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miércoles, octubre 28, 2020

COVID, PANDEMIA Y DESPUÉS [DEBATES]

¿Qué sobrevendrá a la crisis del Coronavirus?

Inaugurando una nueva sección, quienes hacemos Revista Centenario decidimos abrir un foro de intercambio y debate a fin de que distintos referentes de la izquierda local e internacional brinden sus enfoques acerca de diversos temas.

En esta oportunidad, reproducimos las opiniones de cuatro de esos referentes.  FLABIAN NIEVAS, GUILLERMO PESSOA, DAMIÁN RIPETTA Y LEONARDO JUÁREZ, fueron consultados por RC sobre la incidencia de esta coyuntura inédita provocada por la pandemia de COVID-19 sobre la crisis del capitalismo global en base a dos preguntas:

  1. ¿Qué consecuencias pensás que pueda acarrear para el capitalismo global esta situación pandémica y post pandémica?
  2. ¿Cómo ves que está repercutiendo social y políticamente y qué pensás acerca de las consecuencias que pueda tener en Argentina y en el resto de la región?

 

FLABIAN NIEVAS

Sociólogo y Doctor en Ciencias Sociales (UBA/CONICET)

1. «Indudablemente, la primera víctima de esta pandemia, es el capitalismo tal como lo conocimos hasta ahora. Por supuesto, no hay en el horizonte una perspectiva post-capitalista, ya que los cambios sociales no los hacen los virus, sino los hombres. Pero es evidente que la globalización ha resultado ser el talón de Aquiles del sistema. La interconexión capitalista mundial tornó excepcionalmente difícil enfrentar la pandemia de un virus relativamente benigno, cuya tasa de mortandad es similar o apenas superior a la del dengue (al menos hasta ahora, ya que hay versiones de mutación del virus a una forma más letal, pero habrá que constatar si esto es así). Si uno lo ve desde esa perspectiva, la pregunta es por qué la paralización del mundo. Y es que, a diferencia de otras pandemias, ésta tiene una altísima tasa de expansión, debido a la alta contagiosidad del virus. Esta contagiosidad lleva a que se enfermen simultáneamente más personas que las que los sistemas de salud admiten, lo que los lleva al colapso, primero sanitario, después económico, y finalmente político, y todo en muy pocos días. Por ello, y no por razones humanitarias, muchos gobiernos actuaron con premura en cuanto a las medidas de prevención (fundamentalmente el aislamiento, una efectiva práctica medieval), que precipitan la de todos modos inevitable debacle económica, pero salvando gran cantidad de vidas y, en consecuencia, el sistema político. Es lo que se llama “minimizar los daños”; si la pérdida es inevitable, que sea lo menor posible. Tomar las prevenciones, aun cuando tengan un costo elevado, resulta ser la respuesta más inteligente (y más humanitaria).

Ahora bien, si algo ha quedado destartalado es el capitalismo “post-industrial”, es decir, anclado firmemente en el tercer sector de la economía y las finanzas. Gran parte de ese tercer sector, que para muchos países es su principal industria, el turismo, ha quedado malherido y va a necesitar mucho tiempo para recuperarse, lo que va a llevar a la irremediable caída de los PBI de dichos países. Por otra parte, si, como se dice, unos 40 países entrarán irremediablemente en cesación de pagos de sus deudas soberanas, sea de manera abierta (default) o encubierta (renegociaciones), más los impresionantes déficits fiscales de casi todos los países del mundo, lo previsible es una merma en el intercambio internacional de bienes, una suerte de ensimismamiento, lo que es, ostensiblemente, un retroceso enorme del capitalismo de la etapa en la que estaba (recordemos que la velocidad de rotación y la tasa de ganancia son las dos variables principales para la acumulación de riqueza). Por lo tanto, el capitalismo deberá reinventarse. Una cosa debemos tener presente: los capitalistas pierden dinero, pero ni un ápice del poder que detentan. Por eso, son ellos quienes tienen en sus manos, en principio, el rediseño del capitalismo. ¿Lo harán de acuerdo a su voluntad? No, en absoluto. Dependerá de cómo y cuánto se oponga el proletariado internacional a las nuevas condiciones opresivas que intenten imponer. Pero no es solo oponerse, sino también tener la astucia y la inteligencia para ir construyendo formas alternativas. De modo que se pueden afirmar dos cosas con relativa seguridad: que el capitalismo sufrirá variaciones a como lo conocemos, y que estas variaciones dependerán, en su estructuración, de las múltiples luchas que conforman la lucha de clases en general. Seguramente esto puede parecer abstracto e insuficiente, pero ir más allá parece imprudente. El retorno del “Estado de bienestar” que sueñan muchos, no deja de ser, por ahora, un sueño.”

 

2.  «En general las pandemias llevan al cerramiento de las sociedades, al menos en un primer momento, y las crisis económicas y/o políticas, suelen tener salidas “por derecha”. Este es el marco histórico que nos tiene que servir como telón de fondo para la reflexión. En Argentina, al menos por el momento, es notoria, por un lado, la pelea entre los representantes del capital más concentrado y la lumpenburguesía, y la fuerza política a cargo del Estado, conducida por estadistas burgueses; y por otro, la ausencia de una fuerza revolucionaria. La izquierda parlamentaria oscila entre el eslogan sin contenido, y las posiciones de consonancia con el gobierno, muchas veces más sensatas. Sus “denuncias” son elementales, y la demanda de que los trabajadores no paguen la crisis, no deja de ser una expresión de deseos, ya que no se ha construido poder social para eso.

En la región los números de la pandemia demuestran, hasta ahora, que las fuerzas de derecha más radicalizada a cargo de los gobiernos (Perú, Brasil, Ecuador y Chile) tienen las peores tasas de infección y mortalidad por causa del Covid-19 (sobre Bolivia es poco lo que se puede decir, ya que las cifras no son confiables). Esto generará una recesión económica enorme, y es posible que eso alimente ciertas variantes fascistas. Lo que no resuelven por derecha, lo intentarán resolver por ultraderecha. En Argentina, esa payasada cobra cuerpo en la marcha “contra el comunismo”. Esto muestra los límites a los que se enfrenta el proyecto moderado burgués que hoy comanda el Estado. Ante esta situación, muchos izquierdistas se alinearán con el gobierno (lo que no está bien ni mal en sí mismo), sin aprovechar la crisis, que siempre abre oportunidades, para instalar una perspectiva anticapitalista. La situación actual es como el mar cuando baja la marea: deja a la vista aquello que no se veía. Al igual que en 2001, se abre una ventana de oportunidad, esta vez no política, sino ideológica, que puede devenir política. Fundamentalmente, la oposición que instalan los medios de difusión masiva entre economía y salud, debe traducirse entre economía y vida. Esta situación no solo muestra la peor miserabilidad del gran empresariado, sino también la absoluta inconsistencia de sus voceros desde hace décadas: esa lacra exudante de ignorancia e idiotez, que son los “economistas”. Los más radicalizados, conocidos como “neoliberales”, ahora devenidos rápidamente en infectólogos, son los más fáciles para dejar en evidencia. A los moderados, que apuestan al neokeynesianismo y se muestran preocupados por la suerte de la población, en particular por los más desposeídos, se les debe preguntar por qué razón hay que seguir apostando al capitalismo. Hoy es más sencillo ver y mostrar que la pobreza es la contracara necesaria de la riqueza; y que, por lo tanto, no se puede luchar contra la pobreza sin luchar contra la riqueza.

También debemos tener siempre presente que la coyuntura no marca la agenda revolucionaria, pero un revolucionario debe actuar sobre la coyuntura, en especial cuando se abren estas oportunidades que nos sacan del tedio cotidiano y nos permiten hacer preguntas que desacomodan el conjunto de respuestas automáticas que operan como cobertura ideológica en momentos de reproducción normal del sistema. De modo que, en alguna medida, las consecuencias en Argentina de esta pandemia dependen de nuestras acciones.”


 

GUILLERMO PESSOA

NUEVO MAS

 

1. “La pandemia y la crisis sanitaria que el capitalismo ha puesto al desnudo es un hecho histórico universal, como diría Hegel, del cual no sabemos aún todas las consecuencias que ocasionará. No solamente en cuanto a colapsos de sistemas de salud enteros, sino también porque profundizó la recesión de 2007/08 (hay todo un debate entre economistas marxistas sobre ello) pero que siendo aún mayor, su dimensión y alcances son difíciles de mensurar hoy.

Algunos números son realmente impactantes. Los ya de por sí magros porcentajes de crecimientos del PBI de la economía mundial, realizados por organismos internacionales como el FMI, quedaron sobrepasados con la irrupción de la pandemia y ahora tienen todos signos negativos. El desempleo en EEUU rondará el 25% y hay porcentajes mayores para otros países y regiones.

Cuando esto acabe, es impensable hoy saber cuándo y la aparición de una vacuna tendrá bastante que ver con ello (lo que también pone sobre el tapete el rol de los grandes laboratorios y la propia OMS que en los últimos años desfinanciaron todo proyecto que tenga que ver con la creación  de nuevos y mejores antivirales),  el escenario económico presentará un recrudecimiento en lo que ya algunos denominan “Nueva Guerra Fría” entre los EEUU y China y la posibilidad de nuevos nacionalismos reaccionarios, no está descartada.

O sea que estamos en presencia de una situación realmente novedosa: la combinación de una pandemia con una recesión económica profunda. Esto afectará (ya lo está haciendo)  la legitimidad de estados y gobernantes varios y provocará (algo que ya estaba sucediendo casi a escala planetaria antes del COVID 19 con protestas y rebeliones diversas) un crecimiento de la polarización social entre las clases, con enfrentamientos más duros y más estados de excepción, como los necesarios confinamientos ya dejaron ver. No hay linealidad ni determinismo  objetivista en esto. No habrá salida sin un sujeto político y social que levante un programa para dar respuesta a la misma.”

 

2. “La respuesta merecería un desarrollo mayor y un estudio más pormenorizado país por país si queremos enfocar la región toda. Sin embargo intentaremos algunas aproximaciones en especial en relación a la Argentina, que tiene además como país dependiente el problema de la deuda.

Desde el Nuevo MAS, definimos al gobierno de Alberto como social liberal para distinguirlo del macrismo (o el de Bolsonaro o Piñera que tampoco son  idénticos) de rasgos neo liberales. Sin perder de vista en ningún momento que TODOS son gobiernos 100 % capitalistas y por ende, ninguna corriente revolucionaria, con o sin representación parlamentaria, debe darle apoyo político alguno;  sostenemos (volviendo al gobierno argentino) que lo “social” es fundamentalmente discursivo, para la tribuna, pero sin ninguna medida concreta en beneficio de los trabajadores y el pueblo y sin tocar un milímetro las ganancias capitalistas.

Este proyecto del “impuestito” a las grandes fortunas, el kirchnerismo lo cajoneó apenas esbozado y ni siquiera se atreve a ese mínimo gesto. Es conmovedor  ver a periodistas sensatos como Bercovich, reclamándoselo en aras de la responsabilidad por mantener la gobernabilidad (burguesa) y que el estallido social no sea una realidad. No escatiman legitimidad: citan a referentes internacionales como Ramonet y Picketty para convencerlo.

El escenario actual entonces, nos muestra una derecha que  tiene una agenda y actúa en consecuencia: el cacerolazo programado para hoy mientras escribo estas líneas y la presión empresarial para que irresponsablemente se levante la cuarentena, son ejemplos de ello. El progresismo también lo tiene: la tasa Tobin y un keynesianismo siglo XXI son sus caballitos de batalla. La izquierda revolucionaria debe presentar la suya, que no es otra que acompañar toda lucha que se presente (y se están presentando), denunciar el rol traidorísimo de las burocracias sindicales de todo pelaje que avalan despidos y la reducción del salario obrero e ir levantando una serie de reivindicaciones que enfoquen la salida a la gran crisis existente y la que vendrá, con la vista puesta en plantear un nuevo régimen económico social que supere al capitalismo y que no es otro que el socialismo, con los trabajadores acaudillando a los demás sectores oprimidos: las mujeres, la juventud, etc.»

 


DAMIAN RIPETTA

Militante de Marabunta

en la Corriente de Izquierda Poder Popular

 

1. “Adelantarse o especular acerca de derroteros futuros de la presente crisis capitalista, es algo que atenta contra cualquier análisis previo. Los socialistas no hacemos futurología. Por otra parte, hemos visto numerosos cantos de sirena de fin de época, llamadas de pequeños-burgueses atribulados a aprovechar el colapso pandémico mundial, en una especie de mea-culpa generacional, o incluso quien ha asegurado ver delfines en los lugares más insólitos, o aguas prístinas en anteriores pozos nauseabundos. Todo esto, como si el colapso humanitario y medioambiental que se desarrolla vía el presente sistema social inmerso en la crisis pandémica, pudiese remediarse por ósmosis, por un apesadumbramiento moral y buenas intenciones, o por unos pocos días donde la devastación productiva capitalista no impactaran de lleno en el medioambiente.
Por otra parte los cantos de fin de época son ahistóricos. Habitamos probablemente, y habrá que ir estudiando sus consecuencias, la principal crisis económico-política a nivel generacional, pero no es ni la primera ni la más fuerte que ha atravesado el propio capitalismo.
Lo cierto es que la presente crisis sanitaria que deja una portentosa devastación económica a su paso, se monta sobre una situación económica internacional anterior por demás inestable. Hasta el momento no se había salido plenamente de la crisis inmobiliaria desatada en el 2008 y los albores de un amanecer estable aun parecían prematuros. Tras estos meses aquellos amaneceres quedan aun más rezagados cuando todas las previsiones y análisis auguran una crisis superior en envergadura a la de hace diez años. La propia maquinaria China que había permitido sobrellevar y paliar parte de la crisis anterior ya venía dando muestras de ralentizamiento.
Las consecuencias politicas desprendidas de la crisis anterior estaban a la vista. La caída del monopolio de los principales partidos burgueses (cuando no su radicalización por derecha), y a su vez el ascenso de partidos conservadores y nacionalistas de corte filofascista en Europa, Estados Unidos y algunos países de América Latina; la inestabilidad, invasiones, masacres, golpes de Estado y guerras en buena parte del África y el Medio Oriente islámico, por sólo citar algunos ejemplos de un mundo que presentaba salidas de la crisis cada vez por derecha (incluso en ocasiones de sesgo filo-fascista); pero lo que no emergía, salvo vagas tentativas socialdemócratas, era una alternativa antisistémica de corte anticapitalista. El socialismo como alternativa de poder real estaba y está ausente.
Entonces por un lado, vemos un agotamiento acelerado del ralentizado crecimiento previo. Una crisis que se monta sobre las consecuencias de la otra no puede menos que tener consecuencias devastadoras para cientos de millones de trabajadores. A su vez y como toda crisis, la presente expresa notables movimientos internos en la burguesía donde algunas fracciones no podrán sobrellevarla lo cual lleva a concentraciones aun mayores. A medida que la pandemia se extiende la miseria avanza con vertiginosidad. Todo hace prever que las consecuencias de la crisis serán considerablemente más fuertes que en el 2008 donde la explosión de la burbuja financiera dejó una sombra de 22 millones de trabajadores despedidos y Estados que se dedicaron a invertir miles de millones en el rescate de la propia burguesía financiera. Hoy, sólo en EEUU donde la pandemia está causando estragos, se cuentan por decenas de millones los despedidos que deben pedir asistencia social. Las consecuencias sociales de un sistema que defiende la rentabilidad y no la calidad de vida de la población están a la vista.
Al arrasamiento económico brevemente descripto, la cuestión radica en la capacidad a dar una respuesta política a la crisis. Las derrotas de las últimas décadas, la caída de todo el andamiaje del «socialismo real» y un creciente aislamiento en el seno de los movimientos obreros llevó a una marginación de las organizaciones revolucionarias que hoy pagamos carísimo. Recomponer, ladrillo a ladrillo las perspectivas revolucionarias, el horizonte político socialista y la inserción en los grandes movimientos de masas, suena a poco cuando los clarines del colapso civilizatorio están a la vuelta de la esquina. Así y todo, los niveles de opresión que se manejen post-crisis van a depender de la capacidad a responder a esos desafíos. Cuanto avancen sobre los dísimiles derechos del pueblo trabajador en los distintos países va a depender de esa capacidad.
A su vez, y paralelamente, nosotres vemos con expectativa la emergencia de grandes movimientos de masas en torno al feminismo y en torno al colapso mediambiental. Entender e interpretar las caracteristicas inherentes del capitalismo y su vinculación con el hetero-patriarcado, así como con la destrucción de los bienes comunes lleva ver en esas emergencias, respuestas a manifestaciones del capitalismo. De nuevo, la capacidad a unificar las luchas, y darle un sesgo antisistémico, recomponer las alternativas revolucionarias a los ojos de la masa del pueblo oprimido serán las tareas de los próximos  años.
Resulta imponderable rechazar de cuajo las expectativas etapistas, conciliadoras y reformistas,  el capitalismo jamás caerá por su propio movimiento, sino por los golpes impiadosos de sus sepultureres.”

 

2. “En Argentina, hoy las más contemplativas previsiones económicas auguran una caída de 6.5% del PBI para este año, lo cual acumularía una pérdida de 11 puntos en el último tramo. Antes de la pandemia, el país arrastraba 8 años de crisis económica sin poder acumular dos años de crecimiento consecutivo. Así, las expectativas de gobernabilidad del presente gobierno quedaban cifradas en su capacidad a dar una respuesta a esa situación.
Pero el gobierno, rápidamente siguió la máxima de Juan Perón, cuando expresaba que » la política es como el violín, se toma con la izquierda pero se toca con la derecha». Una retórica progresista ya en el primer discurso de gobierno, de protección a los más golpeados por la miseria, la recomposición de los ministerios de Salud y Trabajo, la reimplantación de la actualización protocolo de aborto, el enfrentamiento discursivo con algunas fracciones de la burguesía agraria, son algunos de esos ejemplos. Pero en la práctica, la inflamada retórica gubernamental duró poco. Se modificaron a la baja los aumentos en los haberes jubilatorios, se congeló el salario mínimo, se barrieron con algunas cláusulas gatillo, no se gravaron impuestos a las grandes fortunas, no se auditó siquiera el grotesco y exponencial aumento de la deuda externa bajo el último gobierno. Las justificaciones cambiaron de bando y ahora era el PJ el que necesitaba que lo dejasen gobernar. Así el nuevo gobierno, pese a una retórica claramente disruptiva frente al anterior, avanzaba en el ajuste a la clase trabajadora haciéndole recaer en sus hombros los costos de la crisis, como si los esfuerzos realizados bajo el gobierno macrista hubiese sido pocos.
La pandemia aceleró los tiempos. Por un lado el gobierno aumentó considerablemente su imagen positiva producto de la declaración temprana de la cuarentena. Lo cual no omitió tremendas improvisaciones que llevaron al contagio de centenares de trabajadores de la Salud, la exposición de jubilades a la Pandemia que terminó costándole el puesto a Vanoli, etc. El gobierno se pudo perfilar como un conductor del país en tiempos de colpaso a diferencia de lo que sucedía en países como Brasil donde Bolsonaro mostraba los peligros incluso para la propia burguesía de aquellas aventuras oportunistas, agravando la crisis institucional en aquél país.
Pero a pesar de lo anterior, las consecuencias de las políticas de gobierno iban emergiendo paulatinamente, dañando sutilmemente su imagen positiva. En el último tiempo se viene denunciando el aumento exponencial de la miseria que conllevó a que 3 millones de personas más tuvieran que acudir a la asistencia alimenticia de los comedores populares. Una porción considerable de la clase trabajadora, precarizada y tercerizada, al verse imposibilitada en ganarse el mango cayó en la miseria más aguda, los despidos y suspensiones empezaron a multiplicarse en empresas privadas y en el propio Estado, no obstante la prohibición artificiosa de despidos dictada por el Ejecutivo Nacional. Los femicidios se sucedieron ininterrumpidamente sin casi intervencion del flamante Ministerio de la Mujer, Géneros y Diversidad no obstante las múltiples denuncias de las compañeras organizadas.
Mientras se subvencionaba al capital vía subsidios al pago de salarios, por abajo otorgaban una mísera IFE (Ingreso Familiar de Emergencia), a sólo una porción de les solicitantes y por valor de 10 mil pesos para dos meses corridos como si alguien que viviese de ingresos diarios pudiese subsistir con eso.
Mientras se niegan a gravar a la burguesía, descuentan el 25% de los ya magros sueldos a través del acuerdo entre la CGT, el Ministerio de Trabajo, y la UIA. Mientras se niegan a rechazar la deuda externa odiosa e ilegítima, judicializan a cientos de miles de personas por violar la cuarentena para susbsistir, cuando no directamente para amedrentar a la población obrera de los barrios populares. Mientras no avanzan sobre la mercantilizacion del sistema de Salud, los insumos en bioseguridad a sus trabajadores dejan bastante que desear, cuando no directamente se les descuentan los sueldos en hospitales privados.
En fin, el aumento de la miseria y el sostenimiento por todos los medios a disposición del Ejecutivo de las ganancias capitalistas, se ven favorecidos por la propia atomización de las resistencias que impone la cuarentena. Así y todo, múltiples luchas han surgido: ollas populares que denuncian el hambre, movilizaciones de organizaciones politicas y feministas por los femicidios, piquetes de fábrica por despidos y suspensiones, y tantas otras. Las resistencias se reiventan en función del contexto.
Entonces, así como el año pasado se imponía una derrota del macrismo en la calle, que impidiese una tranquila sucesión de mando entre partidos burgueses, para así imponer mejoras en las condiciones de vida de nuestro pueblo en otras condiciones sociales y subjetivas, hoy la cuarentena y la post-cuarenta abogan por un esfuerzo organizativo a la altura de la crisis que se nos impone. La burguesía ya está avanzando por mayores pedazos de conquista, solo la organización por abajo a nivel sectorial y política, con independencia del gobierno y los patrones, pero haciendo los máximos esfuerzos de interpelación programática a la mayor parte de nuestro pueblo, nos va a permitir no sólo resistir las avanzadas, sino contragolpear e ir ganando terreno paso a paso.
Organizar, concientizar e insurreccionar se vuelve el objetivo a corto y mediano plazo. Ardua tarea nos queda por delante a las organizaciones que debemos afrontarla.”

 


LEONARDO JUÁREZ

Historiador, Secretario Político del Partido Comunista de Salta, Director de Revista Centenario

1. “Entiendo que desde el punto de vista político la pandemia del COVID- 19 explicita la interacción de dos crisis: la del capitalismo y la de una alternativa anticapitalista. La crisis de la alternativa fue largamente meneada, como mínimo desde la caída de la URSS y del muro de Berlín. El capitalismo inserto en una crisis de carácter general, habilita una nueva ronda de discusión y de acción en torno a la necesidad y posibilidad de construir un modo de organización de la sociedad que lo suplante. Entonces esta ventana de oportunidad ideológica que se ha abierto nos tiene que predisponer, con mayor coraje, enjundia y autoridad política, a pensar, plantear, debatir y proponer una sociedad alternativa, un nuevo sentido de horizonte para la humanidad, y desde esas premisas, alzar las banderas del  socialismo y el comunismo como nuestras divisas, en abierto combate contra  la barbarie capitalista.

La crisis de la economía ha develado de manera exponencial,  los innegables y cada vez mayores déficits sanitarios, alimenticios, energéticos, económicos, ambientales, etc,  que padece la población mundial en esta fase de capitalismo global y financiarizado.  Al grave escenario provocado por la crisis sanitaria, se le superponen otros aspectos de una única crisis de carácter civilizatorio. A las derivaciones médicas de la pandemia se le añade una crisis alimentaria (tan sólo en el año 2019 afectó a 113 millones de personas en 53 países, según informó el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas); una crisis energética, por la caída mundial de los precios del petróleo (el pasado 20 de abril cerraba el día con -37,68 dólares el barril, debiendo los productores  pagar para que se llevaran los barriles, resultado de haber superado las capacidades de almacenamiento y por la caída abrupta de la demanda mundial de crudo). Un párrafo aparte merece el crecimiento exponencial de los activos derivados, que colocan en el corazón de los negocios a una gran mafia financiera con núcleo en los bancos y paraísos fiscales.

La crisis alimentaria, energética y financiera, demuestran la importancia de poner en manos de la clase obrera y los sectores populares, estos y otros  resortes claves de la economía, porque es notoria la racionalidad instrumental del orden social burgués,  cuya histórica superación es tarea ineludible del proletariado y su vanguardia, y no de un virus.

La pandemia más peligrosa es el capitalismo, que al mercantilizar todo, la vida, la muerte, la dignidad humana, hace de su decadencia un espectáculo grotesco.”

 

2. “Creo que la tarea de la hora es forjar una fuerza política- intelectual firme, que salga al paso de tanta desviación oportunista. De lo contrario, el camino de la izquierda se verá yendo de error en error, de crisis en crisis, de tragedia en tragedia.

Salir de esta situación requiere en primer lugar entender  el carácter de clase del Estado Moderno. El Estado es el instrumento de consolidación del poder social de una clase, sólo así se puede entender cómo el sistema capitalista ha amarrado y amañado legalmente, banalizado culturalmente y defendido sanguinariamente el orden injusto en que crece día a día la brecha entre nuestra miseria y su lujo escandaloso. No se puede alimentar ningún atisbo de esperanzas que el Estado burgués, con cualquiera de sus patrones de acumulación (oligárquico liberal, keynesiano o neoliberal) resuelva los problemas de las inmensas mayorías de las que vive y a las que somete.

El efecto pandemia aparece mediado por factores ideológicos políticos, como por ejemplo la reciente (y fallida) marcha contra el comunismo. Ahí me parece que están, los que equivocando la mira piensan que la derecha y la ultraderecha política son un fenómeno minoritario, casi de sectas mesiánicas, de museos, cuando en realidad lo que se comprueba es que el anticomunismo y los anticomunistas están en todos los medios masivos de comunicación, en todos los partidos ordenadores del sistema, y principalmente en el gobierno peronista de Alberto Fernández al ser esta la principal fuerza de la gobernabilidad burguesa. Los partidos que conforman la coalición gobernante de manera subordinada, complementan su oportunismo y seguidismo al gobierno con un acendrado sectarismo hacia los luchadores obreros y populares y fuerzas revolucionarias. Estos espacios políticos están condenados a ser menos que un recuerdo lastimoso.

Se constata asimismo, que como en cualquier crisis en donde ven cuestionados sus privilegios, las fuerzas del orden burgués cierran filas “en nombre de la patria”, “de los ciudadanos”, “de los valores occidentales y de los derechos de todos”, que de manera paradójica, se han encargado de violar sistemáticamente.

Esta trágica coyuntura para quienes se debaten entre infectarse o morir de hambre, exige a los revolucionarios la búsqueda de una salida distinta, hacer de la crisis una oportunidad. Teniendo en cuenta que todas  las proyecciones que se hacen sobre la economía no son para nada alentadoras, no lo son a nivel global y por supuesto, mucho menos a nivel regional, en donde el FMI proyecta una caída del PIB del 5% para América Latina en su conjunto, incluida la Argentina. La cuestión, evidentemente no es sólo ésta, sino la manera en la que los gobiernos han asumido la crisis como si se tratara únicamente de un problema fiscal, impulsando irracionales políticas de  austeridad, haciendo pagar al pueblo con recortes, desocupación y sacrificios la fiesta de los sectores agroexportadores, bancos y cómplices políticos, a quienes primero los dejan hacer y luego aceptan que el estado asuma sus deudas, pero no la de millones de familias.

Este cuadro de situación agrava las ya pésimas condiciones de vidas de inmensas  franjas poblacionales y requiere de nosotros una amplia, coordinada y extendida política nacional, de resistencia y organización en torno al derecho a comer, a la salud, al trabajo, que nos permita organizarnos junto al pueblo oprimido, y enfrentar en mejores condiciones las políticas de ajuste neoliberal. Es en este sentido que van dirigidas las iniciativas del Movimiento Rebelión Popular.

Entiendo también que tenemos que superar una tara histórica de la izquierda anticapitalista, que tiene que ver con el desconocimiento acerca del  funcionamiento del capitalismo argentino. Teniendo en cuenta  que su núcleo productivo principal está en la Hidrovía del Paraná y asumiendo que el carácter principal y dirigente en la revolución recae en la clase obrera, que si bien no es necesariamente la más pobre ni mayoritaria, sí en cambio resulta la principal fuerza productiva y por ende, si se constituye en sujeto político, la principal fuerza revolucionaria. Nuestra tarea estratégica esta en desarrollar una política de concentración en este terreno, en construir un centro articulador de la lucha con eje en la clase obrera concentrada en esos núcleos productivos e impulsar con paciencia y perseverancia la unidad de los revolucionarios y organizaciones anticapitalistas, que asuman el imperativo categórico de construir una fuerza de carácter histórico, que no ha existido nunca en la Argentina, (aunque haya sido el desvelo de muchas generaciones de revolucionarios), y nos permita enfrentar con perspectivas de éxito al  capitalismo.”

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