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martes, diciembre 1, 2020

DEMOCRACIA: AJUSTE, REPRESIÓN E IMPUNIDAD

Por Leonardo Juárez

La vigencia de las ideas de la burguesía no se debe a un fenómeno del azar: se debe a que es la clase dominante, Marx y Engels lo decían en la Ideología Alemana: “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que expresión ideal de las relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante, son también las que confieren el papel dominante a sus ideas”.

Toda interpretación rigurosa implica conocimiento, implica análisis, en definitiva teoría. La teoría marxista, no carga el acento en los aspectos personales de los que ejercen el gobierno de turno, sino en el carácter sistémico de la explotación, la naturaleza del estado, y la recurrencia de las crisis económicas.

La aporía en la que se haya el progresismo  “bien intencionado”  y de amplio espectro alrededor de la democracia argentina, se explica entre otros factores, por el rol que le cupo a nuestro país desde sus orígenes en la división internacional del trabajo como exportador de materia primas y por otro lado el cada vez mayor y acelerado proceso de concentración y centralización de la riqueza a escala planetaria. El primero nos condena  a depender en términos absolutos de las oscilaciones del mercado mundial, y el segundo a que el control de los resortes claves de la economía argentina: agroindustria, energía y sistema financiero esté en manos de capitales trasnacionales, se esfuman de este modo las ilusiones en la existencia de una supuesta burguesía nacional, y la élite gobernante, política y empresarial, se nos presenta tal cual es, lumpen, punga, enana, rastrera, participando de las minucias del banquete de los grandes potencias de la economía mundial y jugando a la alternancia en el gobierno, para garantizar la gobernabilidad burguesa y con ello, mayores márgenes de ganancias .

La democracia funciona, entonces, como un vehículo para poder dar una doble cobertura política e ideológica a una misma necesidad del capital en nuestro país: pagar la fuerza de trabajo cada vez más por debajo de su valor. Cuando la burguesía a veces vota por un candidato, y otras por otro, pero siempre por sus intereses, significa que el poder no se determina en las elecciones, y que el régimen burgués gana siempre, con hiperinflación, convertibilidad, estanflación, inflación, devaluación, y cuando crece a tasas chinas.

Al gobierno peronista de Fernández se lo puede analizar por lo que nunca va a hacer (estatizar los puertos, el comercio exterior de granos, la construcción de una junta nacional de granos, del control del sistema financiero y el energético), y también evaluarlo  por lo que hizo en estos ocho meses de gestión, como bien remarcaba nuestro camarada Leandro Gamarra en notas anteriores :”entre marzo y junio, ya emitió 617.000 millones de pesos en Leliqs para “financiar el gasto público” (¿querrá emular al tándem Macri-Sturzenegger?), es decir más deuda. De esa sola emisión, ya se les puso en los bolsillos de los usureros 179.000 millones de pesos en concepto de intereses. El Banco Central sigue quemando millones de dólares para sostener el tipo de cambio, y consecuentemente el engorde del mercado paralelo, el Estado modificaría la reasignación de partidas de gastos. Veamos cómo: 1) más eximiciones de impuestos a empresas ; 2) más ATP (subsidios para cubrir salarios a empresas) ; 3) más Fogar (ayuda a Pymes); 4) más transferencia de recursos de las Obras Sociales a la medicina privada…Todo por cifras que se cuentan en miles de millones de pesos.
Ah, ¿el IFE? Sí, por supuesto, 80.000 millones de pesos que siguen sin modificarse y veremos de qué bolsillo salen, ya que del mentado “impuesto a la riqueza” hace rato que no tenemos noticias.
Pero veamos además cuán preocupado está Alberto por los efectos de la pandemia: 1) para insumos sanitarios y farmacéuticos se destinaron partidas por 7.000 millones de pesos; 2) para construcción de hospitales modulares y de emergencia: 4.000 millones de pesos. Es decir, comparado con lo anterior, la nada misma”.

El presidente Fernández profundizó el ajuste macrista impulsando una devaluación, es decir, bajando los salarios de todos de forma generalizada, de esta manera se registró una licuación récord del salario en dólares, pero el ajuste no se trata de una baja generalizada del salario, sin más. Esa es la primera fase de su movimiento. La segunda consiste en un aumento del poder adquisitivo que no alcanza a recuperar el nivel del que se partió al comenzar la primera fase, de modo tal que se consolida un abaratamiento neto del salario que siempre avanza a través de ese doble movimiento, con la baja del salario real realizada por la vía de la devaluación, una fuerza de trabajo recontra abaratada en cuestión de meses, lo cual se suma a lo hecho ya en muchos años, y una alta tasa de ganancia para el capital lograda a fuerza de haber dejado a la clase obrera en una situación de creciente superexplotación generalizada, para que de esta forma se pueda realizar una elevación salarial que, aunque no alcance siquiera los niveles previos a la misma, ha generado el consenso necesario para haber consolidado el ajuste ya hecho con la menor conflictividad social posible

AJUSTE Y REPRESIÓN, UNIDOS COMO LA SOMBRA AL CUERPO

De todas maneras con estos elementos siempre está latente un escenario de conflictividad social, y esta es la razón que explica, porqué todos los gobiernos de la democracia restringida han sostenido una política de impunidad hacia las fuerzas represivas, la necesitan para poner en caja, escarmentando, a todos los que intenten enfrentar el ajuste y la tendencia es a que esto se profundice. Las condiciones del capitalismo argentino que le toca administrar al  actual mandatario, son distintas a las de los gobiernos anteriores en términos de financiamiento: Menem lo pudo hacer con las privatizaciones, Kirchner con el auge de los precios de las commodities producto del crecimiento de la demanda asiática (la soja alcanzó casi los 700 dólares la tonelada) y la estatización de las AFJP y Macri con endeudamiento externo. La gestión actual no tiene empresas públicas para vender, los precios de la soja están por el piso (menores a 300 dólares la tonelada) y está honrando las acreencias pagando deuda externa, por lo tanto el único camino conocido y transitado, es el del ajuste a los trabajadores, jubilados, presupuestos de salud, educación etc., y eso solo es posible con represión. La presencia de Berni en el gabinete de la provincia de Buenos Aires y la responsabilidad política de Kicillof en sostenerlo se explica por esto.

SEGURIDAD COMO CONSIGNA, IMPUNIDAD COMO POLÍTICA

Todos los operadores del sistema penal, llámese la policía, los jueces, incluso los abogados y los medios de comunicación están destinados a que solamente caigan en prisión los sectores más pobres de la sociedad.

Hay que poder salir de la lógica que impera desde la derecha y desde el sentido común reaccionario, de que el derecho penal tiene la función de resolver absolutamente todos los conflictos sociales. No se resuelve la desigualdad y la exclusión con el código penal y con más represión, este camino ha llevado a que las cárceles estén cada vez más colmadas por jóvenes y pobres y podemos afirmar, cada vez más jóvenes y más pobres; porque el código penal es claramente clasista porque condena como delito las conductas que atentan contra la propiedad privada, y en general las que llevan adelante los sectores más pobres de la sociedad, por eso se puede explicar que robar una cabeza de ganado sea más grave que robarse un avión o que hacer una grave defraudación bancaria. Por otra parte lo que se pretende con este derecho penal, con esta forma de operar el delito, es cómo cubrir a los llamados delincuentes de cuello blanco, que son aquellos sectores que están enriquecidos a costa del sacrificio y de la denigración de millones de argentinos.

Esta situación no es ingenua y lo que se esconde atrás de la misma es tapar las actuaciones de las verdaderas mafias que existen en la Argentina: la policía federal, las policías provinciales, el servicio penitenciario que están vinculados a los hechos más graves del país, como los atentados a la embajada de Israel y la AMIA, los fusilamientos de Budge, los muertos del 2001, Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, Facundo Castro y todos los casos de gatillo fácil que se han cometido dese 1983 a esta parte, sin excepción.

Hay que avanzar en la Argentina en políticas de seguridad nacional (que no las hay), en depurar a las fuerzas de seguridad, a las policías, al servicio penitenciario, pero no sólo de aquellos involucrados en hechos de terrorismo de estado, sino también a los que están vinculados a todos los casos de privación de los derechos humanos y a las organizaciones mafiosas, que a sus vez todos sabemos que son los ejecutores de los delitos más graves, los secuestros extorsivos, la trata de personas, la prostitución infantil, el tráfico de drogas.  Este es el primer paso, sino no hay posibilidades de seguridad alguna.

Hay que mantener un proceso de quitarle facultades a la policía, y para eso hay que modificar el Código Procesal Penal de la Nación. Hay que modificar los códigos procesales penales de cada una de las provincias, donde el sistema de enjuiciamiento criminal es un sistema inquisitivo, en el cual el juez de instrucción es órgano referente y es órgano judicial, es decir cumple la función de fiscal y la función de juez. Hay que avanzar, para conformar en el marco del sistema acusatorio, fiscalías específicas para la investigación de delitos específicos, para investigar un delito bancario no es necesario un especialista en criminalística, en armas, sino expertos en economía, en finanzas, en el funcionamiento de las instituciones bancarias. Para averiguar los delitos, en particular los delitos más complejos, tenemos que dotar a éstas fiscalías de la capacitación necesaria para poder trabajar en la investigación de estos hechos y esto tal vez implique que haya que separar a la policía de la investigación de los hechos delictivos. Hay que derogar el régimen de contravenciones que, por ejemplo, penaliza la prostitución callejera, que está en manos de la policía que juzga y condena a las prostitutas; derogando el régimen contravencional se elimina uno de los principales nichos de corrupción del sistema policial.

En conclusión la problemática de la seguridad se relaciona muy poco con el derecho penal sino más bien está vinculada con la seguridad del trabajo, a la previsión social, a la salud, a la vivienda, a la alimentación, en definitiva, no es que los revolucionarios no tengamos propuestas en torno a estos temas, la cuestión central es, que la seguridad para los trabajadores y los pobres es incompatible con el capitalismo.

NUESTRO IMPERATIVO CATEGÓRICO  

Necesitamos desarrollar en la vida concreta nuestra concepción política de Rebelión Popular de Masas, de Unidad de los Revolucionarios y de construcción y fortalecimiento de un Partido Revolucionario, apto para el combate, que generen las condiciones necesarias para conquistar lo que no se nos quiere dar, y lo que no nos corresponde pedir, porque se nos ha arrebatado y en esa línea de desarrollo, poder golpear la puerta de la historia con el puño rojo de la revolución y el socialismo, la única posibilidad de resolver las tragedias a las que somete a la mayoría de la humanidad el capitalismo en su decadencia.

Se dice con acierto que una derrota es lo que uno hace de ella, y en este sentido  una derrota puede ser una catástrofe o una formidable lección, tenemos  la obligación de sacar conclusiones y nuestra responsabilidad, las de las fuerzas revolucionarias y populares (e incluso de las que integran el acuerdo electoral  Frente de Todos y tienen un mínimo de decoro)  es enfrentar abiertamente al gobierno de Fernández. Para empezar no es poco.

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