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martes, diciembre 1, 2020

Sobre el 103 aniversario de la Revolución de Octubre

Por Pável Blanco Cabrera, Primer Secretario del CC del Partido Comunista Mexicano

La Gran Revolución Socialista de Octubre es vigente, y lo decimos en 2020, puesto que indica un camino y las tareas de la clase obrera para poner fin a la explotación, y emanciparse, emancipando simultáneamente a la humanidad.

Su impacto mundial es incuestionable, y la influencia positiva llevó a los trabajadores de todos los países a niveles superiores de organización y consciencia. En América Latina lo más avanzado del proletariado apoyó la proeza de sus hermanos de clase en la URSS, y además forjó partidos comunistas para luchar por el socialismo.

En esos primeros años de construcción socialista y de avance del movimiento obrero revolucionario surgió en el movimiento comunista latinoamericano una polémica que se proyecta hasta nuestros días, y que es enriquecedora para el análisis de la lucha de clases contemporánea.

Desde las páginas de El Machete –el periódico fundado por Siqueiros y Diego Rivera, adoptado como órgano del CC del PCM- quien en ese momento era parte del CC de la sección mexicana de la Internacional Comunista, y que ocuparía por un tiempo la secretaría general, Julio Antonio Mella, crítico las posiciones del aprismo de Haya de la Torre, que proponía un modelo político de alianza de la clase obrera y la burguesía, como el Kuomintang, y un camino intermedio entre el socialismo y el capitalismo. Los argumentos de Mella contra el APRA fueron contundentes. También criticaría esa posición política el dirigente de los comunistas peruanos, José Carlos Mariategui. Tal deslinde se proyecta a nuestros días, aclarando debates sobre el rol del progresismo, que provoca confusiones y retrocesos en el proceso revolucionario continental.

Y es que la Gran Revolución Socialista de Octubre demuestra la madurez universal para la construcción de la nueva sociedad. En los primeros días del triunfo bolchevique se desató la artillería del imperialismo en su contra, la intervención contrarrevolucionaria de varios países capitalistas contra el poder soviético, pero también la artillería ideológica del oportunismo, y en primer lugar de Karl Kautsky, quien se refería a la “anormalidad” de la Revolución Socialista. Lenin, en primer lugar, pero también la Internacional Comunista desmontaron los argumentos del renegado, pero en los años 90, como una explicación al derrocamiento temporal de la construcción socialista en la URSS hubo quienes diciéndose comunistas asumieron las posiciones kautskianas, estableciendo con inexactitud qué no estaban maduras las condiciones para el socialismo y que ese hecho condenaba al poder obrero a la derrota. Por supuesto voy a dejar de lado las posiciones ignorantes que incluso afirman que Rusia era un país feudal –cuando Lenin ya en la última década del siglo XIX en El desarrollo del capitalismo en Rusia demuestra cómo se han impuesto en ese país las relaciones capitalistas- pero si es importante refutar la idea de la inviabilidad del socialismo, pues precisamente los estudios económicos de Lenin que abarcan la transformación del capitalismo de la libre concurrencia al capitalismo monopolista establecen la madurez de las condiciones para el socialismo, y no solo para Rusia, sino como una característica de la época. El argumento de Kautsky se repite en la “sensatez” de los oportunistas de hoy: no están maduras las condiciones para el socialismo aquí por subdesarrollo, allá por el superdesarrollo, y por ello hay que seguir buscando alternativas que no son sino gestiones que buscan el embellecimiento del capitalismo, y además le llaman “socialismo”. Pero ese “socialismo” preserva la maquinaria estatal burguesa, deja intactas las relaciones de producción capitalistas, así como hemos visto los últimos 20 años con el “socialismo del siglo XXI”, también nombrado progresismo o postcapitalismo.

En cambio la Revolución de Octubre nos muestra las características generales del mundo nuevo: socialización de los medios de producción concentrados, planificación central y científica de la economía, poder obrero, control obrero. Por cierto, en 20 años, de 1917 a 1937, la URSS dio pasos agigantados en la economía y el progreso social, que resisten cualquier prueba o crítica e ilustran la superioridad del socialismo sobre el capitalismo.

Cuando decimos que nuestro camino es el de la Revolución de Octubre, con Mella y Mariategui estamos refutando las nuevas vestimentas de aquel aprismo y también las ideas kautskistas.

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