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domingo, septiembre 20, 2020

LA SECUELA DEL CAPITALISMO ARGENTINO [EDITORIAL]

“Desde la segunda guerra mundial, pero especialmente a partir del decenio de 1960, el papel de las “economías nacionales” ha sido menoscabado o incluso puesto en entredicho por las grandes transformaciones habidas en la división internacional del trabajo, cuyas unidades básicas son empresas transnacionales o multinacionales, y por la correspondiente creación de centros y redes internacionales de transacciones economicas que, a efectos prácticos, quedan fuera del control de los gobiernos estatales, algunas de cuyas partes -como los paraídos fiscales- no están sometidas a ninguna clase de control.”

(Eric Hobsbawm, “Naciones y nacionalismo desde 1780”)

La globalización ha significado, entre otras cosas, una tendencia cada vez mayor a la concentración económica. Por otra parte, ha contribuido a la fragmentación social y a una “gelatinización” de los estados nacionales, fundamentalmente, como resultado de la modificación de su rol.

Tal tendencia habilitó por ejemplo, la “federalización” de los recursos naturales, fundamentalmente los energéticos, sobre los que el Estado Nacional argentino poseía cierto control y propiedad.

La reforma constitucional del año 1994 permitió sacar de la órbita del monopolio de ese Estado Nacional el control de los recursos hidrocarburíferos para primero, transferírselos a las provincias, y luego, para que éstas se lo entregaran a las petroleras multinacionales por módicas sumas. Aquello que en otros países el imperialismo consigue por medio de guerras, en estas tierras se obtiene a cambio de “comisiones” que reciben gobernadores e intermediarios devenidos en “jeques autóctonos.”

Un dato menos conocido aún, es la privatización del sistema portuario en 1992.

Los puertos argentinos constituyeron desde siempre un objeto de deseo de las oligarquías locales. Asimismo, han sido desde siempre el origen y también el pretexto de interminables luchas internas.

El “odiado” puerto de Buenos Aires generó el todavía más odiado gentilicio de “porteño”, algo paradójico si se quiere, ya que remontándonos a los ’90, podemos decir que fue Carlos Saúl Menem, el caudillo federal, quien entregara, en un acto de “justicia peronista”, a Santa Fe el puerto de Rosario y toda la Hidrovía para que sencillamente, los gobiernos provinciales de Buenos Aires y Santa Fe “federalmente” los privatizaran y los convirtieran en áreas extraterritoriales.

Las multinacionales cerealeras eternamente agradecidas. Las bandas de narcos también. El gobierno de la CABA (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) contribuyó también a la transformación del puerto: lo convirtió en Puerto Madero, La Rosadita, y sus amigos, también agradecidos.

Más de cincuenta millones de toneladas de granos se exportan solamente por la Hidrovía de Paraná. En su zona de influencia, durante estos últimos 25 años sólo creció la miseria, el desamparo, el hambre y la droga. Todo ello, como la muestra más evidente de las contradicciones del sistema capitalista argentino.

La privatización absoluta de la comercialización de cereales y sus subproductos con la entrega de los puertos y luego la utilización de las nuevas tecnologías, cuadruplicaron en sólo 15 años la producción granaria.

En la última década el modelo productivo de la lumpenburguesía argentina se transformó. Ahora depende totalmente de la biotecnología, el transporte, los seguros marítimos y la financiación como resortes exclusivos de las empresas imperialistas. Las cerealeras multinacionales dominan casi el cien por ciento de los procesos que se desarrollan en la moderna producción de alimentos. Nunca en la historia argentina se había llegado a una extranjerización tan extrema de la economía. Si a las semilleras multinacionales se les antojara abandonar la siembra de maíz por ejemplo, entonces la Argentina dejaría de producir maíz automáticamente.

La extranjerización entra en contradicción con los postulados que ha levantado el peronismo en relación al mentado nacionalismo económico y a la tan mentada sustitución de importaciones.

Por ejemplo, sobre el proceso de pseudo estatización de YPF se montó un relato épico. Por esta “empresita” se pagó un valor similar al de todos los granos guardados en las silobolsas de los sojeros argentinos durante 2015. Tenemos que “blanquear” que la estatización de un porcentaje de sus acciones no se ejecutó por una decisión política de la por entonces presidente Cristina Fernández de Kirchner, sino como respuesta a la exigencia de las cerealeras cuando éstas comenzaron a ver que la ineptitud de los directivos españoles de Repsol hacía peligrar la continuidad del negocio. En otras palabras, se estatizó YPF porque ya no había otra forma de conseguir gasoil en Argentina. Siete mil camiones esperaban en los puertos santafesinos para descargar y el gasoil se convirtió en el límite principal de esa actividad. Esa fue la verdadera razón por la que se le pagó, casi sin discutir un sólo centavo, a una empresa extranjera cuya única actividad constatable fue la desinversión y el saqueo.

Pero hablemos de “la banca nacional”. Casi no existe, excepto en los negocios de corto plazo (tarjetas, consumo, etc.) como reemplazo de los antiguos bancos provinciales. La caída de los precios de las commodities blanqueó lo endeble de los procesos económicos argentinos. Con soja a U$S 640 por tonelada todo resultaba más fácil. Con soja a U$S 330 por tonelada se segmenta el país, Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe se segregan, ya que en esa zona todavía es rentable producir. En el resto (NOA/NEA), el modelo agrícola granario moderno ya no será viable.

La verdad es que en tiempos de CFK, las cerealeras nunca temieron el peligro de una estatización del comercio exterior de granos.

Los bancos jamás pensaron que el proyecto de Ley de Reforma de Entidades Financieras fuera aprobado.

Los capitalistas transnacionales siempre controlaron y siguen controlando la liquidación de dólares. Las primeras cuatro empresas exportadoras son cerealeras multinacionales: Cargill, Bunge, AGD y Dreyfuss.

Lo curioso es que una gran parte del “progresismo” se preocupa más por el “misterio genético” de los transgénicos que por el poder político de estas multinacionales.

Ni el mismísimo David Ricardo, ni Adam Smith, ni el más encumbrado de los economistas liberales hubieran podido predecir tal quiebre del sistema productivo de la Argentina.

La renta diferencial que las pampas tienen por aptitud agroecológica están determinadas por un límite de cercanía a los puertos de embarque debido al déficit de infraestructura, por lo cual los ciento diez millones de toneladas de granos, están asegurados en la Pampa Húmeda.

DEUDA EXTERNA VS. DEUDA INTRA-ESTADO

“Los usureros de todas las calañas reclaman siempre a voz en cuello títulos y documentos. Los juristas les dan esta respuesta: In malispromisis. Por su parte, los teólogos declaran que las cartas dirigidas al diablo no tienen ningún valor, aunque estén escritas y selladas con sangre, pues lo que va contra Dios, contra la justicia y contra natura, es inválido y nulo. ¿Cuándo habrá, pues, un príncipe lo bastante enérgico para intervenir valientemente y romper todos estos títulos?”

(Martín Lutero)

Esta es otra de las falsas antinomias que presentan frecuentemente los economistas del kirchnerismo para reforzar su épica supuestamente anticolonial.

En realidad, hay una sola deuda y toda ella consistituye, al decir de Alejandro Olmos Gaona, «un delito de ejecución continua», en el que están involucrados de un modo u otro, los organismos financieros internacionales , los fondos financieros de inversión tenedores de títulos, bonos, letras y cupones, más los cómplices locales: comisionistas, renegociadores de canjes, estudios de abogados nacionales y extranjeros, ministros de hacienda, presidentes del BCRA, gobernantes en general desde 1976 hasta la fecha.

Es muy común escuchar con cierto tono ufano, pero absolutamente sin fundamento, que “el kirchnerismo desendeudó al país”. Esa mentira, sencillamente puede sostenerse gracias a que las grandes mayorías desconocen (o creen conocer) cuáles son los distintos mecanismos de endeudamiento con los que la usura internacional ha condicionado y sigue condicionando los estándares de vida de la clase trabajadora y de los sectores medios, haciéndolos retroceder más y más, subordinando toda la economía del país a un sistema de deuda perpetua.

Se focaliza erróneamente y de un modo deliberado en el FMI como única instancia institucional de la usura. Pero de ningún modo es así . De hecho, en 2003 cuando asume el kirchnerismo, el FMI atravesaba un período de franca decadencia, por desprestigio y falta de influencia de sus políticas en la mayoría de los países. Además, de los 178.000 millones de dólares del total de la deuda pública argentina que hereda Kirchner de la administración Duhalde-Lavagna, solamente 6.500 millones de dólares tenían que ver con la deuda de la Argentina con el FMI.

En un acto que tuvo más de gesto tribunero que de gesta libertaria, se le pagaron al Fondo no solamente los 6.500 millones con reservas del BCRA producto del boom exportador, sino una compensación por intereses y costas que totalizaron una cifra cercana a los 9.800 millones de dólares, con deuda defaulteada y sin ningún tipo de auditoría que pudiera haber puesto en la discusión política el origen fraudulento de esa deuda. Todo ello con un agravante: nunca se rompió formalmente con FMI, puesto que como miembro activo, el Estado Nacional nunca se dejó de abonar la suscripción de la cuota que determina los aspectos básicos de la relación con esa entidad financiera. (Durante la “década ganada” por ejemplo, por propuesta del directorio del FMI esa cuota fue acrecentándose periódicamente, siempre con el voto favorable de la Argentina, incluso el Poder Ejecutivo presentó en el Congreso el proyecto de Ley 26.849 por el cual se proponía elevar esa cuota de la Argentina de la “módica” suma de 3.187 millones de dólares a unos 4.789 millones de dólares – Ley 26.849, de 10/5/2013).

Para comprender qué sucedió con el resto de la deuda, hay que entender cómo funcionan el resto de los mecanismos de usura que se presentan con aspectos más y mejor ocultos, incluso a veces mistificados.

Uno de ellos es el que se ha conocido con distintos eufemismos: blindaje, canje, megacanje, renegociación, reperfilamiento, etc.

Siempre el beneficio es para los tenedores de títulos y bonos, y el perjuicio es directo para el sector asalariado.

¿Cómo se explica?

Es sencillo. Cuando se pagan intereses con reservas y excedentes de exportación que conforman una gran masa de plusvalía producida por la clase trabajadora, (no por las patronales, no por los bonistas, ni los bancos) el Estado está desfinanciando áreas fundamentales, como la educación y la salud pública para cumplir con esos compromisos. Nada de “la plata del pueblo vuelve al pueblo”. Minga.

Lo que se sigue presentando hasta el día de hoy como dos «éxitos» del kirchnerismo, es decir, los dos canjes de deuda de 2005 y 2010, fueron gestiones que hasta el día de hoy siguen provocando desastrosas consecuencias para la economía de la clase asalariada. En principio, porque una vez más hay que decir que se reconoció una deuda de arrastre contraída de un modo espurio (basta con recordar el fallo del año 2000 del Juzgado en lo Criminal y Correccional N° 2 a cargo del Juez Ballesteros) ; en segundo lugar, se habla de «quita» como algo positivo, cuando esa quita en realidad se llevó a cabo sobre papeles adquiridos a precio vil en medio de la crisis de 2001 por los grandes fondos financieros de inversión y revaluados a precios nominales de mercado en el momento de esa «quita» en 2005. (Si compro a 1, luego oferto a 10 y me quitan 5, hice un negocio bárbaro); tercero, porque del total de tenedores de títulos se arregló con el 76 % aproximadamente, dejando el resto librado a una cantidad de juicios contra la nación en manos de tribunales extranjeros que ya sabemos a favor de cuáles intereses fallan; y por último, ambos canjes consistieron en un «cambio de figuritas», es decir, un canje de papeles con promesas de repago con más intereses y un «premio» extra para los usureros: un cupón atado a la evolución del PBI (un «favor» que se le hizo también a la «expropiada» Repsol, cuyos directivos al principio, ensayaron una protesta honrosa, y luego cuando se dieron cuenta que estaban haciendo un negocio redondo, metieron violín en bolsa y salieron corriendo por si nos arrepentíamos).

Pero, ¿es verdad que la deuda intra-estado es “mejor” que la deuda externa?

Otro de los mecanismos, que representó un verdadero método de saqueo y fuga, fue el que se comenzó a acelerar sobre todo a partir de 2008 con la emisión de letras del BCRA en pesos – Lebacs – mecanismo que fuera multiplicado por Macri hasta niveles inverosímiles a partir de 2016.

Sucede que tanto neoliberales como populistas sostienen lo mismo en el fondo: que lo que ellos llaman «gasto fiscal» (los gastos surgidos de la administración del Estado) y el «gasto previsional» (el pago a los jubilados y pensionados) deben ser financiados sin rozar determinados intereses. Lo paradójico es que no rozarlos implica directamente favorecerlos. ¿Cómo? Haciendo que esos «gastos» caigan sobre las espaldas de la clase trabajadora, es decir, la clase que precisamente genera valor. El Estado emite papeles a través del Tesoro o del BCRA con promesa de repago con tasas de interés que atraen a grandes inversores, llámense bancos, fondos de inversión, empresarios, etc. Con ese mecanismo el Estado queda como un «cliente» cautivo, fundamentalmente de la banca privada, que encuentra en éste Estado a un «cliente ideal»: «- Te presto y mes a mes, semana a semana (últimamente día a día) me devolvés con enormes tasas de interés que no consigo en ningún otro tipo de transacción financiera o comercial».

Entonces, so pretexto de «financiar el déficit fiscal y previsional», el Estado emite títulos.

Lo que nadie dice es que esos déficit fiscal y previsional son como el cuento de la buena pipa. Y esto es así porque en primer lugar, ¡ni neoliberales ni keynnesianos jamás dicen que gran parte del presupuesto fiscal se destina al pago de intereses de esa deuda que el mismo Estado va contrayendo y acrecentando!; y en segundo lugar, porque el «deficit previsional» se genera en una caja precisamente que debería autofinanciarse, sin generar déficit, sólo con los aportes tanto de la patronal como del sector activo. Sin mencionar que si presenta constante déficit es debido a que justamente, se ve saqueada de modo constante por los últimos gobiernos para pagar deuda. Un cuento de nunca acabar.

Entre default reconocido por Rodríguez Saá, bravuconada con el FMI de Néstor, pésima negociación con los holdins, houldouts y posteriormente con el Club de París (a quién no hubo más remedio en 2014 que pagarle casi 10.000 millones de dólares de una deuda más intereses contraída por la dictadura*) la Argentina tuvo durante los años del kirchnerismo vedado el acceso al crédito internacional o, acceso a tasas humillantes e inverosímiles. Como consecuencia de ello, el gobierno se vio obligado a financiar los presupuestos del estado burgués reemplazando el mecanismo clásico de endeudamiento con el FMI y otros organismos financieros internacionales, colocando deuda en varios organismos del estado nacional y provinciales.

Por ejemplo, a) echando mano a más de la mitad de la cartera de créditos del Banco Nación destinada a Pymes y otros emprendimientos; b) usando casi el 60 % del Fondo de Garantías de Sustentabilidad del Anses; c) tomando dinero de las provincias y de los municipios a cambio de papeles y otras promesas de pago en pesos que con el tiempo fueron licuados por las sucesivas devaluaciones, ergo, nunca se les terminó de devolver esos fondos a esos organismos. (En el caso del FGS del Anses fue la causa de fondo por la cual CFK vetó en su momento el 82 % móvil).

Todo ello sin contar que en la famosa “hoja de ruta” de Amado Boudou estaba previsto retornar al mercado de crédito de los organismos financieros internacionales a cómo de lugar, es decir, admitiendo cualquier tasa de interés.

No existen deuda externa vs. deuda intra-estado como contrarios. Ambos son mecanismos complementarios para que el ciclo de saqueo se constituya en un delito de acción continua por parte del capitalismo global y un factor de dependencia y atraso determinantes.

Basta con identificar de qué manera funcionan estos resortes para darse cuenta que si bien no podría decirse que macrismo y kirchnerismo son lo mismo, sí podría decirse que actúan en tándem, dado que en la administración del estado burgués, lo que administran unos y otros precisamente, es la tasa de ganancia de los usureros en este caso, la de las cerealeras y las multinacionales que explotan nuestros recursos en otros, pero en todos los casos a costa de lo que produce la clase trabajadora. Todos ellos invocando el remanido latiguillo del “gasto fiscal” como pretexto para sostener el sistema de explotación y acumulación capitalista.

EL MAYOR NEGOCIO ARGENTINO: EXPORTAR DÓLARES, NO GRANOS

Argentina exporta por valor de 70.000 millones de dólares, en su mayoría, como resultado de transacciones con commodities que son controladas por multinacionales cerealeras, alimenticias, y mineras.

Mientras tanto, las importaciones están conformadas por productos manufacturados y tecnología por un valor también de 70.000 millones de dólares.

A esta ecuación hay que agregarle el apetito consumista de las clases medias por los productos suntuarios importados y el turismo vip al exterior, lo que constituyen 10.000 millones de dólares. Por supuesto también, hay que pagarle a los usureros los intereses de la deuda externa, que, o bien los paga Macri o los paga Cristina en su calidad de “pagadora serial” Y en último caso se utiliza la figura épica del defaulteador, para renegociar mejores condiciones (para los acreedores).

Con lo que la posibilidad de aumentar las exportaciones y disminuir las importaciones para generar superávit no es otra cosa que algo improbable.

Más de 15 millones de marginados es el resultado de las políticas llevadas al cabo de 36 años en esta democracia burguesa que surgió con el fin de la dictadura militar.

Lo cierto es que la dictadura de clase, la dictadura de la burguesía, es tan implacable que hoy día uno de cada tres chicos necesita de los merenderos para subsistir.

Es el sistema capitalista el que no se soporta más en América Latina.

El país más “exitoso” de los últimos cinco años es el Paraguay convertido en el mayor exportador de proteínas per cápita del globo. Sin embargo por año, más de 100 mil hambrientos paraguayos cruzan la frontera para engrosar y alinearse con sus hermanos hambrientos de la Argentina y participar así de las sobras que la burguesía reparte desvergonzadamente.

Recapitulando.

La posibilidad por parte de la Argentina de duplicar las exportaciones de origen agrario es casi inexistente.

Los acuerdos con el Fondo y la toma de deuda externa permitieron una sangría de dólares que parece no tener fin hasta llegar a una cesación de pagos inevitable, como tantas otras veces.

La burguesía argentina sabe muy bien de este proceso. Defaultean los liberales, los peronistas liberales y los pro liberales, porque el mayor negocio de la Argentina no es exportar granos, sino dólares.

LOS DEBATES QUE LA HORA MERECE

Esto explica de manera cabal por qué en el debate con el populismo suele reducirse todo al nivel de consumo de los sectores populares y no a las modificaciones reales en el terreno de la estructura y la superestructura, haciendo de la política una condensación retórica de épicas vacías en relatos propios del peronismo, contrario a la concepción leninista de la política como una forma de economía concentrada.

El capitalismo y la clase dominante, lumpen, colonizada, vasalla, instala su “agenda de prioridades”: seguridad, desarrollo, estabilidad, crecimiento (entre otros rótulos) que condensan un mismo y viejo problema: garantizar y sostener las condiciones de funcionamiento y reproducción del capitalismo a través de su despliegue histórico. Aunque parezca obvio, el gobierno de los capitalistas a cada momento, en cada medida busca recomponer su tasa de ganancia; de esta manera el imperialismo ( entendido como capitalismo de los monopolios) no deja márgenes para experiencias “benefactoras” del mismo, y extiende certificado de defunción a los progresismos para anunciar un devenir de democracias neoliberales degradadas.

Para los acreedores externos y para el gran capital local, la tarea básica de los partidos políticos y el sistema democrático consisten en hacer viable el ajuste de todas las variables a la medida de sus necesidades, sólo están interesados en la democracia si ésta les permite maximizar beneficios con bajo costo político. Si la política es la economía concentrada, podría inferirse que la cuestión sigue siendo simple: una vez reestructurado el Estado, disminuidos sus gastos y aumentados sus ingresos, ¿en qué proporciones se distribuirá el excedente entre los acreedores, los grupos económicos y los asalariados? En la medida en que las fuerzas políticas se posicionen ante este tema() pueden prever desarrollos posibles. La verdadera fuente de problemas es la pretensión burguesa de ser el “partido del orden”, eso expresa todo el abanico dirigencial del establecimiento y sus corifeos. Este es el diseño de país que se terminó de conformar en los ‘90 y que continúa con leves diferencias. Los que sobran del modelo tienen un solo destino: la violencia y el narcotráfico; ambas tienen un solo patrón: las policías, que se convirtieron en los nuevos empresarios, cuyos explotados son niños y jóvenes que trafican para ellos y que ya ni sirven para un ejército industrial de reserva.

LA CUESTION DEL PODER

El problema del Poder es el problema central del marxismo.

Desde siempre ha sido, es y será el problema central de la Revolución. La construcción vital e impostergable de una estrategia de poder constituye el corazón, el núcleo de verdad del pensamiento político marxista.

No hay marxismo revolucionario sin estrategia de poder.

Se trata de ubicarlo en el centro del debate: el papel del Estado, y si ese papel es central para la perpetuación del capitalismo, para su reproducción y sus sistemas su dominación, para la acumulación del capital y para el control de las clases subalternas.

¿Podemos derrotar a la burguesía sin destruir o anularle este dispositivo estratégico?

El Estado burgués falsamente homologado con la “democracia”(a secas, sin nombres, sin apellidos, ni determinaciones de clase), es un producto histórico y una variable dependiente de la lucha de clases.

El recorrido de la izquierda y de los sectores populares es aleccionador cuando se pierde de vista la cuestión de poder y el enfrentamiento contra el estado burgués.

Nobleza obliga, hay que admitir que nos hemos ido constituyendo como parte de una izquierda que no encuentra los caminos para superar la crisis de la política como instancia totalizadora y la concibe como un puro empirismo, condenando a una buena parte de la misma a una larga tradición en cuanto a pretender la conquista de situaciones minoritarias.

Hay que construir en el Partido y en el campo popular un consenso hegemónico, no para la gobernabilidad, sino para la Revolución.

Hay que conjurar los fantasmas del quietismo, el “realismo”, “el culto de lo posible” y la impotencia política que levanta altares laicos a la sempiterna “correlación de fuerzas objetivas”.

El partido de Lenin es un partido de combate, su misión no es garantizar la paz de los poderosos, sino encaminar a la juventud y a la clase trabajadora para la toma del poder.

Lenin y los bolcheviques enarbolaron como estandarte las consignas de paz, pan y tierra, dejando en evidencia y ante el asombro de propios y extraños, que la resolución de los problemas más sencillos, como comer y trabajar, requieren la determinación de una radicalidad política, de una revolución socialista. Octubre de 1917 puso como orden del día la lucha de clases y la revolución. Es decir, la más poderosa representación política de la democracia moderna, la afirmación de la voluntad en la historia, la invención del ser humano por sí mismo, figura por excelencia de la autonomía del individuo democrático.

Cuando Lenin y el partido Bolchevique levantaban la consigna “Paz, Pan y Tierra”, era porque iba indisolublemente ligada a la de “Todo el poder al Soviet de Petersburgo y la construcción del socialismo”. Es decir, programa, instrumento y horizonte estratégico están dialécticamente relacionados.

Sentido del momento histórico, vanguardia más poder popular, democracia revolucionaria, lucha de clases, y la decisión inquebrantable de vencer o morir, son las enseñanzas de una revolución que efectivamente cambió la historia de la humanidad.

PROYECTO BURGUES VS PROYECTO REVOLUCIONARIO

Las oscilaciones del discurso reformista son de una variada gama.

Van, de un mentado “cambio de época” montado a caballo de un antiimperialismo de pacotilla, a pedir casi por favor que se respeten las libertades democráticas.

La razón de la persistencia del discurso oportunista, es que cree no se equivoca nunca, por ello prescinde de la autocrítica y ubica la responsabilidad política por los errores en los otros.

Si durante el transcurso del Siglo XX la izquierda y la socialdemocracia discutían en torno a las etapas, vías, programas, etc; en el Siglo XXI los contornos se han hecho más difusos. Los cultores del cambio de época se eximen de estas minucias y afirman que se puede avanzar al socialismo, en el mejor de los casos, aplicando políticas de matriz neoliberales. Hoy han vuelto a aparecer sin autocritica y ubicados a la vanguardia y por separado, todo tipo de demandas que, si bien las asumimos como propias, no se constituyen a sí mismas para enfrentar al capitalismo.

Producto de su rendición teórica y su derrota política, el reformismo se convierte en fuerza ortopédica del populismo peronista y da por muerta la idea de la revolución.

Sin embargo, el espectro retorna periódicamente a la vida después de cada funeral, para desafiar a sus apresurados sepultureros.

Ante este panorama la tarea que la hora impone es la de recuperar los atributos revolucionarios de las organizaciones políticas, desarrollar una importante capacidad combativa, tratando de poner en sintonía la propuesta política con la programática a fin de romper con las concepciones corporativas con la que se desenvuelve la política argentina, y avanzar en un proceso de acumulación revolucionaria que mejore las perspectivas de un relevo histórico de la lumpenburguesía en nuestra patria.

Esto sólo será posible cuando se logre un alto nivel de organización (un partido revolucionario) con una polarización sociopolítica (clase obrera y aliados) que posibilite el triunfo revolucionario, la toma del poder y la posibilidad de transitar el largo y sinuoso camino del socialismo.

Nuestra tarea es combatir todo enfoque evolutivo que se proponga enaltecer al capitalismo por vía de un seudomarxismo conciliador, huero, carente de toda energía revolucionaria.

Por otra parte los comunistas nos debemos parar ante este escenario con una propuesta que plantee fuertemente que no hay posibilidad de ningún Frente Patriótico que no se proponga una cantidad mínima de medidas que apunten a hacerse del control de los resortes claves del poder económico:

1) Subir los impuestos a los grupos más concentrados de la economía y que más se beneficiaron todos estos años a saber a) las cerealeras, b) los bancos, c) el gran capital agropecuario, d) los supermercados internacionales.

2) No pagar la deuda externa. Auditarla, hasta llegar a una conclusión certera de su origen, mecanismos y conformación.

3) Control absoluto del comercio internacional de comodities argentinos, a) agropecuarios, b) mineros.

4) Control absoluto del modelo energético.

5) Control del sistema financiero para evitar la introducción de capitales parasitarios y la fuga de capitales.

6) Modificación de la carta orgánica del Banco Central para el desarrollo productivo interno.

7) Prohibición de contraer deuda con capitalistas con finalidades netamente financieras.

8) Retiro de la Argentina del FMI.

9) Control de las empresas que inciden en la macroeconomía, imposibilitando a la burguesía cipaya determinar las políticas estatales

Para esto es imprescindible superar la vacancia que existe en Argentina de una fuerza política y social con un carácter de izquierda, antiimperialista y socialista que ponga en consideración ante el pueblo argentino las premisas programáticas mínima pero fundamentales que aquí se señalan, a fin de lograr una capacidad de desarrollar un nuevo bloque histórico que, con centralidad en la clase obrera, esté praparado para articular a los pobres del campo y la ciudad, y que en consecuencia, pueda resolver los problemas principales del país en beneficio de los sectores populares.

*En la historia contemporánea de la deuda pública que se inicia en la última dictadura militar, en un salto cuantitativo en el volumen y cualitativo en el sometimiento político, la composición en cuanto a los tenedores de bonos, fue cambiando en relación a la forma del propio desarrollo del capitalismo mundial.

Cuando se inicia el ciclo de endeudamiento los grandes acreedores externos eran los bancos (sindicalizados), el FMI y el Banco Mundial como organismos multilaterales de créditos. En la década de los ‘90 la naturaleza de los tenedores de bonos fue cambiando con la aparición de los grandes capitalistas globales y los fondos comunes de inversión, por lo cual diversificaron la cantidad de actores y complicaron las negociaciones en los momentos de distrés o crisis de deuda.

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