenamente del éxito de la operación, consideraban que era una acción aventurera, a diferencia de la decisión mayoritaria de los combatientes internos, cargados de fuerza moral, con una clara convicción, hasta casi temeraria.
Durante la madrugada del 21 de agosto, el grupo de 19 compañeros es vilmente fusilado a sangre fría, en el pasillo de las celdas de la base de la Marina e incluso algunos rematados. Tres fueron los sobrevivientes del “modus operandi”, Alberto Camps, María Antonia Berger y Ricardo Haidar, que contaron la historia detalladamente, el 24 de mayo de 1973 en la cárcel de Devoto, al periodista y poeta combatiente Paco Urondo, preso político también como ellos, en el libro “La patria fusilada”. Los que apretaron los gatillos fueron: Capitán Sosa, Capitán Herrera, tenientes Roberto Bravo y Emilio del Real y el cabo primero, Carlos Marandino. El mas “democrático” de las fuerzas militares, Agustín Lanusse, fue el autor político. El gobierno asimismo tensionó la cuerda con la diplomacia chilena para que sean extraditados el grupo de los 6 dirigentes fugados, a través del brigadier Mc Loughlin.
La versión oficial sobre los hechos, fue echada a rodar por el jefe del Estado Mayor Conjunto, Hermes Quijada, en nombre de la junta de Comandantes, planteando que se había tratado de un nuevo intento de fuga, simulando un enfrentamiento. Para evitar la difusión pública del relato de los sobrevivientes, se agregó el artículo 212 al código penal, que se penaba con prisión.
La fuga debe ser interpretada como una clara expresión de un “clima de época” del mundo, la región y el país con su propia impronta, con fortalezas y debilidades. Significó, políticamente, un golpe a la Dictadura que gobernaba el país desde 1966, con variaciones inestables en el elenco (Ongania, Levingston y Lanusse) y la respuesta-ataque de ésta, fue el aniquilamiento físico de una camada de cuadros políticos de varios destacamentos revolucionarios y a los militares no les “tembló el pulso” ante el desafío.

La guerra como continuidad de la política.

“…comenzando por las relaciones de fuerzas internacionales (donde se ubicarían las notas escritas sobre lo que es una gran potencia, sobre los agrupamientos de Estados en sistemas hegemónicos y, por consiguiente, sobre el concepto de independencia y soberanía en lo que respecta a las potencias medianas y pequeñas) para pasar a las relaciones objetivas sociales, o sea el grado de las fuerzas productivas, a las relaciones de fuerza política y de partido (sistemas hegemónicos al interior del estado) y a las relaciones políticas inmediatas (o sea potencialmente militares)…” Antonio Gramsci.

La inestabilidad política y social en los centros capitalistas y en lo que, por entonces, se denominaba “tercer mundo” era el denominador común en la época de los años 60 y principios de los 70 ,con una intensidad mas profunda en el “tercer anillo del mundo”.
La Revolución Cubana marcará un punto de inflexión en América, marcará a fuego la segunda mitad del siglo XX. La isla inició una transformación social en plena guerra Fría, rompiendo el esquema de alineamiento con EEUU, trayendo una enorme repercusión política en todo el continente.
En las “periferias” de Asia y África arreció una nueva ola de luchas anticoloniales, procesos revolucionarios y guerras abiertas con potencias mundiales-algunos procesos devinieron en socialistas-, lo que alentó a movimientos de liberación en el Cercano Oriente y en la misma Europa (vascos, irlandeses, kurdos, etc.).
A partir de los hechos de masas contra el régimen de la dictadura militar de Onganía y sus sucesores castrenses, conocidos popularmente como “azos”, Cordobazo, Rosariazo, Cipoletazo, Correntinazo y el segundo Cordobazo, Viborazo, etc. se desarrollan y extienden a lo largo y ancho del país, luchas que durante su desenvolvimiento van adquiriendo un carácter antimperialista y anti-capitalista, integradas mayoritariamente por la clase obrera, el movimiento estudiantil y el “pueblo”, contra el enemigo principal, la dictadura. En estos hechos aparecerán públicamente las organizaciones armadas, produciendo hechos armados, en este clima de ofensiva popular, moviéndose como “peces en el agua”, pero la burguesía y sus cuadros armados no se quedarían, lógicamente de brazos cruzados.
En estas luchas los escenarios principales de disputa pasaban por las calles, donde las masas expresan su predisposición a la confrontación contra el régimen político, en un clima insurreccional. De esta manera, comienza a tomar forma, una fuerza social política (todavía en germen) que desplegara una ofensiva contra el orden de legitimidad construido por la clase dominante, poniendo a la orden del día la disputa por la iniciativa política y militar.
En este contexto, frente a una situación que desbordaba los limbos del control de la burguesía, la estrategia de los sectores ilustrados será, la defensa estratégica, en palabras de Mao. Dicha estrategia consistía, por un lado, en reconstruir la legitimidad violentada y encausar los conflictos hacia la institucionalidad, fundamentalmente con el GAN (Gran Acuerdo Nacional) anunciado en septiembre de 1971 y por otro, la parte fundamental, será librar una guerra irregular para comenzar a aniquilar a los destacamentos revolucionarios.
Estos movimientos del ajedrez político se complementarán en la elaboración de métodos legales e ilegales para cumplir su objetivo. El decreto de ley 19.801, será la herramienta jurídica para llevar a cabo los asesinatos políticos, combinándolo con el aumento de elementos del lumpenproletariado en los organismos de inteligencia, con el objetivo de aumentar el espionaje político en todos los ámbitos de la sociedad. Como expresó el sociólogo, Juan Carlos Marín, la acumulación originaria del genocidio, en parte sustancial, los “desaparecidos” comenzó a tejerse la trama en estos momentos.
Durante este periodo la lucha de clases y las luchas sociales se agudizaron notablemente y la vinculación de las organizaciones con las masas y la fuga de Trelew se inserta en este proceso. Esta situación contribuyó a generar las condiciones para un proceso de unidad en el accionar, que demostraba la debilidad de la dictadura militar y expresaba el germen de partido y el ejército de la revolución por la liberación nacional y social y la coordinación en Trelew, lo dejó planteado, blanco sobre negro.
El traslado de los presos políticos hacia el sur del país, tenía como objetivo aislar a los cuadros políticos más destacados, separando de las bases sociales en la cual se encontraban insertos cada uno de ellos. Las condiciones del “desierto” sin embargo, no impidió la invención de la organización del escape.
La masacre de Trelew, además tuvo la puesta política de hacer una divisoria de aguas en las fuerzas populares, entre quienes se sumaban a la reglas del juego del GAN y los que persistían en una postura revolucionaria.
Otra significación fundamental, consistió en avizorar el ensayo general de un procedimiento político militar por el elenco del estado, en la práctica sistemática de crímenes y torturas que practicarían la Triple A y la fuerza social contrarrevolucionaria en el gobierno y desplegado con toda su intensidad a partir de marzo de 1976. Además era la expresión de un aprendizaje de la burguesía mundial asociada a la local y mamada por el Ejército Argentino, de las usinas franceses y norteamericanas de las experiencias guerrilleras e insurreccionales (Vietnam, Argelia, el Che en Bolivia, etc).

¿Se podia ganar?

«…Se habla de capitanes sin Ejército, pero en realidad es mas fácil formar un Ejército que formar capitanes. Tan es así que un ejército ya existente sería destruido si les llegase a faltar los capitanes, mientras que la existencia de un grupo de capitanes, acordes entre sí, con fines comunes, no tarda de formar un Ejército aún donde no existe…» Antonio Gramsci

Analizar los motivos de la derrota, es un punto de partida ineludible, para quienes se dedican al estudio del periodo, pero sobre cobra relevancia fundamental para quienes nos ubicamos como continuadores en el camino iniciado en aquellos años.
Por un lado, además de saber el final con antelación de la película, en la cual, la contrarrevolución abierta desde entonces en la Argentina, derrotó a las diversas estrategias populares: la “lucha armada” en sus diversas manifestaciones, a la línea “insurreccionalista” y también a la “vía pacífica”; por otro, el bando del pueblo quedó a mitad de camino en el despliegue de una síntesis superadora, en la lucha de clases abierta, el vació político unitario “falto a la cita”, sino quizás la historia hubiera sido otra.
La operación de Trelew, fue una de las acciones mas osadas en la historia de la guerrilla Argentina. El lema compartido por todos los presos políticos y sociales era la construcción del “hombre nuevo”, durante todos los días levantarse y decir “hoy voy a ser un poquito mejor que ayer”. La situación de encierro y aislamiento, fue contrarrestado por la iniciativa política de unidad en la diversidad, de militantes sociales, capitanes, oficiales y soldados del pueblo, que no se continuó puertas afuera. Expresó la unidad revolucionaria necesaria contra el sectarismo, que no se mantuvo en el tiempo y no trascendió lo episódico y aún llegaba tarde, el 19 de julio de 1976, con el intento de creación de la OLA (Organización para la Liberación Argentina).
La puesta en marcha del GAN (Gran Acuerdo Nacional), cumplió su objetivo estratégico, en el juego político-militar a dos bandas, reconstruyó la hegemonía perdida de la clase dominante. Por un lado, logró meter la cuña en el seno de las organizaciones revolucionarias, que dividieron sus tácticas frente a la fuga masiva, ante el escenario electoral y por consiguiente a la concentración de fuerzas en la disputa; los Montoneros apuestan a al salida democrática, bajo la conducción de Perón, el PRT-ERP tendrá una posición de ataque al gobierno y una propuesta electoral fallida en la candidatura entre Tosco y Armando Jaime y el PC, apostando a una salida democrática con el ENA (Encuentro Nacional de Argentinos) y por otro el plan de la contra, logro “poner en caja” nuevamente la situación política, se impuso en el centro político del debate el proceso electoral, convocando nuevamente a los Partidos Políticos y la institucionalidad de los atributos estatales, consolidando la “farsa electoral”. Como plantean algunos intelectuales marxistas ( L.Rozitchner) y leninistas (Bonavena/ Nievas), cuando el centro del debate es la democracia contra el ascenso de masas, la democracia funciona como una verdadera “vacuna contra la Revolución”. A partir de entonces la burguesía comenzaba a aliviar sus pesadillas políticas, poco tiempo después directamente, “dormirían tranquilos”, perdurando su sueño alivianado hasta la actualidad.
La falta de unidad estratégica de las fuerzas político-militares fue el “talón de Aquiles”, que explica en parte, la derrota que se comenzaba a transitar, a partir de entonces. Como plantea Gramsci, la lucha se comenzaba a encarrilar en la etapa de la confrontación bajo el aspecto político, técnico-militar, con claras ventajas, en manos de las fuerzas estatales, mientras que el bando del pueblo, en cambio no desarrolló el “Estado Mayor Conjunto Popular” y menos aún, una coordinación estratégica regional, mas tarde llegaría con la JCR (Junta Coordinadora Revolucionaria, pero no fue suficiente) para enfrentar la guerra civil declarada al bando del pueblo a partir del bombardeo de la plaza de mayo en 1955.
La fuerza de voluntad demostrada por diversas fracciones de clases y su entrega a la causa revolucionaria, es la mejor enseñanza que nos dejaron las generaciones de los compañeros de los 60 y 70 y mas allá de aciertos y errores, supieron hacer de la rebeldía una organización consciente para la transformación social y política de nuestro país. Nuestro mayor homenaje a los compañeros caídos es seguir organizándose y seguir peleando para construir la sociedad que soñaron y por la que lucharon, el necesario Socialismo.
Los Compañeros fusilados el 22 de agosto de 1972 fueron: Alejandro Ulloa, Maria Delfino, Miguel Polit, Pedro Bonet, Ana Villareal de Santucho, Clarisa Lea Place, Eduardo Capello, Humberto Suarez, Humberto Toschi, Jose Mena, Susana Lesgart, Maria Sabelli, Mariano Pujadas, Alfredo Khon y Carlos Astudillo. Los sobrevivientes fueron: Alberto Camps, María Antonia Berger y Ricardo Haidar.

 

Bibliografia
Juan Carlos Marín Los hechos armados. Un ejercicio posible. CICSO. 1984.
VVAA Orígenes y desarrollo de la guerra civil en la Argentina 1966-1976. Editorial Eudeba.
Daniel de Santis La historia del PRT por sus protagonistas. A formar filas
Eduardo Sartelli, Stella Grenat y Rosana López Rodríguez Trelew, el informe. Arte, ciencia y lucha de clases: 1972 y después Ed. ryr

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