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Revista Centenario N°10 – Julio de 2020



                 Durante  la  hiperinflación,  que  marcó  el  final  del  gobierno,  las  tasas  de  interés  se
            elevaron en un 1.669 % y el salario real cayó un 30%. La tasa de desempleo aumentó de un
            6% en 1983 a un 8,4% para 1989.
                 Las  reformas  liberales  que  el  radicalismo  trató  de  imponer  hacia  final  del  mandato
            presidencial, fueron resistidas por el peronismo como forma de oposición política y electoral,
            pero  no  desde  una  posición  ideológica  diferencial.  Este  discurso  oportunista  fue  sostenido
            durante la campaña electoral hasta el triunfo de Menem en las elecciones presidenciales de
            1989  y  a  la  entrega  anticipada  del  gobierno.  Una  vez  iniciado  el  gobierno  peronista,  las
            medidas  económicas  tendieron  a  enfocarse  hacia  los  intereses  de  la  burguesía
            transnacionalizada.
                 Con la asunción de los ministros Miguel Roig y Néstor Rapanelli, provenientes del grupo
            Bunge y Born, se intentó frenar la inflación y el déficit de las cuentas públicas devaluando el
            Austral y subiendo las tarifas . Este programa duró hasta la segunda hiperinflación, donde
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            se generaron las condiciones para la asunción del Domingo Cavallo, el hombre de confianza de
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            los capitales financieros y del imperialismo norteamericano . El nuevo plan consistió en fijar
            el peso en paridad al dólar, abrir las importaciones, privatizar y extranjerizar las empresas
            estatales,  descentralizar  el  Estado  y  lograr  nuevos  acuerdos  con  el  FMI  mediante  el  plan
            Brady. Todo englobado en el llamado Consenso de Washington.
                 Apoyados  en  la  retórica  del  cambio  y  la  adaptación  a  ese  ―nuevo‖  mundo  de  los  ‘90
            donde predominaban la idea del fin de la historia y el fin de las ideologías, se consumó la venta
            de  empresas  públicas,  se  eliminaron  los  controles  estatales  de  la  macroeconomía  y  se
            incrementaron exponencialmente las cifras de la deuda externa.
                 Fue  en  esta  etapa  donde  la  Deuda  dio  un  salto  cualitativo  y  cuantitativo,  al
            incrementarse en forma exponencial y al incorporarse un nuevo tipo de bonistas, es decir, los
            grandes  capitales  globales  y  los  fondos  de  inversión  comenzaron  a  tener  preponderancia
            dentro del grupo de los acreedores externos .
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              Alberto Bonnet menciona en su libro “La hegemonía menemista”:
            La cooptación por parte de las clases dominante respondía, ciertamente, a que esas clases dominantes no contaban de
            antemano con un partido de gobierno propio, es decir, identificado político-ideológicamente con esa reestructuración de la
            acumulación y la dominación capitalista que impulsaban. La disponibilidad a ser cooptado por parte del partido respondía, a
            su vez, a la profunda crisis político-ideológica.
            …Sus designaciones iniciales parecieron responder así a una lógica que consistía en combinar los cuadros más derechistas
            de su propio partido (como J. Triaca, sindicalista plástico que había encabezado la CGT Azopardo cercana a la dictadura,
            nombrado ministro de trabajo) con cuadros extrapartidarios, cuya presencia en el gobierno parecía apuntar a ratificar su
            compromiso  reaccionario  ante  las  propias  clases  dominantes.  Estos  cuadros  extrapartidarios  provendrían  de  empresas
            privadas (el ministro de economía se reclutaría entre los grandes empresarios, O. Vicente de Pérez Companc, C. Tramutola
            de Techint, F. Macri de SOCMA, M. Roig de Bunge y Born, y la elección, significativamente, recaería en este último) o de la
            derecha tradicional mediante un acuerdo con la UCeDé (su jefe A. Alsogaray como asesor en temas de la deuda externa, la
            hija, M. J. Alsogaray como interventora de Entel, A. Dalesio de Viola sucesivamente en varios cargos)

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              La burguesía local tuvo un rol importante durante la convertibilidad y las privatizaciones, pero como clase subordinada a
            las empresas extrajeras y a los acreedores financieros.
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              Cabe destacar que la incorporación de los grandes y pequeños capitalistas globales como tenedores de bonos argentinos,
            creó un problema a la hora de negociar nuevos contratos y refinanciamientos, ya que, a diferencia de organismos como el

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