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lunes, agosto 10, 2020

[FORO DEBATE] Táctica y estrategia en el movimiento piquetero

Por Damián Ripetta (militante de Marabunta)

La historia del movimiento piquetero y su estructuración organizativa, así como sus vinculaciones político patronales, no escapan a la dinámica sectorial de la lucha de clases en el país. No porque debamos restringir su incidencia a cuestiones gremiales (ya abordaremos esto), sino porque la dinámica del movimiento en su conjunto le impuso condiciones que al régimen primero le costó interpretar y contener, y luego generar la condiciones no sólo de cooptarlo sino de hacerlo funcional al propio desenvolvimiento de la sociedad capitalista.

Me tomaré pues la libertad de desarrollar, con el permiso de lxs amigxs de Centenario, la cuestión de sentido social y sus manifestaciones tácticas, todos debates que hoy atraviesan al conjunto movimiento piquetero de manera explícita e implícita, y esto lo haremos abordando nuestra propia perspectiva en el desarrollo mismo de la argumentación. Así como también buscaremos analizar brevemente, los porqué de visualizar la cuestión de sentido y no restringirnos estrictamente a las preguntas usuales que nos atraviesan, dado que sólo desde ahí puede interpretarse las diferencias tácticas que hoy habitan las expresiones clasistas del mismo, así como también las diferencias estratégicas que nos diferencias de las expresiones que están al servicio del capitalismo vernáculo. Éste ejercicio, vale aclarar, abre más incógnitas que las que responde, pero busca desempolvar sucintamente aquello que subyace a los debates y a las orientaciones.

Cuando hablamos de sentido no nos referimos naturalmente a que “sector” organiza el movimiento piquetero ni que métodos lo definen. Todxs sabemos que su incidencia se halla entre los sectores más pauperizados de la clase trabajadora y el lugar donde se incide principalmente es en las barriadas populares (villas, barrios obreros, asentamientos, tomas, etc.). De hecho hoy ante una pobreza creciente en un país que lleva años inmerso en una crisis económica y en vías de agudizarse, debates como la “renta universal”, la pobreza, la llamada eufemísticamente “economía popular”, así como otras manifestaciones del debate se visualizan a la orden del día.

La creciente marginación de estratos enteros de la clase trabajadora imposibilitados de insertarse en el mercado laboral, el aumento creciente de la precarización y tercerización en buena parte de las ramas de la producción, lleva a la existencia y validación misma del movimiento. Es pues el movimiento piquetero una expresión organizativa de la clase trabajadora pero, ¿con qué fines? ¿Sus luchas son específicamente gremiales? ¿Cuál es la orientación estratégica que estructura su orientación y recorrido; sus manifestaciones tácticas, sus debates y sus luchas?

¿Un movimiento gremial?

La primera gran manifestación de todo esto es la caracterización de todo un arco de organizaciones, tanto clasistas como cooptadas, de pensar al piquetero como un movimiento meta-sindical, cuando no directamente de un sindicato estrictamente hablando. Según esto el movimiento piquetero debe ser la respuesta a la marginación socio-económica y dar así una respuesta a las necesidades de los compañeros y compañeras en el terreno económico. Es en éste caso donde podemos ver como se confunde una manifestación de la inercia política del movimiento, con su sentido social-estratégico.

En su devenir político-social, el movimiento piquetero se ha dado múltiples formas de enfrentamiento con el régimen, tanto en lo político como en lo sectorial, en lo medioambiental como habitacional, en lo gremial como en el derecho de lxs trabajadores migrantes, etc. Confundir una manifestación con su sentido social, incluso en el caso de las organizaciones clasistas (o más aun en el caso de organizaciones con concepciones más integrales de lucha político-territorial) genera que se estreche su cometido político, restringiendo en algunos casos su incidencia a tareas de lucha por trabajo genuino, donde su centralidad permanece en su aspecto reivindicativo y/o productivo.

Así, la falta de una concepción integral de la inserción del movimiento piquetero en la lucha revolucionaria y su posterior visualización gremial ha facilitado las tareas de cooptación del régimen durante las décadas de existencia del mismo o ha favorecido un luchismo en clave reivindicativa. Esto encuentra su aspecto más dramático en la sindicalización propuesta por las organizaciones netamente cooptadas (ya sea originalmente, o que lo fueron siendo con el tiempo) que integran la UTEP (ex-CTEP, más el agregado de otras orgas como la CCC, Barrios de Pie, etc.). Hagamos acá un paréntesis necesario. La concepción de gremializar la lucha del movimiento piquetero parte, además de lo anterior, de una concepción errada de interpretación en lo que al “sector” que organiza configura. Si por “sector” interpretamos una rama de la división social de trabajo (o una fracción de la misma), evidentemente estamos, en este caso, incurriendo en un error. Ya que lxs compañeros que conceptualizan a la base piquetera como “sector” la tipifican como “sector precarizado”, como si ésta condición de precarización hoy no integrara sectores tan disímiles entre sí como estatales, ferroviarios, sanitaristas, metalúrgicos, construcción, etc. Prácticamente no hay rama de la producción o servicios que no esté compuesta por una parte de trabajadores precarizadxs. Si el movimiento piquetero pretende organizar ésta fracción (que puede estar bien) pero se arroga su representación sindical (como hace la UTEP unificando todo dentro de un sólo gremio) termina siendo brutalmente reaccionario a los fines, porque en vez de luchar por mejorar las condiciones de trabajo y salario de las fracciones organizadas, buscando re-insertarlas en los convenios colectivos correspondientes, tracciona todos los salarios hacia la baja del movimiento obrero legitimando la precarización que hoy tiene las capas más brutalizadas de la clase. Pavada de favor a las patronales públicas y privadas. Por detrás de la aparente organización y mejoramiento de estas fracciones de la clase trabajadora se encuentra una punta de lanza legitimadora, sumisa y reaccionaria, una concepción del sindicalismo pro-patronal, que excede la cantidad de luchas que puedan llevar adelante desde el Sindicato, e incluso más allá de las intenciones que pueden tener muchos de sus militantes. Otro elemento también a citar, a modo de ejemplo, es que originalmente la CTEP se pensaba como Confederación de Trabajadores. Más allá de los impedimentos jurídicos con que se topó para poder legitimarse como tal, la concepción de Confederación no suplantaba la lucha de los sindicatos sino que entendía que debía insertarse a cada laburante a su rama correspondiente (cartoneros en papeleros, etc) y desde ese lugar negoció hace diez años con la CGT. Vale decir entonces que en ese caso, cooptada y todo, al menos no asumía ese carácter regresivo que le da el aniquilamiento de los convenios por su propia existencia. Y lo que también muestra su propio derrotero a la hora de ir flexibilizando sus propias exigencias con un gobierno que una buena parte de sus activistas consideraba propio.

Un movimiento al servicio de la insurrección

Volviendo entonces, la interpretación necesaria del movimiento piquetero fuerza a una lectura más integral de la lucha político territorial, donde no se confunda sus manifestaciones con su sustento, donde complemente pero no suplante en su dinámica social la lucha gremial, habitacional, ambiental, en fin, la lucha del política de lxs trabajadores por el socialismo. Donde no se desmerezca la imprescindible lucha por puestos de trabajo, contra la precarización, etc. pero que ello a su vez no termine opacando la complejidad estratégica de la lucha en ciernes. Para ello, el pie que deben hacer en los territorios las organizaciones debe ser mucho más profundo, mucho más vasto en sus intenciones, comprensión y ambiciones. Porque el movimiento piquetero no nació para paralelizar a los sindicatos, sino para organizar a las fracciones de la clase más golpeadas, mas brutalizadas por el régimen, para concientizarlas y sumar a insurreccionarlas. Porque el movimiento piquetero puede abrigar, en sí mismo, toda una concepción de lucha por el control territorial de cara a enfrentar al régimen, o puede transformarse en un mero parche estatal que morigere las ansias de transformación ante la miseria y el hacinamiento. Puede enarbolar paulatinamente las banderas de la insurrección social, caracterizando con acierto su rol en la lucha de clases o puede restringirse a los límites autoimpuestos de contención social.

Así como hoy, donde más y más compañeros y compañeras pasan a engrosar las filas de los ejércitos de trabajadores marginadxs y prescindibles por el régimen, vemos resurgir debates como el de la Renta Universal. Y nuevamente ante esto se abren dos opciones. O reivindicar frontalmente el derecho de todo ser humano (por el sólo hecho de existir) a contar con un ingreso que le permita subsistir él/ella y sus familias, y luchar desde ahí por la socialización de la riqueza por toda la clase generada, esto es, reivindicar la lucha genuina por la Renta Universal. O se puede transigir una vez más, y aceptar la propuesta del gobierno y la UTEP que pretenden hacer pasar por “Renta Universal” aquello que no es más que el reconocimiento de la postración económica de millones de personas en el país, la legitimación de un ingreso por debajo de la línea de indigencia mientras los capitalistas aumentan su tasa de ganancia vía depreciación del salario obrero y todo tipo de facilidades gubernamentales. En el medio, naturalmente habitarán los grises tácticos que pueden expresar, por ejemplo, no oponerse a un ingreso que le puede aliviar la vida a muchxs, pero desenmascarando las condiciones de la propuesta y la verdadera naturaleza de la Renta Universal que poco tiene la propuesta de aquella.

Ante el aumento de la marginación de millones producto de la tecnificación, del aumento de la productividad, del cierre de ramas enteras, la lucha por la socialización de la riqueza y de los medios de producción asume aspectos de una contemporaneidad dolorosa. Escindir la lucha político-territorial de la lucha gremial es el favor mayor que le puede servir el movimiento piquetero al régimen en ésta hora de la lucha política.

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