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viernes, septiembre 18, 2020

FORO DE OPINIÓN DE REFERENTES TERRITORIALES Y SOCIALES

El presente foro pretende abrir un debate en las organizaciones sociales sobre la mirada que cada una tiene de la aparición del movimiento piquetero allá por los ‘90 y posterior desarrollo o transformación en organizaciones sociales. También poder expresar los objetivos y enfoques políticos que cada organización desarrolla en particular, para analizar la realidad concreta de nuestra clase en el territorio y los barrios. A partir de la diversidad de perspectivas proponer, a futuro, instancias superadoras de articulación y unidad. Sabemos que el camino no es fácil ni sencillo pero es necesario dar los primeros pasos o repensar lo que se vino desarrollando hasta ahora, para poder crear una herramienta de masas que construya las bases de «poder popular». Aunque resulte hoy una idea ambiciosa, es más necesaria que nunca.

MOVIMIENTO REBELION POPULAR

A partir de la aparición de los movimientos piqueteros en los 90,¿qué balance podemos hacer sobre su posterior transformación en organizaciones sociales, muchas de ellas parte de del gobierno de los Kirchner  y hoy parte del gobierno de Alberto Fernández?

Con la llegada de las privatizaciones impulsadas por el menemismo en los ‘90 se desarrolló el piquete y el corte de ruta como metodología de lucha de los trabajadores, principalmente del estado que se encontraban huérfanos de la conducción sindical que los defienda. La burocracia  de la C.G.T. pacto la entrega de empresas como Y.P.F. y tantas otras, por lo que los trabajadores tuvieron que recurrir a nuevas  formas de  organización y protesta, sobre la marcha.

El proceso iniciado por la dictadura militar de endeudamiento externo y entrega de los recursos y riqueza del país, fueron los antecedentes inmediatos del vaciamiento de las empresas del Estado, esto llevo a la aparición de nuevas formas de resistencia de parte de los trabajadores. Ello trajo consigo el nacimiento de la CTA y los movimientos piqueteros compuesto por trabajadores desocupados muchos de ellos  sin vinculación al trabajo formal y su representación sindical clásica.

En un principio los movimientos piqueteros respondían  a la necesidad de resolver las demandas de trabajo genuino a la que el Estado ante el desmembramiento del aparato productivo, no podía, ni quería resolver. Solo a partir de fuertes enfrentamientos y heroicas jornadas de lucha, donde la represión se llevó puesta la vida de muchos compañeros, se arrancaron subsidios en forma de planes sociales que por supuesto eran insuficientes.

 Existía una conducta dispuesta a salir a la calle y a enfrentar al gobierno, pero no existía un centro coordinador efectivo y único a pesar de los intentos del bloque piquetero nacional y  la CTA.

Al no existir una discusión política que sintetice los intereses de la clase obrera ocupada y desocupada con un programa que nos unifique para construir una alternativa política nuestra, se permitió que la burguesía rápidamente se recomponga después de la coyuntura del 2001, y el “que se vayan todos” quedará en una simple consigna. El progresismo llegó con una máscara que instaló, que lo malo no fue el capitalismo, si no el neoliberalismo.

Con la nueva etapa en las formas de acumulación del capital y una coyuntura que favorecía momentáneamente la economía argentina, con la tonelada de  soja a 700 dólares o más, se disponía de  ciertos recursos para la ayuda social. A partir de ello, el gobierno cooptó a las organizaciones sociales con un esquema clientelar que sedujo a la gran mayoría de ellas, con la correspondiente mistificación peronista, de hecho muchos referentes sociales son hoy funcionarios del gobierno.

Mientras las multinacionales sojeras se hicieron de los puertos, de los insumos y paquete tecnológico, siendo los verdaderos dueños del país, el movimiento piquetero en su mayoría se fue institucionalizando, siendo el garante de la paz social a cambio de algunas prebendas hasta ser un apéndice y parte de un estado que nunca dejo de ser funcional  al capital…

¿Cuáles son los desafíos de las organizaciones sociales que  expresan un enfoque  de clase  en la actualidad y de cara al futuro?

El movimiento Rebelión Popular nació como un instrumento territorial con una fuerte  impronta de clase. Sabemos que en los barrios las condiciones de vida son deplorables y debemos resolver mediante la organización y la lucha, primero el plato de comida y lo esencial en la casa de los compas, pero necesariamente tenemos que crear condiciones de confianza con  la gente, poder iniciar procesos de aprendizaje mutuos, con la finalidad de analizar desde lo cotidiano la perversión del capitalismo como sistema de explotación, que cruza todas las instancias de nuestras vidas, no solo en lo económico sino en lo subjetivo, cultural, religioso, educativo, etc.

Necesitamos revertir ese “sentido común” que nos asume como sujetos individuales, para poder proyectar y planificar una salida colectiva a los problemas, haciendo de la solidaridad de clase un valor sólido. A través de los merenderos y comedores que funcionan como un lugar de referencia en el barrio comenzamos a desplegar actividades de distinta índole con el interés siempre puesto en las necesidades  del pueblo y en la conciencia de clase que terminará de aflorar más temprano que tarde.

En cuanto a las organizaciones clasistas, es necesario que comencemos a unificar programas, propuestas, discusiones, que analicen la realidad de forma más profunda, poniendo en debate una sociedad superadora al capitalismo. Nuestro faro sigue siendo el anticapitalismo y antiimperialismo, aunque algunas organizaciones y partidos de izquierda se olviden deliberadamente de esos principios a cambio de lo “posible”.

Debemos presentar propuestas concretas en torno a la necesidad de recuperar el control de los resortes claves de la economía, como el control de los puertos de la hidrovía, la creación de la junta nacional de granos, reforma del sistema financiero, y la recuperación de recursos energéticos como primeras medidas.

Nos cabe a las organizaciones de clase una gran tarea en el camino de verdadera unidad, para organizarnos y construir “poder popular”. Para que deje de ser solo una consigna, nos debe involucrar a todos los que tenemos una mirada más estructural sobre los problemas del pueblo, conociendo cómo funciona el capitalismo en nuestro país, la región y el mundo, así poder discutir las propuestas políticas que necesitamos los trabajadores, sin quedar atrapados por los espejitos de colores del progresismo que no ha hecho más que garantizar la explotación y el dominio de poder económico hoy más globalizado que nunca.

MOVIMIENTO BRAZO LIBERTARIO

A partir de la aparición de los movimientos piqueteros en los 90,¿qué balance podemos hacer sobre su posterior transformación en organizaciones sociales, muchas de ellas parte de del gobierno de los Kirchner  y hoy parte del gobierno de Alberto Fernández?

El surgimiento de los Movimientos de Desocupados en plena ofensiva neo liberal en la década de los ‘90, expresó una respuesta de la clase obrera, hasta ese momento ocupado, frente a la feroz ofensiva de la burguesía con sus políticas de privatizaciones, libre mercado y liquidación de innumerables conquistas sociales. La burguesía tanto a nivel internacional como nacional, aprovecho de manera inteligente el triunfo de la contra revolución en los países, que más allá de las limitaciones, desviaciones y claudicaciones, habían iniciado el proceso de transformación social, construyendo el socialismo. Esta derrota a nivel internacional, se combinó con la profunda crisis que desde hacía años afectaba al capitalismo en Argentina y que tuvo un momento de expresión con el estallido social del año 89 durante el Alfonsinismo que dio por tierra con su gobierno, y facilitó el triunfo del PJ con Menem a la cabeza, quienes serían los encargados de readecuar la estructura económica nacional a la nueva división internacional del trabajo impuesta por el imperialismo, reprimarizando la economía, impulsando el extractivismo como proveedores de materias primas y abriendo las puertas al capital especulativo financiero nacional e internacional.

La ofensiva de la burguesía fue en toda la línea. Fue económica, política e ideológica y cultural, frente a una clase obrera desmoralizada, que sufrió la pérdida de un horizonte revolucionario para sus luchas, y desprovista de organizaciones revolucionarias y que aún no logramos recuperar después de la derrota de los años 70.

Todo fue atacado y estigmatizado. La idea de la revolución, la necesidad de construir el socialismo, el papel del Partido revolucionario, el sujeto de la revolución etc. No solo fue Fukuyama y su proclamación del Fin de la Historia. También colaboraron en esta tarea todo un ejército de intelectuales de la pequeña burguesía que se lanzaron sobre la teoría Marxista. No para desarrollarla o revisar sus lagunas, sino para descuartizarla atacando sus fundamentos y raíces teóricas. Entre ellas, la necesidad de conformar una organización de revolucionarios capaz de encarar la lucha en todos los terrenos contraponiendo al mismo, y exaltando demagógicamente, el rol de los movimientos sociales como una nueva alternativa, capaz de construir desde lo micro el socialismo, en una huerta, en tal o cual cuadra o en tal emprendimiento. La lucha de clases como motor de la historia, la derrota de la burguesía, la lucha por el poder y la construcción del socialismo como horizonte de las luchas, se diluía entre las discusiones sobre las formas— horizontalismo, autonomismo etc. Y las apetencias personales de no pocos “nuevos dirigentes” que vieron, o fueron descubriendo en medio de las luchas, una oportunidad para mejorar su situación personal, “al calorcito” de los “premios” que siempre da el poder. En contraposición se desarrollaron las ideas de sobrevaloración de la democracia burguesa, la defensa de la colaboración de clases, la adaptación al nacionalismo burgués, la “opción” por el “mal menor” y la lucha por “lo posible”, apoyando “lo positivo” y criticando “lo negativo” de los gobiernos burgueses de turno.

La lucha de clases se desarrolla al margen de la voluntad de sus participantes. Y en ella siempre se aprende, de las derrotas y de las victorias. Nuestra clase, sin una organización política que las represente en sus intereses no puede sacar por sí misma las mejores lecciones de la lucha y queda a merced de las trampas de la clase dominante. Pero no toda la clase cae presa de las ideas de la burguesía, muchísimos compañeros honestos, abnegados y fieles a su clase no han renunciado a la lucha, manteniendo como bandera permanente su independencia política, tanto de los partidos patronales, los gobiernos de turno y de la burguesía en su conjunto. Nosotros, nos reivindicamos como parte de ellos y, más allá de las diferencias, son con quienes hemos enfrentado todas las maniobras del poder, y los ataques de los aliados de este, sosteniendo las mismas banderas. Son nuestros compañeros porque allí, en la unidad y en la lucha, está el futuro.

Los Movimientos Sociales, frente a una CGT, manejada por la burocracia sindical, que ha dejado abandonado a los oprimidos y excluidos del sistema, cumplen un rol de atender a las reivindicaciones inmediatas de los desocupados, los pobres e indigentes. En estas condiciones ha surgido y se han desenvuelto los movimientos de trabajadores y trabajadoras desocupadas y otros movimientos sociales de género, campesinos pobres, antirrepresivos, culturales y demás. Su persistencia, sus luchas, avances y retrocesos, incluidas sus divisiones, son el resultado de la agudización de todas las contradicciones del sistema capitalista y del desenvolvimiento de las luchas de clases. Mucho se ha escrito sobre “la cooptación” por parte de la burguesía de una parte de estos movimientos. Nosotros pensamos que esto no es así. Sí que en el marco de la lucha de clases, de las correlaciones de fuerza, y de las ideas que aún prevalecen en el movimiento a partir del accionar de los dirigentes colaboracionistas—la UTEP entre otras– del Estado, las iglesias y el aparato ideológico burgués, no nos debe llamar la atención que se hallan sumado a las políticas de colaboración de clases, y hayan saltado desde los movimientos a ser funcionarios del Estado. El papel que les tienen reservado, y que algunos asumen gustosos, no es nada distinto al papel que juega la burocracia sindical entre los trabajadores y trabajadoras ocupadas.

Claro está que el futuro no pasa, ni pasará por ellos. Lo construiremos con la lucha, la unidad y la independencia política. Si ellos no corrigen el rumbo, su destino es hundirse junto a la burguesía.

¿Cuáles son los desafíos de las organizaciones sociales que expresan un enfoque de clase en la actualidad y de cara al futuro?

Nuestros compañeros son luchadores sociales, más allá de su identidad partidaria Y esto es así pues en las luchas nos encontramos y nuestros enemigos son los mismos.
La clase obrera necesita para cumplir con su rol histórico, el de terminar con la sociedad de clases, y construir el Partido Revolucionario y el Frente Anticapitalista y Antimperialista Socialista y Revolucionario fuerte, ampliamente desarrollado en su seno y con decisión de construir poder obrero y popular.

Seguramente, como siempre ocurre, la realidad será más rica que cualquier teoría.
La cuestión germinal, entonces, es cómo generar las condiciones subjetivas. Y es allí donde comienzan las responsabilidades de los revolucionarios para tratar de abordar con humildad, con sabiduría y en relación dialéctica los procesos históricos. Para nosotros, la lucha por la reivindicación de los derechos de los trabajadores y el pueblo no produce en sí misma conciencia revolucionaria. Hace falta el factor político y ahí es donde surge el asunto más importante que es la conformación del Partido Revolucionario, el Movimiento Brazo Libertario junto a otros compañeros vio la necesidad de ir más allá de la lucha reivindicativa y en el año 2014 funda el Partido Guevarista para ya entrar en análisis políticos más profundos.

En el fragor de la lucha económica, la organización revolucionaria debe ir vinculando las mismas con la lucha política, elevando el nivel de conciencia de la clase, para llevarlo “de clase en sí a clase para sí”.

Aparece entonces un debate hoy vigente en diversos sectores de la izquierda y en especial en el movimiento piquetero y las asambleas populares. Es la confusión entre partido y movimiento. Suele asignarse al movimiento social el rol de partido o al partido el rol de éste.

En este sentido creemos absurdo querer contraponer a los movimientos sociales con la idea de construir un Partido Revolucionario. Como señala Marx no hay movimiento social que a la vez no sea movimiento político y no hay movimiento político que a la vez no sea social.  Son niveles diferentes de acumulación y de formas organizativas que, a su vez, expresan distintos grados de avance de la conciencia de las masas que deben articularse dialécticamente respetando la independencia, las contradicciones que puedan surgir y los tiempos de avance en la conciencia y unidad de las masas. Hasta llegar, por así decirlo a la confluencia entre el Partido y los movimientos sociales o sindicatos y otros en los momentos de auge revolucionario.

Las dificultades en concebir la política de alianzas del movimiento piquetero surgen a nuestro juicio de no visualizar la diferencia de roles antes expresadas. También suelen surgir de la necesidad personal de los liderazgos de poder jugar en política, lo que muchas veces lleva al “marchismo” y al “reunionismo superestructural”, que debilita el trabajo en los barrios y la política de formación de cuadros.

Para el MBL es prioritario llevar la lucha de clases y la confrontación a los barrios manteniendo la independencia política de los gobiernos más allá de que deba interactuar con ellos por los reclamos reivindicativos. Esta posición nos ha puesto en lugares incómodos y solitarios más de una vez. No estamos dispuestos a ser “furgón de cola de la izquierda reformista” ni de algún gobierno “progresista”. Es en los territorios donde la militancia piquetera puede dar batalla en mejores condiciones. Es allí donde sus cuadros pueden liderar la barriada, en lucha por sus reivindicaciones y enfrentar la represión, pudiendo regular la confrontación con las fuerzas represivas en forma dinámica, según las condiciones subjetivas de la masa, los aspectos cuantitativos y cualitativos de la correlación de fuerzas para el enfrentamiento y la topografía conocida que permite sostener una dinámica de frentes según decisiones previstas o improvisadas. También mejora la correlación de fuerzas, pues permite recurrir a la creatividad de las masas involucradas. Esta política tiene como consecuencia el crecimiento político de los cuadros que deben involucrarse a fondo con las bases. Y, finalmente, contribuye a resolver una cuestión estratégica para los revolucionarios, que es la inserción en la clase obrera ocupada, hoy en manos de los sectores burocráticos.

Desde estos criterios podemos avanzar en la conformación de una organización popular de lucha por el Derecho A La Vida digna Y Contra El Hambre Y La Desocupación. Este será un lugar de encuentro con otros sectores piqueteros, asambleas barriales, movimiento obrero no burocrático, estudiantiles, etc.

Desde las organizaciones revolucionarias una de las mayores confusiones, creemos que es la política de alianzas de las mismas, dicho esto con respeto y con el solo afán de aportar al debate. Es este, a nuestro juicio, uno de los motivos fundamentales de las desviaciones socialdemócratas que terminan destruyendo a las organizaciones. Nos referimos a las alianzas con sectores de la burguesía y de la izquierda socialdemócrata electoralista funcional a la misma. La misión fundamental de las fuerzas revolucionarias es lograr la hegemonía dentro de la clase, con el objetivo que esta ejerza su hegemonía sobre otras clases y capas sociales, de forma de garantizar el fin fundamental que es la conquista del poder. Hacer esta alianza a destiempo es poner a la clase y a los revolucionarios a la cola de la burguesía. Que se entienda que nosotros no renegamos de ningún método de lucha, hemos coordinado luchas con compañeras y compañeros de distintas corrientes como el peronismo revolucionario, el trostkismo y el mismo guevarismo (corriente de la que nos sentimos parte), sin embargo, las experiencias no han sido las mejores o no alcanzaron a madurar lo suficiente. la cuestión electoral y el “purismo ideológico” son otras de las aristas que no aportan y hacen mucho daño. Debemos seguir abonando a la construcción del Partido Revolucionario, única herramienta para orientar a las masas a la toma del Poder y el Socialismo.

MOVIMIENTO TERESA RODRIGUEZ

       ¿Es revolucionario poner una olla popular?

Hace días tuvimos un intercambio con un compañero acerca de este tema. Él sostenía que montar una olla popular hoy era un hecho revolucionario, cosa que cuestioné y cuestiono. No porque no haya que colaborar con el Pueblo que hoy carece de lo indispensable para comer, y una olla puede ayudar en ello, sino cuando esa tarea la desarrolla exclusivamente el activismo convirtiendo al pueblo en un sujeto pasivo que solo debe concurrir con su tupper a recoger la comida.

Lo que al principio me pareció un cruce de opiniones más, con el correr de los días me fue  confirmando que no. Que es importante debatir esto, no tanto por lo de la olla en sí, sino por las concepciones que están detrás de este tipo de práctica político/social. La práctica de estos años me ha convencido que cuando no tenemos claridad sobre el objetivo buscado, como sobre las vías para alcanzarlo, perdemos el rumbo y nuestras mejores intenciones terminan convertidas en acciones útiles al sistema que decimos combatir; en mera extensión del Estado vía la política “asistencialista” de contención social que, más de un referente, levanta orgullosamente como un logro.

L@s revolucionari@s ejercen la solidaridad, pero distinguen  este hecho de uno propiamente revolucionario, poniendo el acento en lo que es lo principal: la construcción de una fuerza revolucionaria con vocación de Poder, o sea, capaz de liquidar las estructuras que obligan a que, para comer, haya que recurrir a una olla popular. 

El hambre, como la miseria, la prostitución en todas sus formas y todas las demás lacras del capitalismo, solo pueden ser barridas con una revolución social. Todo lo otro es mitigar las consecuencias sin acabar, sin erradicar las causas de las mismas, que es el capitalismo. La falta de una formación político/ideológica sólida produce confusión en much@s camaradas haciéndonos creer que el Pueblo -por sí mismo- no es capaz de dar esta respuesta a ello, creyendo que necesita de las y los revolucionari@s para ello. Cuando lo que nuestra clase y nuestro pueblo necesitan es que les “enseñen” lo que por sí mismos no pueden acceder: como construir una organización revolucionaria para acabar, de una vez y para siempre, con las lacras de la explotación y opresión  de la inmensa mayoría en manos de una ultra minoría de ricachones.

Es hora que los sectores socialistas del Movimiento Piquetero llevemos a cabo un ajuste con las concepciones reformistas y economicistas que predominan en el Movimiento, que tanto mal  han causado -y causan- y que no son una salida para el sector de la clase trabajadora que allí se nuclea. 

El papel de los sectores socialistas y revolucionarios no es reemplazar a las masas en las tareas que ellas pueden perfectamente desarrollar, sino alentar y acompañar en ello pero poniendo la mente en alcanzar formas organizativas que permitan el desarrollo de una propaganda y agitación revolucionaria en su seno cuestión de elevar política e ideológicamente a la masa y destacar a los mejores activistas. Y ese desarrollo de la masa no será producto de la mera agitación y propaganda, sino que ella debe estar acompañada del accionar  de un conjunto de mujeres y varones que vayan mostrando una práctica distinta.

El activismo revolucionario debe combatir, explicando y persuadiendo, las ideas economicistas en el seno de las masas. Debemos ser implacables con las ideas de muchísimos dirigentes y dirigentas que adormecen la conciencia popular con planteos posibilistas. Son esas y esos que continúan predicando que es más revolucionaria la lucha por dos toneladas de fideos que la lucha por la libertad y la igualdad social. Son quienes difunden hoy la idea de la economía popular (con salarios de 10 mil pesos!!! por 60 horas de “trabajo” mensual) como la panacea post pandemia. 

Pero los ejemplos del camino a seguir no se agotan en la experiencia del movimiento piquetero, sino que los hay a raudales en el mundo y en nuestra propia historia como Nación y como clase social. En nuestro pasado reciente, que miles y miles levantamos, tenemos la experiencia del PRT/ERP como la de Montoneros y otras organizaciones revolucionarias. Todas ellas con una cuestión común: haber comprendido –incluso después de distintas experiencias- que lo única capaz de acabar con tanta injusticia es la cuestión del Poder. Que nada se soluciona verdadera y definitivamente si la clase obrera y el Pueblo trabajador no toman el Poder e instauran el Socialismo.

Esa generación, que debiera servirnos de guía -no formal, sino real- llegó a esta conclusión después de una serie de experiencias que abarcaron desde las luchas meramente sindicales, las visitas a poblaciones empobrecidas llevando alimentos y ropa, hasta el establecimiento de ollas populares. Para tener una idea más acabada de esto último basta conocer la historia de la mayor parte de la primera dirigencia de Montoneros; muchachos y muchachas profundamente conmovidos por las condiciones de vida de nuestro pueblo, que realizaron trabajos sociales durante años en distintas zonas del país, pero que alcanzaron a comprender que por la vía de la caridad o el asistencialismo no se resolvía esta cuestión.

Hace pocos días se cumplieron justamente 50 años que, un 29 de mayo, un sector de esa juventud llevaba a cabo el arresto, juzgamiento y posterior fusilamiento del General Aramburu, uno de los máximos responsables de la política genocida, antipopular y antinacional del golpe militar del 55. Un hecho que, como muy bien lo describe el  “Negro” Soares “Cuando se produce.. …. (para él, como para miles) todo cambió ese 29 de mayo: “Décadas de apatía, de esperanzas de las generaciones anteriores a las nuestras de que “algo” aparecería ….. (y) lavaría los años de frustraciones que consumieron a nuestros padres y abuelos”, apareció con ese hecho de justicia.

“Pude ver las obreras de las fábricas de harina … a los rudos obreros de la construcción y del Puerto … pero sobre todo  a mi mamá y a mi papá, como diciendo ¡al fin una!”

Y en estos días de fechas patrióticas no puedo menos que ligar esto con los sucesos de mayo de 1810 que recientemente nos refrescara Del Frade. Cuando 40 muchachos, de unos 20 años y capitaneados por French y Berutti tomaron dagas del Regimiento 5 “La Estrella” para plantear que“el gobierno ha cesado. Es el Pueblo el que debe gobernar”, para lo que reparten 500 invitaciones en una población de 40 mil habitantes.

Y que, ante la tozudez del Virrey y su jugarreta para mantenerse en el Poder, el día 25 el mismísimo Belgrano toma una daga, va hasta el Virrey, que se encontraba en el balcón, y le exige: “Ud declare el final de su gobierno o si no lo tiro por la ventana”. Como bien nos lo recuerda  Del Frade, “ese 25 de mayo 250 personas deciden inventar un país”. Y se lanzan al futuro poniendo todo en juego: fortunas, familias, vida y libertad.

Ni que hablar del Comandante Guevara, y la dirigencia perretista. Entonces la pregunta que urge es ¿no será que aquellas y aquellos que queremos de verdad ese sueño eterno que es la revolución, debiéramos poner especial atención en sacar las enseñanzas que hicieron grande a nuestro pueblo como a la generación de los 60/70 en lugar de estar mascullando todo el día –y todos los días- por una o dos toneladas más de fideos?

Mucho más cuando la inmensa mayoría de nosotros y nosotras coincidimos (y los propios ideólogos de la burguesía lo reconocen) que estamos frente a una de las mayores crisis –sino la mayor- del capitalismo en toda su historia, lo cual presagia un choque de clases como nunca antes conocimos. Y una situación de esa naturaleza lo que pone al rojo vivo es la necesidad –y sobre todo la posibilidad- de una revolución social, del triunfo de la causa obrera y popular. La posibilidad real de romper, definitivamente, con la dependencia e instaurar el socialismo. Y para ello es necesario organizar lo mejor de nuestra clase y de la intelectualidad revolucionaria, ponernos a elaborar cual debe ser la Estrategia de dicha revolución.

A esto apuntaba         

Los sucesos –hoy- en el mundo muestran no solo la crisis sino un nuevo reverdecer de las ideas libertarias.

Para ello es cardinal tomar los ejemplos de nuestra historia, dedicarnos casi con exclusividad a debatir y elaborar y poner en práctica la Estrategia revolucionaria que la hora reclama. Y ello no se puede alcanzar sin delimitarnos tajantemente de los charlatanes y vividores, como de los reformistas y pacifistas, de lo que está infectado el movimiento popular.

LALY MACHADO – MRP (LA PLATA)

A partir de la aparición de los movimientos piqueteros en los 90,¿qué balance podemos hacer sobre su posterior transformación en organizaciones sociales, muchas de ellas parte de del gobierno de los Kirchner  y hoy parte del gobierno de Alberto Fernández?

En principio vale aclarar que soy parte de una franja etárea que pasó su niñez en plenos 90′. Cómo la de tantxs compatriotas, una niñez de pobreza, de xadres sin laburo, de paros docentes, de trueque en trueque, de colas en la puerta de la  «manzanera» por un poco de leche, de mujeres guerreando para que sus hijxs coman algo.

Me siento hija de aquel acumulado de luchas que el 2001 explotó, conmoviéndome para siempre y dándome firmes razones para militar.   

El movimiento piquetero en la Argentina se caracterizaba por cortar rutas y plantarse con firmeza ante la desocupación feroz, volviéndose un refugio organizativo para lxs despojadxs de todo, pero también un sector que le dio otra dinámica al movimiento popular.

Si bien nace como un espacio reivindicativo, el movimiento piquetero en aquellos años no sólo peleaba por comida y planes sociales, «trabajo, dignidad y cambio social» se aclamaba, pero también se denunciaba el pago de la deuda, se promovió la expropiación de empresas o se repudiaba la presencia imperialista en el país.

Luego del 2002, con la batalla del Puente Pueyrredón, para poder gobernar había que calmar a lxs piqueterxs, millones de planes sociales desparramaron, millones de comedores y merenderos y a partir del Kirchnerismo sobre todo la incorporación de referentes al estado.

Años después podemos ver al movimiento piquetero devenido en movimientos sociales, cientos y cientos de movimientos sociales que en general no han roto el techo construido; en parte por su propia naturaleza reivindicativa pero también por la necesidad que ha tenido el poder establecido de contener su potencial.

La propuesta de la economía popular es muestra clara de acomodar los reclamos históricos a las posibilidades actuales, maquillando propuestas a los márgenes del poder.

Hoy la mayoría de las organizaciones sociales están, viven y crecen chupando de la teta de un estado que se ha adaptado a esa situación hace años.

Si antes lxs referentes piqueterxs conducían la quema de gobernaciones, hoy proponen la constitución de una sub economía para pobres, con una producción dependiente del estado,  imposibilitada de competir en el mercado. Nos proponen también una soberanía alimentaria sin expropiación de tierras; es decir, amontonar nuestras verduras en las tierras fiscales que nos puedan haber dejado lxs ricxs. Ni hablar de la justificación del pago de la deuda externa o la militarización de nuestros barrios.

La cosa ha cambiado bastante, sobre toda la dirigencia.

A mí entender vemos los claros resultados de una degeneración de los objetivos originales.

Si los años del Kirchnerismo fueron años de domesticación e incorporación al establishment y el corto periodo macrista fue de ruptura de organizaciones; el gobierno de Alberto Fernández ya es de institucionalización plena de la pobreza. Gobierno de ex piqueterxs y nuevos dirigentes de uno y del otro lado del mostrador, pero sobre todo de debates chamuyo, de propuestas inviables y justificación de lo  injustificable. Tiempos de compañerxs presxs que no se reclaman, de hambre que se oculta y de desvalorización de nuestra clase y del trabajo en sí.

Tiempos de resignación de gran parte de la dirigencia que al poder «meter» compañerxs en algún lado ya ven luz en su camino.

 ¿Cuáles son los desafíos de las organizaciones sociales que expresan un enfoque de clase en la actualidad y de cara al futuro?

Los desafíos que tenemos pasan por formar una trinchera e intentar encontrarnos con los que más o menos pensamos igual, los que sabemos que con un Gobierno progre no se sale de la pobreza. Que no alcanza con «meter» candidatxs en un adentro que deja a la mayoría afuera. Que hay que levantar las banderas que supimos conseguir nuevamente.

Hacer un trabajo en los barrios con los compas para mostrarle que la política no sólo es el chetaje, blanco, que va a sacarse foto y no aparece más, o  es el puntero que te obliga a marchar por una cooperativa o un poco de alimento. Estas discusiones tenemos que darlas todo el tiempo y tomarnos el trabajo de formarnos y revindicar a lxs compañerxs que dieron la vida para cambiar  todo lo que está mal.

Debemos abrir un camino viable para nuestro pueblo hacia la resolución real de nuestros problemas matrices. Reidentificarnos como clase, volver a pintar la línea y entender cuáles son nuestras contradicciones principales y de qué lado estamos.

Debemos recomponer una moral distinta, no se puede ser de lxs nuestrxs y ser ricx también. Ser ricx está mal!!! Acumular es sinónimo de robar trabajo de otrxs. Mentir, engañar, ocultar está mal! Puede sonar básico y hasta infantil pero si no recomponemos una moral distinta ante tanta inmoralidad nuestra lucha no tendrá color ni guía.

Debemos entrar en un proceso profundo de descolonización pero peleando contra todo lo que nos proponga perpetuar la colonia, a cara de perro y sin titubear.

Promover y forjar al calor de la pelea una nueva dirigencia que rompiendo con todo promueva nuevas ideas libertarias no solo en los grandes discursos sino desde lo pequeño de todos los días, en cada barrio, en cada villa.

Debemos volver a creer que la revolución es posible.

MTL REBELDE

A partir de la aparición de los movimientos piqueteros en los ‘90,¿qué balance podemos hacer sobre su posterior transformación en organizaciones sociales, muchas de ellas parte de del gobierno de los Kirchner  y hoy parte del gobierno de Alberto Fernández?

Desde hace un tiempo venimos discutiendo al interior de nuestra organización cómo fuimos transitando toda la etapa posterior a la década de los ‘90, y sobre todo después de los asesinatos de Darío y Maxi por parte del aparato represivo del Estado. Notamos que después de este hecho, que fue un golpe duro para todas las organizaciones piqueteras, ya nada fue igual. Sentimos que hubo un retroceso en el auge de las luchas, y también teniendo en cuenta que un tiempo después cuando el gobierno de Néstor Kirchner logró recomponer la institucionalidad burguesa poniendo paños fríos al “que se vayan todos”, dio por terminada toda una etapa de efervescencia de los sectores populares que aspiraban a construir un mundo mejor.

Durante el período Kirchnerista con la intención de frenar el auge de las luchas que aunque reivindicativas, tenían un ingrediente revolucionario, o por lo menos de hartazgo con el sistema dominante, comenzó un proceso de cooptación de todos los sectores en lucha, hecho fundamental para recuperar la credibilidad en las instituciones burguesas. Así lograron convencer a un amplio sector de izquierda de su discurso progresista, por ende reformista dentro del marco Capitalista.

Las organizaciones sociales y piqueteras no fueron la excepción. Muchos de estos movimientos, que en el 2001 luchaban contra el neoliberalismo, fueron cooptados por el gobierno de Kirchner, adhiriendo al discurso reformista y conciliador y a la creencia de que se puede construir un capitalismo humanizado. Durante el gobierno de Macri lograron constituir una fuerza unitaria que le dio a la lucha contra el neoliberalismo una dinámica importante. Pero con el recambio institucional, a través de las elecciones, retomaron el discurso de que a través de un estado progresista se pueden resolver las necesidades del pueblo trabajador. Estas organizaciones enroladas en la CTEP y que pasaría a llamarse UTEP, en diciembre de 2019, no sólo apoyaron la candidatura del Frente de Todos sino que hoy forman parte del actual Gobierno Nacional dirigido por Alberto Fernández.

Nosotros tenemos una visión muy distinta de la de muchos de estos compañeros, ya que creemos que el sistema capitalista no puede ser humanizado, porque su esencia es genocida. Creemos que es necesario destruir al capitalismo para construir una sociedad donde no haya jerarquías, ni quién manda y quién obedece, que no haya explotación. Creemos que el camino es la revolución y nos proponemos la construcción de Poder Popular para producir un cambio de raíz en nuestro país.

Más allá de que nosotros tenemos una visión muy distinta a la de los compañeros de la UTEP, ya que basamos nuestras ideas desde una mirada CLASISTA y con el objetivo claro de la construcción de PODER POPULAR, somos conscientes de que el sistema logró institucionalizarnos y legalizarnos, también a aquellos que nos negamos y lo resistimos. Nuestro trabajo se encuentra en los territorios, y en los más necesitados, lo cual nos entrampa en la cuestión de resolver nuestras necesidades inmediatas. Y lo que conquistamos en las luchas y le arrancamos al gobierno se vuelve un arma de doble filo. Nos obligan a armar cooperativas de trabajo, Asociaciones Civiles, para poder sostener lo conquistado, nos han convertido en parte del aparato estatal, y nos vemos desbordados de tareas técnicas y administrativas para la cual no estamos preparados. Esta estrategia es la que vienen afinando y puliendo los sucesivos gobiernos desde el Kirchnerismo en adelante, para mantenernos ocupados administrando las conquistas obtenidas y corriéndonos el eje de la política. El desafío es usar las herramientas que nos obligan a crear, con una mirada clasista y popular, generando trabajo autogestionado y auto-organizado por los propios compañeros y vecinos del barrio. No desistimos de nuestros sueños de seguir construyendo conciencia en nuestros compañeros y pensar esta construcción de manera COLECTIVA.

¿Cuáles son los desafíos de las organizaciones sociales que expresan un enfoque de clase en la actualidad y de cara al futuro?

En estos tiempos de Pandemia y crisis Capitalista el desafío es enorme, la necesidad de nuestros compañeros también es muy grande. Nosotros creemos que solo el pueblo podrá salvarse a sí mismo. Uno de los desafíos es construir conciencia de clase entre los trabajadores para comprender que este sistema nunca va a garantizar una vida digna a quienes trabajamos y generamos la riqueza que es apropiada por unos pocos. Hay que revertir el pensamiento individualista, del sálvese quien pueda.

Por eso, algo que necesitamos más que nunca es la tan reivindicada UNIDAD de todos los que queremos pelear contra este sistema de hambre y exclusión. Necesitamos empezar a articular en todos los territorios, con todos los sectores para ir conformando nuevas herramientas tanto teóricas como prácticas para enfrentar al Capitalismo, desde otra mirada más humana, y como decíamos antes, más colectiva. Como plantean los zapatistas “un mundo donde quepan muchos mundos”.

Necesitamos construir pensando que las diferencias nos nutren, que entre todos podemos construir una verdad superadora, con el aporte de todos. Desde ya no debemos armar recetas, sino todo lo contrario. Ir construyendo entre todos respetando nuestras diferencias, y seguir adelante con nuestros puntos en común.

Debemos comenzar la construcción de un frente de lucha amplio, que aglutine todas las luchas dispersas, que sea motor de los reclamos más inmediatos pero que a su vez aspire a la consolidación de un espacio que tenga una perspectiva mayor, que pueda ponernos a los trabajadores en perspectiva y con propuestas concretas para dejar de estar al pie de las políticas implementadas desde la lógica Capitalista e Imperialista. Debemos construir a partir de ahí un Frente Político Social de Liberación, que tenga una perspectiva de cambio social, de raíz y desde abajo.

Como siempre a los trabajadores nos queda organizarnos y luchar!!!

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